TEMA 97.
RINOPLASTIA PRIMARIA Y SECUNDARIA
José María
Lasso Vázquez. Residente de 5º año. Clínica Universitaria de Navarra
(Pamplona)
Antonio Bazán
Álvarez. Jefe de Servicio. Clínica
Universitaria de Navarra (Pamplona)
José María
Palacín. Práctica privada. Clínica Teknom
(Barcelona)
INTRODUCCIÓN
La cirugía estética de la nariz,
también conocida como rinoplastia (RP), está enfocada para mejorar la forma,
el tamaño y la apariencia general de la nariz. El objetivo del cirujano es
conseguir una nariz de aspecto natural que ofrezca un balance armónico con el
resto de las estructuras faciales. Hoy día las técnicas son más conservadoras
que antaño y es posible utilizar varías vías de acceso de las estructuras
nasales.
Normalmente se recomienda a los
pacientes que esperen al menos hasta los 14 ó 15 años, e incluso posiblemente
algunos años más en el caso de los varones, antes de ser intervenidos. La
razón no es otra que la falta de desarrollo de la nariz en edades tempranas.
No hay límite edad en el adulto
para ser intervenido de rinoplastia siempre que no exista una contraindicación
anestésica, además, la rinoplastia se realiza en ocasiones junto a un lifting
facial o junto a otro tipo de procedimientos de rejuvenecimiento facial.
En muchos casos los problemas de
ventilación nasal pueden ser corregidos al mismo tiempo que se realiza la
corrección de la forma.
Entre las indicaciones principales
para ser intervenido de rinoplastia destacan:
-
La nariz aparenta ser demasiado
larga para la cara.
-
Cuando se observa una giba en el
dorso nasal de perfil.
-
El aspecto de la misma es
demasiado ancha en la visión frontal.
-
La punta nasal tiene aspecto de
estar caída.
-
La punta nasal es gruesa o ancha.
-
Las narinas son muy anchas.
-
La nariz no está centrada en la
cara o su silueta está quebrada.
-
La nariz aparenta ser demasiado
corta para la cara.
-
Una herida o traumatismo previo
han alterado la morfología nasal.
ANATOMÍA QUIRÚRGICA DE LA NARIZ
Esqueleto óseo
La bóveda ósea constituye la parte
más sólida de la pirámide nasal. Asegura el soporte del tercio medio
cartilaginoso. Se asemeja a un paralelepípedo con base trapezoidal, con una
cara superior o cefálica situada a nivel de la raíz nasal y una porción caudal
a mitad de la altura de la pirámide nasal que corresponde a la parte superior
de la apertura piriforme. Está separada de la glabela frontal por una
depresión nasofrontal que influye en el hecho de que la giba nasal sea más o
menos aparente. Las ramas ascendentes de los maxilares, cóncavas hacia arriba
y convexas hacia abajo, se articulan con los huesos propios. Sus bordes
posteriores forman la cresta lacrimal anterior, en la que se insertan las
fibras anteriores del ligamento cantal interno.
La longitud de los huesos propios nasales y la oblicuidad de su borde inferior
son variables y normalmente una apertura piriforme ancha suele corresponderse
con unos huesos propios cortos.
Esqueleto cartilaginoso
Los cartílagos triangulares están
firmemente unidos a la porción interna del borde inferior de los huesos
propios por una conexión ajustada a modo de teja. Constituyen el soporte del
tercio medio de la pirámide nasal gracias a su unión
con los huesos propios y con el borde anterior del tabique. La parte inferior
del cartílago triangular está plegada en su porción externa y su borde
inferior constituye, con los tejidos blandos que lo unen al orificio piriforme,
el límite lateral de la válvula nasal. Existe una estrechez relativa del
saliente cartilaginoso en la región valvular cuyo borde anterior forma un
ángulo aproximado de 15 °.
La tendencia a un cierto grado de
colapso la compensa la vuelta en “J” del borde inferior del cartílago
triangular, el juego de los músculos dilatadores que se insertan en los
cartílagos alares y triangulares y que además tienen un papel activo en la
apertura de la válvula y la convexidad de los pilares laterales, puesto que el
borde inferior de los cartílagos triangulares suele ser cóncavo.
La unión del cartílago triangular con el pilar lateral se hace por láminas
cartilaginosas, cuyo eje mayor es paralelo al borde inferior del cartílago y
que están encerradas en una vaina pericondral común. La desinserción de los
mismos respecto de los huesos propios o su sección del tabique pueden ser
responsables del aspecto en V invertida que se observa en algunas narices
operadas.
Los cartílagos alares juegan un
papel importante para definir la estética de la punta nasal e influyen en la
función de la válvula interna. Están constituidos por un pilar medial, un
pilar lateral y una porción intermedia (crus lateral, medial o mesial e
intermedio). El pilar intermedio corresponde a la porción situada dentro del
segmento subapical de la punta. Los pilares intermedios forman un ángulo de
rotación que permite valorar el giro de la punta y corresponde al ángulo
colmuelo apical observado en el borde inferior de la colmuela. Los pilares
mediales, cuando son observados desde una proyección caudal van adosados,
hasta que divergen hacia delante en el vértice de los orificios nasales, donde
se convierten en pilares intermedios. Esta separación constituye el ángulo de
divergencia.
Septum cartilaginoso
Se trata de la prolongación
cartilaginosa de la lámina perpendicular del etmoides y del vómer. Su borde
superior se insinúa bajo los huesos propios. La parte media del borde
anterosuperior del septum está engrosada y se prolonga a cada lado de los
cartílagos laterales superiores. La unión de los cartílagos laterales
superiores y de los alares delimita una zona denominada el triángulo blando de
Converse.
Columela
Se extiende desde el lóbulo de la
nariz al labio superior y la constituyen los pilares mediales de los
cartílagos alares, una porción del cartílago septal y la espina nasal
anterior.
EXAMEN CLÍNICO
En el examen clínico es importante
realizar una valoración psicológica del paciente, para darnos cuenta de cuales
son sus deseos y expectativas, apostando por rectificaciones moderadas y
razonables. Los mejores candidatos para la rinoplastia son aquellas personas
que están buscando la “mejoría” de su aspecto, no la “perfección”. Además de
una salud física adecuada, son de vital importancia una estabilidad
psicológica en el paciente y una actitud realista en cuanto a sus
aspiraciones. Los enfermos psiquiátricos y los dismorfofóbicos constituyen una
contraindicación quirúrgica.
Por otro lado es necesario realizar
un estudio exhaustivo del equilibrio y la armonía faciales para integrar
artísticamente la nariz en la cara. La forma, la posición, las dimensiones y
los volúmenes de la frente, los marcos orbitarios, pómulos, labios y mentón
han de examinarse cuidadosamente. Algunas rinoplastias requieren una cirugía
esquelética que puede armonizar al unísono la cara y la nariz.
En el perfil nasal debe valorarse
al nasion, el ángulo nasofrontal, el ángulo nasofacial, la silueta de la
arista, la punta, el complejo columelo-lobular y el ángulo nasolabial.
En la visión frontal hay que evaluar la raíz nasal, el dorso, la punta
(proyección y anchura) y el complejo ala-columelar.
La piel fina y translúcida dejará
mostrar mejor los relieves cartilaginosos, mientras que la piel gruesa suele
ser poco elástica y enmascara las estructuras subyacentes. La palpación y el
pinzamiento entre los dedos permitirá apreciar el grado de grosor de la misma.
El grosor de los tegumentos que recubren la pirámide nasal es primordial para
obtener un resultado estético e incluso funcional correcto. En la raíz nasal
es mayor que en las zonas laterales y la piel llega a ser fina en las crestas
lacrimales. En la parte media la piel se adelgaza para tener un grosor de 2-3
mm.
En la zona supraapical (espacio
limitado por el ángulo de divergencia, bordes superiores de los pilares
laterales y cranealmente limitado por el punto más saliente del dorso
cartilaginoso, con forma de rombo) la piel se hace más gruesa y se adhiere más
a los planos profundos. La rotación de la punta de la nariz, la reducción de
los pilares laterales, el retroceso del dorso nasal y el estrechamiento de la
bóveda ósea van a dar lugar a un exceso de piel en este lugar por disminución
de los ejes del rombo apical.
Los mecanismos de soporte de la
punta nasal lo constituyen principalmente los pilares laterales y mediales. Ha
de evaluarse la dimensión, talla forma, resistencia y elasticidad de los
mismos. Por palpación se nota la diferencia entre una punta que tiene un buen
sostén y resistencia, de otra con un soporte inadecuado.
Otros elementos que forman parte
del soporte son la existencia de una giba cartilaginosa que actúe como puntal
de la tienda de campaña, el tabique membranoso que separa la colmuela del
tabique nasal, la espina nasal, posibles adherencias de los cartílagos a la
piel y adherencias del borde inferior del cartílago triangular al borde
superior del alar.
Con el examen endoscópico nasal se
estudia la morfología del tabique nasal, la forma y el volumen de los
cornetes. Debe apreciarse especialmente una desviación del cartílago septal,
pues puede ser responsable de la asimetría nasal.
La toma de fotografías ha de ser un
método habitual tanto para el estudio preoperatorio como para el momento de
realizar la intervención, por ello han de estar visibles para el cirujano en
todo momento. Han de tomarse proyecciones de frente, de perfil (ambos
perfiles) y oblicuas. También es importante tomar una proyección caudal para
valorar la forma de las ventanas nasales, el aplastamiento de las alas y la
proyección colmuelo-apical.
Las telerradiografías con rayos
blandos o las xerografías complementan la información de las partes blandas.
La telerradiografía es interesante cuando existen deformidades importantes, o
ante ciertas rinoplastias secundarias o difíciles y cuando se asocian
anomalías asociadas del mentón o bien se proyecta colocar injertos óseos.
En los últimos años han tomado cada
vez más importancia el tratamiento de las imágenes por ordenador. Con esta
tecnología podemos realizar modificaciones previas a la cirugía en las
fotografías de los pacientes; pero debe ser utilizada con cautela, procurando
no dar falsas expectativas a los pacientes, ni prometer resultados que en la
pantalla pueden parecer prometedores.
POSICIÓN DEL PACIENTE Y DEMARCACIÓN DE LAS ESTRUCTURAS NASALES
El paciente ha de estar colocado en
una mesa quirúrgica, en posición de 20-30 ° en anti-Trendelemburg, con la
cabeza hacia atrás, con el fin de que el plano de Francfort sea perpendicular
a la horizontal de la mesa. La cabeza ha de quedar estable con un apoyo. La
anestesia empleada suele asociar anestesia general con anestésicos locales
para infiltrar la nariz. Muchas rinoplastias, especialmente las que no se
asocian a septoplastias y tienen un cometido estético, se realizan bajo
anestesia local y sedación. Es recomendable realizar un taponamiento faríngeo,
con gasas humedecidas con suero salino.
Se recomienda realizar un marcaje
preoperatorio de las estructuras anatómicas de la nariz, con el fin de
facilitar el acto quirúrgico. Es imprescindible realizar una palpación de las
estructuras cartilaginosas y óseas (según Aufricht, sentir la nariz y
transmitir esa sensación a nuestros dedos).
Es útil demarcar los bordes de los
cartílagos alares mayores y los márgenes caudales de los huesos nasales, del
hueso maxilar y la línea del canto interno. También es recomendable marcar la
línea media y delimitar la zona tejido ósteo-cartilaginoso que vamos a rebajar
del dorso nasal. Marcaremos la incisión transcolumelar si se realiza un
abordaje abierto.

Fig 1. Instrumental
básico para la realización de una rinoseptoplastia
ANESTESIA
Una vez que se ha realizado la
anestesia general o la sedación del paciente, se procede a realizar la
infiltración de las estructuras nasales con anestésico local. Es importante no
realizar una gran distorsión del aspecto de la nariz cuando se procede a
infiltrar los tejidos. La intención con dicho procedimiento es realizar un
bloqueo regional circunferencial que interrumpa todos las ramas nerviosas que
van a la punta nasal y al dorso. Normalmente preferimos emplear en este caso
lidocaína al 1 %, con adrenalina.
Se procede a realizar en primer
lugar un bloqueo extranasal, con infiltración del orifico infraorbitario y a
continuación se desplaza la aguja caudalmente para infiltrar el ala nasal. Se
infiltran los nervios supraorbitarios y supratrocleares, con introducción
horizontal de la aguja, entre las cejas.
El bloqueo intranasal se realiza
con una inyección de la zona de la fosa piriforme. Después se infiltra la
línea intercartilaginosa y la espina nasal. La infiltración del septum debe
procurar la introducción del anestésico bajo los huesos nasales y bajo la
mucosa nasal.
Algunos cirujanos gustan de
introducir una mecha de gasas dentro de las fosas nasales, impregnadas con una
solución de cocaína al 4 % (4 ml), para producir una vasoconstricción y una
anestesia de la mucosa nasal.

Fig 2. Infiltración
del septo nasal previo a la realización de las incisiones de abordaje
INCISIONES y ABORDAJE
Se emplean distintas incisiones a
la hora de realizar la rinoplastia, en función de la indicación quirúrgica
específica para ese caso y también, en función de la preferencia individual de
cada cirujano. En general se admiten 6 tipos de incisiones a la hora de
realizar una rinoplastia: transcolumelar, intercartilaginosa,
infracartilaginosas, transcartilaginosa y transfixiante. En la siguiente tabla
(tabla I) se especifica la localización de las más utilizadas, junto a su
aplicación práctica.
INCISIÓN
|
LOCALIZACIÓN |
INDICACIÓN |
|
TRANSCOLUMELAR |
Sobre la piel de los pilares mediales,
quebrada en escalón o en V. En el punto más estrecho de la columela |
Rinoplastia
abierta
Acceso a los
pilares mediales |
|
INTERCARTILAGINOSA
(marginal) |
Siguiendo el borde medial del
cartílago lateral y por delante del borde cefálico del cartílago alar
lateral
|
Acceso al dorso
nasal
Resección
cefálica del cartílago alar por eversión en RP cerrada
Corrección de
los cartílagos alares o laterales con injertos |
|
INFRACARTILAGINOSA |
Siguiendo el
borde caudal del pilar lateral del cartílago alar, hasta el ápex de la
narina y adyacente al borde caudal del pilar medio y medial a lo largo del
margen de la colmuela
Puede unirse a
la incisión transcolumelar para la RP abierta |
RP abierta
Exposición del
cartílago alar en la rinoplastia cerrada
Exposición del
cartílago alar para corrección de deformidades secundarias o colocación de
injertos |
|
TRANSCARTILAGINOSA |
Por la mucosa y el pilar lateral,
entre los bordes cefálicos y caudales del pilar lateral |
RP cerrada
sin deformación de la porción caudal del pilar lateral y se proyecta
resecar parte del alar.
Alternativa a la intercartilaginosa |
|
TRANSFIXIANTE |
Siguiendo el borde caudal del septo
desde el ángulo septal a la espina nasal |
Corrección del
septo
Acceso al septo
caudal o a la espina nasal |
Tabla 1. Incisiones e
indicación para el abordaje en la realización de una rinoseptoplastia.
ESQUELETONIZACIÓN
Por la esqueletonización se obtiene
la exposición del esqueleto osteocartilaginoso de la nariz mediante la
elevación de los tejidos blandos. Este hecho supone un factor fundamental para
realizar modificaciones en la arquitectura nasal. Los traumatismos que podamos
producir en el envoltorio del esqueleto podrían perjudicar los resultados de
la rinoseptoplastia.
El traumatismo puede producir un
sangrado que dificulte la visibilidad y perjudique la evaluación de las
estructuras anatómicas y como consecuencia las maniobras quirúrgicas. Cuanto
mayor sea el traumatismo y el sangrado, mayor será la formación de tejido
cicatricial. El despegamiento de los tejidos blandos si no se realiza
correctamente, puede dificultar la readaptación de los mismos al esqueleto
osteocartilaginoso. En las rinoplastias cerradas, uno de los principios que se
debe respetar es el despegar únicamente las zonas que van a ser tratadas sin
tocar las inserciones del resto de los tejidos blandos al esqueleto.
El adelgazamiento de los tejidos
blandos en la punta nasal para definir mejor los cambios que realicemos en la
misma es una maniobra peligrosa que puede acarrear consecuencias irreparables.
El despegamiento de estos tejidos por un plano inmediatamente superior al
esqueleto produce menos sangrado y es menos traumático, independientemente de
la extensión del despegamiento. En este sentido, es importante realizar un
despegamiento simétrico de los tejidos blandos.
Para el abordaje abierto, se
realiza en primer lugar la incisión vestibular y columelar según se ha
explicado previamente. Después de realizar la incisión transcolumelar, se
identifican los vasos columelares si no han sido previamente seccionados de
antemano, procedemos a coagularlos. Si se realiza una separación con tijera
bajo la piel columelar es más fácil identificarlos. Posteriormente se
identifican los pilares mediales y se prosigue la disección en sentido craneal
hasta contactar con la incisión vestibular. Se levanta todo el tejido blando
en bloque, manipulándolo con un gancho o con una erina, procurando no dañarlo
en ningún momento. Cuando nos aproximamos a los domos, continuamos la
disección por encima de los mismos y la prolongamos por encima de los pilares
laterales de los cartílagos alares, para exponerlos.
Para visualizar el dorso, tenemos que realizar la disección por encima de los
cartílagos laterales y de los huesos nasales. Es útil emplear el separador
modificado de Aufricht, para obtener así una exposición de la raíz.
Es conveniente preservar las
uniones entre los pilares mediales, ya que permiten una adecuada movilidad y
son importantes a la hora de colocar un injerto en la punta nasal.
SEPTOPLASTIA
La cirugía del tabique nasal está
ligada íntimamente a la realización de la rinoplastia, puesto que las
malformaciones y las deformidades del mismo podrían influir en la arquitectura
de las estructuras adyacentes. El tratamiento del tabique nasal pretende
cumplir dos objetivos primordiales: en primer lugar corregir la posible
obstrucción de las fosas nasales y en segundo, extirpar un segmento del septo
que pueda utilizarse como injerto posteriormente.
Para efectuar un abordaje del
septo, lo más común es realizar una retracción de la columela para realizar
una incisión transfixiante de la porción caudal del mismo con un bisturí del
15. En algunos casos es necesario realizar una exposición de la espina nasal.
Dicha incisión se extiende desde el ángulo nasal anterior, al posterior y
permite un abordaje de la totalidad del septo incluyendo la porción posterior.
A continuación se realiza una
incisión en el pericondrio para proseguir con una disección bajo el mismo, a
lo largo del septo nasal, procurando no extenderse hacia la porción alta del
tabique. Es importante respetar la zona próxima a la lámina cribosa y al
neuroepitelio. En la región posterior, la disección puede extenderse más y en
la porción inferior es recomendable detenerse a la altura de la cresta
condrovomeriana, donde la mucosa es fina, más transparente y está más tensa.
El mismo procedimiento ha de realizarse en la otra cara del septo nasal. En
este momento se podrían efectuar incisiones en cuña del septo en el ángulo
septal posterior para disminuir el ángulo nasolabial o bien el ángulo nasal
anterior, para rotar la punta. Es necesario asegurarse de que la disección se
esta llevando a cabo en el plano subpericóndrico. Si encontramos sangrado,
probablemente estemos actuando por encima del pericondrio.
El abordaje por vía externa está
indicado en casos de desviación del borde anterior y cuando se realiza una
intervención septal secundaria, o se han producido bridas cicatriciales que
han cerrado el camino a un abordaje desde los orificios nasales. Una vez
expuesto el esqueleto cartilaginoso, se realiza una separación por tracción
con erinas de los cartílagos alares mayores. Se localiza el septo y se procede
a identificar el plano subcondral.
Para realizar la resección del
septo, es preciso desarticularlo de las inserciones en el hueso, sin resecar
la inserción del dorso en el septo óseo. Conviene preservar al menos 15 mm de
cartilago en el dorso y en la porción caudal para que no se hundan el mismo ni
la punta nasal. La porción resecada hay que conservarla para emplearla como
donante de injertos si fuera necesario. Para extraerla podemos emplear una
pinza sin dientes, con la que presar el cartílago y con movimientos prudentes
y suaves, lo extirpamos en bloque. El cartílago suele ser más grueso en la
porción más interna y más baja.
Con el cartílago extraído se pueden
tallar dos fragmentos para colocarlos a modo de injertos intercalares o de
expansión (“spreader grafts”), que suelen dar más apertura a la válvula nasal
y evitan así el colapso. Estos injertos han de suturarse al dorso
cartilaginoso, por dentro de los cartílagos triangulares. Parte de ellos ha de
quedar alojada en el dorso óseo. Cuando su longitud es excesiva pueden hacer
una impronta en la mucosa nasal, hacia el vestíbulo, así como en la línea del
dorso nasal. El vómer puede extraerse por separado con la ayuda de una tijera
en forma de bayoneta o con una gubia. Es importante destacar que este hueso
podría utilizarse también como injerto.
Un desgarro de la mucosa unilateral
no suele tener repercusiones negativas, sin embargo, si es bilateral es
preciso suturar al menos uno de los lados o bien recolocar cuidadosamente los
colgajos, procurando realizar un taponamiento que afronte bien las zonas
comprometidas, sin que queden orificios que comuniquen las fosas nasales.
Cuando se pretende abordar una zona
menos extensa, podemos emplear la incisión de Killian, que consiste en
realizar un corte sobre la propia mucosa nasal, de trayecto oblícuo, a unos
10-15 mm del borde caudal del septo. Como vías de acceso alternativas, existen
la intrabucal, por disección del suelo de las fosas nasales, con la finalidad
de tratar el pie óseo y por último, el abordaje por vía externa.
CIRUGÍA DE LA PUNTA NASAL
Los objetivos de la cirugía de la
punta nasal son obtener una proyección satisfactoria, por reducción o aumento,
después de tratar los cartílagos o mediante la aplicación de injertos. También
se podría modificar la forma de los cartílagos alares por medio de su
resección parcial, suturándolos o haciendo incisiones sobre ellos. Hay autores
que recomiendan realizar el tratamiento de la punta nasal antes de proceder a
rebajar el dorso si fuese necesario, y argumentan que de esta forma, la
reducción del dorso se efectúa en función de la nueva proyección de la punta
nasal. En cualquier caso, es importante obtener una simetría en las
dimensiones de las estructuras de la punta nasal, ya que cuanto mayor sea
ésta, mayor será la simetría externa.
Elevación
de la punta nasal
Si la nariz es muy larga, la
columela ha de acortarse desde la espina nasal hacia el ángulo septal. Si la
longitud de la nariz es aceptable, pero la punta desciende con la sonrisa, lo
recomendable es elevar el tercio externo de la colmuela o aplicar los
conceptos de rinoplastia dinámica. Si la espina nasal es muy prominente se
puede reducir con una raspa o con la ayuda de una gubia, pero hay que tener
cuidado de no resecarla en exceso pues se produciría un receso del ángulo
nasolabial.
Es conveniente tener en cuenta la
longitud del labio superior antes de acortar la columela, pues podría
acentuarse la longitud del labio cuando éste se acorta en exceso. Al elevar la
punta nasal se intenta crear una línea recta desde la espina nasal hasta el
nuevo ángulo septal. En algunos pacientes esta línea recta podría producir un
efecto de cierto “ocultamiento” de la colmuela. En esos casos debería trazarse
el corte quebrado, en tres segmentos, para darle una forma convexa al septo en
su porción anterior con el fin de darle un contorno más notable a la misma.
Así el tercio externo es el que elevará la punta nasal.
Algunos cirujanos proponen que la
incisión transcartilaginosa no ha de conectarse con la incisión transfixiante
de los cartílagos alares, para prevenir de este modo la formación de una
cicatriz que en algunos casos tiende a ser recta con una contractura. La
incisión transcartilaginosa ha de separar la colmuela membranosa del borde
caudal del septum. El cartílago una vez expuesto es seccionado con un bisturí
desde la espina nasal hasta el ángulo nasal. Se recomienda que la línea de
incisión produzca un ángulo ligeramente obtuso.
Injerto “onlay” de la punta nasal
Se utilizan para aumentar la
proyección de la punta nasal y para cambiar el contorno de la misma. También
pueden ser utilizados para corregir asimetrías de la punta. Han de evitarse en
aquellos pacientes que tienen una piel nasal muy fina.
La anchura ha de oscilar entre 8 y
12 mm. La longitud entre 8 y 15 mm y el grosor entre 1 y 3 mm. El injerto es
más grueso en el borde alto y más estrecho en la base. Se sutura a los
márgenes caudales de los pilares mediales o intermedios después de que hayan
sido estabilizados con injertos interdómicos de la columela. Lo recomendable
es emplear suturas de PDS o de Nylon y es conveniente colocar en primer lugar
las suturas de la base.
Si el injerto de la punta se ha
colocado en un paciente en el que se ha realizado una sección de los domos con
resuturado de los mismos, el margen caudal de los domos debería esconderse
detrás del injerto, para disminuir el riesgo de un punto palpable o visible.
Dos tipos de injerto “onlay” para la punta nasal son los de Sheen y Tessier.
El injerto de Sheen es una variante
que tiene forma de corazón o de trapecio y se desliza por delante de los
pilares intermedios.
Mientras que el injerto de Tessier
se denomina en alas de golondrina o en flor de lis por su aspecto.

Fig 3. Injertos
cartilaginosos procedentes del septo nasal, preparados para ser tallados

Fig 4. Injerto
“onlay” de la punta nasal
Colocación de un injerto en la columela
La colocación de este tipo de
injertos mejora el soporte de la punta nasal y puede dar un aspecto más
satisfactorio a la proyección de la misma. También puede usarse para corregir
una anomalía de los pilares mediales. Puede ser colocado por abordaje externo
o interno. En el abordaje externo es necesario crear un bolsillo entre los
pilares. El injerto ha de medir normalmente entre 8-12 mm de largo, por 3-4 de
ancho y 1-2 de grosor. Puede ser extraído del propio septo o bien de otras
zonas donantes de cartílago, como la concha auricular o las costillas. Al
colocarlo es preferible dejar un remanente de tejidos blandos entre la espina
nasal y el injerto. No debería extenderse por encima del pilar intermedio.
En la rinoplastia cerrada, se
realiza una incisión vestibular y transcrural. Se introduce el injerto y se
manipula hasta alojarlo en la posición deseada. Se utilizan suturas
transfixiantes para fijarlo.
Una alternativa para dar más proyección a la punta es utilizar un injerto en
paraguas.
Se trata de una técnica habitual en
el tratamiento de la punta nasal mediante la colocación de un injerto en forma
de “T”. Algunos autores realizan el tallado del injerto con concha auricular
para constituir el vástago y cartílago nasal para el sombrero. El injerto ha
de colocarse en un bolsillo entre los pilares mediales. La porción más alta
del mismo ha de recortarse en ocasiones, para darle forma al ángulo nasal
anterior. Si se dejase como único constituyente de la punta, crearía una
impronta en la piel, con forma puntiaguda, que a la larga podría causar una
úlcera de presión, por ello es necesario colocar en su porción más alta un
injerto “onlay”, perpendicular al mismo, para darle el aspecto de paraguas.
Las indicaciones para este tipo de injertos son:
-
Pérdida de proyección de la punta
nasal tras una realización una rinoplastia.
-
Pérdida de proyección de la punta
después de perder el soporte septal.
-
Punta con piel gruesa, punta
amorfa.
-
Acortamiento congénito de la
punta nasal.
-
Punta nasal caída.
Reducción de los cartílagos alares mayores
Se realiza fundamentalmente para
tratar puntas nasales de aspecto globuloso, o con asimetrías inestéticas.
Durante el acto quirúrgico, se escinde la porción cefálica del pilar lateral
del cartílago alar mayor, sin olvidar que tenemos de respetar al menos 7-9 mm
de este cartílago. La resección media del cartílago alar mayor es de 5 mm.
Esto hace que quede una banda de tejido cartilaginoso suficiente para producir
un estrechamiento conservador de la punta nasal. Para definir la prolongación
lateral del cartílago, se define una marca a 12 mm desde el domo. Un error muy
común es resecar el cartílago hacia la porción lateral en exceso, esto
debilita al remanente de cartílago y puede originar una depresión lateral muy
notable o bien una retracción cefálica.
Tratamiento del cartílago alar lateral (overlay)
Cuando necesitamos rebajar la
proyección del pilar lateral del cartílago alar mayor, se puede efectuar una
incisión del pilar lateral, por fuera de los domos y una recolocación
posterior de los bordes a modo de solapa (uno por encima del otro), con la
ayuda de puntos de sutura. Cuando se efectúa esta maniobra hay que tratar de
conservar la simetría de los cartílagos. Se utilizarán suturas para manterner
la aposición de los bordes del cartílago alar.
Estrechamiento de la base nasal
Si al descender la punta nasal se
ensancha la base nasal o bien el paciente presenta una base ensanchada de por
si, se puede realizar la técnica de Weir. La incisión inferior ha de centrarse
en el pliegue alar para seguir un trayecto curvo hasta el borde de la narina.
La incisión superior se emplazará en función de la cantidad de tejido que se
desee resecar. A continuación se extirpa una cuña de tejido. No debe abordarse
la piel vestibular. Aunque parece lógico tener que resecar piel de la zona
vestibular para prevenir la aparición de una oreja de perro; en principio este
exceso de piel ayuda a evitar un estrechamiento del pilar alar.
CIRUGÍA DEL DORSO NASAL
Normalmente cuando un paciente se
presenta en la consulta para que se le realice un tratamiento del dorso nasal,
lo que nos pide es que se reseque en la medida de lo posible el exceso del
mismo. Aunque en este capítulo nos centraremos en explicar la cirugía de
reducción del dorso nasal, en ocasiones lo que se demanda es una reposición
del mismo, sobre todo en rinoplastias secundarias. Lo que el cirujano ha de
procurar en primer lugar, es obtener una exposición de la zona dorsal de la
pirámide nasal. Para ello, se realiza el despegamiento de la piel del dorso
con tijeras curvas de Joseph para crear así un bolsillo sobre la misma. Es
recomendable que el bolsillo se extienda lateralmente hasta la zona de dorso
que se va a resecar. La finalidad de esta maniobra es facilitar la reposición
del tejido blando sobre el esqueleto nasal lo antes posible. Algunos autores
proponen que no es necesario elevar el periostio en el tratamiento del dorso.
La resección del dorso puede
efectuarse de dos formas distintas, bien por medio de un osteotomo, o bien
mediante un legrado controlado.
La resección en bloque del dorso
osteocartilaginoso en una única maniobra, empleando para ello un osteotomo es
una técnica que proporciona buenos resultados, aunque quizá puede ser
peligrosa para un cirujano principiante. Con esta técnica conviene ser
conservador a la hora de realizar la resección de los tejidos, puesto que se
puede realizar una extirpación excesiva del dorso. Es recomendable realizar
pequeños golpes por pares en el osteotomo procurando hacer avances
controlados. El cirujano inexperto debería realizar un marcaje cutáneo de la
porción de dorso que desea resecar. Si no se tiene mucha pericia con el
osteotomo, podemos utilizar una raspa con la cual es más fácil controlar el
exceso de resección. El osteotomo es imprescindible para resecar el rádix
cuando está sobreelevado.
Cuando se haya efectuado la
resección del dorso es necesario afinar con retoques la zona cartilaginosa e
incluso se hace necesario en ocasiones, recortar las porciones sobrantes de
los cartílagos triangulares.
Es importante preservar el
mucopericondrio de los cartílagos laterales puesto que proporcionan un soporte
considerable a los mismos y disminuyen el riesgo de colapso inferomedial, que
dejan como secuela una deformidad de V invertida. Los márgenes óseos deben ser
pulidos con una legra y hay que procurar que no quede ningún resalte óseo.
La otra opción para el tratamiento
del dorso es el raspado del mismo, fundamentalmente de la porcion ósea. Con
esta técnica podemos ir realizando una resección controlada, hasta obtener la
forma deseada. A continuación es necesario afinar el acabado del dorso con la
ayuda de una tijera recta, para resecar las porciones más craneales de los
cartílagos triangulares y retirar los pequeños fragmentos del hueso legrado.
Hay cirujanos que utilizan para pulir estas zonas la legra reciprocante.
En el abordaje externo se debe
realizar un despegamiento de las porciones superiores de los cartílagos
triangulares en sus inserciones al septo, para crear así un colgajo de
mucopericondrio. La disección ha de realizarse desde el ángulo septal hasta la
unión con el marco óseo.
Esta vía no ofrece un interés especial en cuanto a la resección y extracción
de la giba, salvo en los casos con orificios nasales pequeños y estrechos. En
tales casos, la ventaja estriba en proporcionar una mayor precisión en la
rebaja del dorso cartilaginoso y en la colocación del osteotomo en el borde
inferior de los huesos propios.
No podemos olvidar la posibilidad
de dejar como secuela una impronta no deseable del septo nasal, por encima de
la punta, también conocida como “supratip”. Suele darse en pacientes en los
que se ha resecado en exceso el dorso nasal en la mitad superior, sin efectuar
un tratamiento armónico del dorso cartilaginoso.

Fig
5. Injertos de expansión situados en el dorso cartilaginoso. A- Vista general;
B- Detalle
OSTEOTOMÍAS
Según la localización, las
osteotomías se clasifican como mediales o laterales. Se recurre a ellas para
amoldar el marco óseo a la nueva estructura nasal. Las indicaciones
fundamentales para realizar las osteotomías dependen de la agresividad del
acto quirúrgico, por ello, cuanto más conservadora sea la intervención, menos
indicada estará la osteotomía. La colocación de injertos sobre el dorso nasal
produce un efecto que disimula la apertura de la pirámide nasal cuando se
reseca el dorso, lo cual reduce la necesidad de practicarlas.
Cuando hay una desviación de
pirámide ósea y es necesario reponer las láminas laterales o cuando hay que
modificar la anchura de la bóveda ósea se hace necesario practicarlas. No
obstante, se recomienda no modificar la anchura de la raíz nasal. Después de
la resección de la giba osteocartilaginosa, cuando se pasa el pulpejo del dedo
sobre el dorso entre las dos láminas óseas laterales podemos explorar y
descubrir la existencia de una deformidad en “techo abierto”.
Las osteotomías laterales han de realizarse tras marcar previamente sobre la
piel las zonas que queremos fracturar. Éstas se efectúan desde el punto más
lateral de la apertura piriforme hasta un punto medial al canto interno del
ojo. En la práctica se trata de un punto a 3-4 mm por encima de la base de la
apertura piriforme y adyacente a la cabeza de la concha inferior. Algunos
cirujanos prefieren crear previamente un túnel subperióstico a lo largo del
trayecto de la línea de osteotomía. El corte se ha de ir controlando con los
dedos de la mano no dominante. Conforme avanzamos, tenemos que ir desviando el
corte cefálicamente hacia el punto elegido en la proximidad del canto interno.
Como la rinoplastia no es una sucesión de tiempos quirúrgicos estereotipados,
la osteotomía lateral no es siempre necesaria en cada intervención. Lo
recomendable es realizarlas al final del acto quirúrgico, pues se trata de un
tiempo operatorio más hemorrágico, que podría acarrear dificultades cuando se
realicen maniobras operatorias más delicadas.
La osteotomía lateral clásica se
inicia en la apertura piriforme y permaneciendo baja, remonta hacia la zona
ósea densa de la raíz por delante de la cresta lagrimal anterior. Se continúa
con una osteotomía mediana y con una resección de los fondos de saco óseos.
Con ella se pretende estrechar los huesos propios para producir un ligero
estrechamiento de la raíz nasal, aunque tiene el riesgo de efectuarse a
expensas de la continuidad armoniosa de las líneas supraorbitarias y dar lugar
a un aspecto poco natural.
La osteotomía curva ascendente o de
Sheen, se indica en la mayoría de los casos, sobre todo cuando la anchura de
la bóveda ósea a mitad de la altura de la pirámide nasal es más manifiesta que
la anchura de la raíz nasal. La curva de la osteotomía va un poco por debajo
del canto interno y se dirige hacia dentro. De esta forma se consigue un
estrechamiento de la bóveda ósea, con una rotación de los huesos alrededor de
un eje fijo situado a la altura de la línea intercantal que corresponde al
límite inferior de los fondos de saco óseos, lo cual conserva la anchura de la
nariz.
La osteotomía de Tardy se efectúa frente a la cabeza del cornete inferior y se
emplea para evitar un estrechamiento excesivo en la parte inferior del
orificio piriforme.
Se procura realizar una fractura en
tallo verde, aunque algunos autores propugnan que este tipo de fracturas no
son del todo recomendables y han de reservarse para los pacientes de más edad.
Para realizar las osteotomías mediales se introduce un osteotomo fino de 10
mm. en la unión entre el hueso nasal y el septo. Estas no siempre son
necesarias, sobre todo cuando se realizan resecciones amplias del dorso porque
pueden dejar una deformidad en suelo abierto. Por el contrario, no son
necesarias cuando la anchura de la bóveda es moderada y la raíz nasal es más
bien profunda y estrecha.
Es preferible realizarlas antes que
las laterales y tienen por misión debilitar el límite inferior de la zona de
hueso denso. A veces, cuando tratamos un hueso excesivamente convexo, se
pueden realizar osteotomías intermedias, antes de proceder a realizar la
ostetomía lateral.
Las osteotomías externas persiguen
la misma finalidad, mediante traumatismos percutáneos que se completan con
maniobras manuales para fracturar las ramas ascendentes de los maxilares, con
un osteotomo de 1 mm. Con estas maniobras se preserva la integridad de las
mucosas.
VENDAJES
Las incisiones de las mucosas se
cierran con suturas reabsorbibles. Las incisiones cutáneas han de afrontarse
con suturas de monofilamentos de 5 ó 6 ceros. Es conveniente realizar un
taponamiento nasal con gasas mechadas impregnadas en cremas antibióticas o con
férulas semirrígidas recubiertas con sustancias oleosas.
La contención externa se realiza
con una férula nasal de escayola o prediseñada con materiales plásticos, que
se moldean con calor.
Antes es conveniente inmovilizar el
plano cutáneo con bandas adherentes estériles para la pirámide nasal y la
punta nasal. A continuación se coloca la férula, para mantener la nariz en la
posición deseada durante el proceso de consolidación. Hay que evitar un ceñido
en exceso la férula para evitar lo que se denomina “dorso en hoja de cuchillo”
RINOPLASTIA SECUNDARIA
En distintas ocasiones, el cirujano
ha de reintervenir narices que han sido operadas con anterioridad, en las que
el resultado obtenido no ha sido el deseado porque se han producido
alteraciones de la estructura anatómica que afectan negativamente el aspecto
armónico. Otras veces, son los traumatismos nasales o las secuelas de los
mismos, los que obligan a realizar una reintervención, que a priori se antoja
más complicada. En todos estos casos hablamos de rinoplastia secundaria. Hay
autores que clasifican las alteraciones como mayores y menores. Los defectos
menores son los que presentan aquellas narices que han perdido la naturalidad
y parecen artificiales. En ellas, se observan ciertos matices como por ejemplo
un ángulo nasofrontal poco excavado, una nariz muy recortada, un dorso
rebajado en exceso o una punta con una falta de definición llamativa, que
dejan constancia de que se trata de narices operadas. Los defectos mayores son
los que se producen como consecuencia de resecciones excesivas y/o
irregulares.
Para tratar este tipo de problemas
se antoja necesario realizar un abordaje que sea lo más cómodo posible,
siempre y cuando las cicatrices previas lo permitan. Éste dependerá de la
elasticidad de los tejidos y de la localización y la extensión de la zona que
queremos corregir. La vía de abordaje externa está especialmente indicada en
aquellos casos con narinas estrechas, con tejidos poco elásticos y con
defectos importantes.
Cuando por intervenciones previas
los tejidos se encuentran muy esclerosados y fibrosos, se puede recurrir a la
vía de abordaje medio-columelar sagital, que deja como secuela una cicatriz
poco visible.
Para corregir salientes óseos o
cartilaginosos se puede recurrir a un legrado. En el caso en que aparezcan
depresiones, se podrían emplear injertos preferentemente cartilaginosos, para
dar relleno. Las desviaciones son difíciles de reparar y a veces hay que
recurrir a injertos para camuflarlas o a osteotomías en casos graves.
Deformidades secundarias del dorso nasal
Cuando se realizan resecciones
excesivas del dorso nasal o bien como consecuencia de traumatismos nasales, se
produce una deformación del dorso con hundimiento del mismo. Según la
localización de la afectación a lo largo del dorso se producirán distintas
malformaciones. Por esta razón es necesario saber identificar si se ha
producido una falsa giba, una giba verdadera o un hundimiento total del dorso.
El tratamiento de estas deformidades es distinto.
En cualquier caso los objetivos que
tenemos que plantearnos son la reposición de los elementos desplazados y la
reconstrucción del dorso, bien con injertos cartilaginosos o de hueso (cortico-esponjosa).
En otros casos se hace necesario la realización de osteotomías correctoras
para complementar el tratamiento.
El abordaje intranasal es
suficiente si se trata de tratar una deformidad aislada. Cuando la deformidad
es mayor, es conveniente realizar un abordaje transcolumelar.
Narices planas
Son aquellas que presentan una
distancia entre los extremos de las alas nasales mayor que la de la longitud
de la columela. Al hacer presión sobre la punta, ésta se deprime con facilidad
puesto que no presenta un soporte adecuado. El objetivo consiste en armar la
columela con un soporte sólido y lo suficientemente largo como para recuperar
la proyección. Son útiles injertos cartilaginosos y los injertos óseos. Así se
consigue dar un eje mayor vertical a los orificios nasales.
Deformidad en V invertida
Son alteraciones de la pirámide
nasal que están normalmente provocadas por una resección excesiva de los
cartílagos triangulares, o por una resección excesiva del dorso en narices
especialmente anchas, incluso tras haber realizado correctamente las
osteotomías. El aspecto de la deformidad depende del grosor de la piel y suele
ser menos notable en las narices con piel gruesa.
Para corregir los defectos, se
utilizan habitualmente injertos cartilaginosos, que camuflan y refuerzan las
estructuras. Los injertos “onlay” sobre el dorso o colocados lateralmente
suelen dar resultados satisfactorios, aunque lo más importante es conocer la
deformidad para prevenirla.
Nariz corta
Hablamos de nariz corta, cuando la
distancia desde el ángulo nasofrontal hasta las cúpulas está acortada. Cuando
se pretende corregir esta deformidad en una segunda intervención, uno de los
grandes problemas que hay que afrontar en primer lugar es la liberación de los
tejidos fibrosos y cicatriciales. Normalmente la nariz queda acortada tras
resecar en exceso la porción superior de los pilares laterales y las cúpulas,
o bien por acortamiento excesivo de tabique o por último, por una retracción
de la cobertura cutánea. Para conseguir un nuevo alargamiento, se ha de
trabajar en las tres estructuras que componen la pirámide nasal: la piel, la
mucosa y el marco osteocartilaginoso. Para alargar el armazón rígido se
utilizarán injertos cartilaginoso en la punta o bien debajo de los pilares
laterales. La asociación de algunos injertos de forma superpuesta es una buena
solución en algunos casos tanto primarios como secundarios. Hay que ser
cautelosos pues es una de las deformidades de más difícil corrección que
existen.
Puntas amputadas
Cuando se produce una resección
amplia del arco alar , fundamentalmente a expensas de las cúpulas y de los
pilares mediales, se habla de narices amputadas. En estos casos, es necesario
dar proyección y una curvatura armónica a la propia punta, con la ayuda de
injertos superpuestos, que se pueden reforzar con injertos de la columela tipo
paraguas. Es un error grave el intentar reducir el dorso para redefinir la
punta.
Deformidad en pico de loro
Cuando ocurre una falta de
adaptación de la piel al esqueleto subyacente se puede producir el efecto
conocido como deformidad en pico de loro. La deformidad se caracteriza por una
convexidad supraapical justo por encima de las cúpulas, que se acentúa más al
deprimir el dorso o al retraer la punta. Las causas fundamentales son las
resecciones insuficientes, que dejan un remanente de tejido cartilaginoso por
encima de los cartílagos alares o por resecciones excesivas o en pacientes con
pieles gruesas que tienen poca elasticidad, lo cual favorece que la misma se
acumule sobre las cúpulas. Otras veces, una retracción excesiva de la punta
favorecida por una incisión transfixiante, que se continúa hasta la punta
nasal, o una columela de una persona con punta caída o una mala colocación de
los apósitos, son las causas que originarán este defecto.
En estos casos se podrían emplear
injertos de cartílago para rellenar los defectos y conseguir de esta forma que
la piel quede depositada sobre una estructura sólida.
Depresiones
alares
Se llama así al efecto de colapso
de los cartílagos alares mayores, tras una resección excesiva de los mismo, o
bien por una retracción cutánea. El aspecto del cartílago alar suele ser
cóncavo. En casos moderados se pueden colocar injertos que ayuden a disimular
la asimetría. Éstos han de colocarse sobre el cartílago alar. En casos graves,
sería necesario recurrir a un injerto del cartílago conchal.
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