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Tema
91.
MANEJO Y TRATAMIENTO EN FASE AGUDA DE LAS QUEMADURAS EN ÁREAS
ESPECIALES
Manuel
Sancho Jiménez. Residente 3º año. Hospital de Cruces (Baracaldo).
Juan Ayestarán Soto. Residente 1º año. Hospital
de Cruces (Baracaldo). Javier
Meléndez Baltanás. Médico Adjunto. Hospital de
Cruces (Baracaldo). Javier
Gabilondo Zubizarreta. Jefe de Servicio. Hospital de Cruces (Baracaldo).
INTRODUCCIÓN Este capítulo tiene
como objetivo describir la actitud terapéutica ante quemaduras en fase aguda
en áreas especiales. Nos centraremos exclusivamente en quemaduras en las
manos, quemaduras faciales y genitales. Las quemaduras en estas áreas, deberán
ser valoradas en el contexto general de cada caso; teniendo en cuenta el
mecanismo, la edad, la extensión total de la quemadura, su profundidad, así
como datos de lesiones asociadas como inhalación de gases. Por tanto
constituyen una urgencia funcional, salvo en casos de gran extensión, en los
que su tratamiento se sitúa en un segundo plano. El
tratamiento de las secuelas será objeto de estudio en otro capítulo.
QUEMADURAS EN MANOS
Introducción
Dada la alta incidencia de quemaduras en esta zona y la importancia funcional
de la misma, es necesario que el tratamiento en fase aguda sea realizado por
un equipo multidisciplinario que incluya rehabilitadores, para conseguir los
mejores resultados funcionales posibles y disminuir así la necesidad de
procedimientos de reconstrucción secundarios.
Valoración
inicial Cada mano
corresponde aproximadamente a un 2% de superficie corporal quemada.
La clave para clasificar correctamente las quemaduras, es la valoración
inicial de su profundidad por personal especializado. Aún así, determinarla
correctamente en fase aguda es, a veces, tarea difícil.
Al igual que en otras
localizaciones serán clasificadas en:
-
1º Grado (I): Epidérmicas.
-
2º Grado
(IIA): Dérmicas superficiales.
-
2º Grado (IIB):
Dérmicas profundas.
-
3º Grado (III):
Subdérmicas.
-
Hablaremos también de 4º Grado,
cuando haya afectación de estructuras como tendones, huesos o articulaciones.
Tratamiento
ambulatorio Al inicio,
deben ser lavadas con suero fisiológico, retirando la piel quemada y
procediéndose a la apertura de las flictenas mayores de 1 cm de diámetro.
Posteriormente, realizaremos la cura con antibióticos tópicos.
Quemaduras de mayor, o igual profundidad de 2º Grado, deberán ser curadas cada
24 horas con sulfadiacina argéntica, povidona yodada, y en algún caso con
nitrofurazona.
El vendaje debe realizarse
individualizando cada dedo y debe permitir la movilización precoz.
No se recomienda antibioterapia sistémica de forma rutinaria.
La extremidad debe mantenerse elevada para disminuir el edema y así mismo debe
pautarse una correcta analgesia. De esta manera, la mayoría de las quemaduras
dérmicas superficiales, curarán en 2-3 semanas, en régimen ambulatorio. De lo
contrario, precisarán tratamiento quirúrgico.
Tratamiento
hospitalario
-
Prevención del Síndrome
compartimental: escarotomías y fasciotomías
-
Fisiopatología:
El edema tisular producido por la quemadura, irá produciendo una
congestión venosa y un aumento de presiones, que acabará produciendo un
colapso de la microcirculación y una necrosis tisular. En fases avanzadas el
aumento de la presión en la zona será mayor que la presión arterial y
producirá una pérdida de los pulsos. El síndrome
compartimental ocasionará deformidades en garra. Si la isquemia afecta de
forma localizada a los músculos interóseos y a la musculatura intrínseca del
pulgar, las articulaciones metacarpofalángicas adoptarán posición en flexión y
las interfalángicas en extensión ( S.de Finochietto).
Si la isquemia afecta a la musculatura del compartimento anterior del
antebrazo, se producirá una deformidad en intrínsecos minus, con pulgar en
adducción, metacarpofalángicas en extensión, interfalángicas en flexión y
muñeca en flexión (S.de Volkmann ) (Figura 1).

-
Indicaciones de escarotomías:
-
En quemaduras profundas
circunferenciales.
-
Con tensión a la palpación.
-
Con dolor y resistencia al
estiramiento pasivo de los dedos.
-
Con disminución del relleno capilar
en los pulpejos de los dedos.
-
Con pérdida de los pulsos cubitales
o radiales, lo cual ocurre en fases avanzadas. El síndrome compartimental
puede ocurrir con pulsos presentes.
Es decir, clínica de barotrauma en
los compartimentos de las extremidades.
Si inicialmente no existe indicación para dicha técnica, se requiere
observación fundamentalmente en las primeras 24 h.
-
Técnica de
escarotomía: Bajo sedación superficial y correcta
analgesia, utilizando bisturí y realizando hemostasia con electrocoagulación.
Se realiza una incisión anterior al epicóndilo medial (para evitar la lesión
del nervio radial superficial), con trayecto inferior, y sobrepasando 1-2 cm
la superficie quemada. En el dorso de la mano se
realizan en los espacios entre los metacarpianos (para evitar la lesión de los
tendones extensores). En los dedos se realizan en las zonas entre los
extensores y el paquete vasculonervioso colateral, corriendo la incisión en la
zona radial en el pulgar, y en la zona cubital en el resto de los dedos
(Figura 2 ). A diferencia de las escarotomías que
liberan el tejido subcutáneo, las fasciotomías llegan hasta la fascia muscular
y normalmente se requieren en quemaduras eléctricas, que precisen
descompresión del nervio mediano, u otros, y en aquellos casos en los que
persisten dudas de la viabilidad de la musculatura, o compresión
compartimental de las estructuras vasculares o nerviosas subyacentes a
ligamentos (carpo, biceps..), a pesar de haber realizado la
escarotomía.



-
Curas y
posición de inmovilización Se
realizarán curas diarias con sulfadiacina argéntica o povidona yodada, y
vendaje, individualizando cada dedo, manteniendo la extremidad elevada y en
posición funcional de seguridad (Intrinsecus plus) (Figura
3):
Dicha posición puede conseguirse
con la colocación de una férula, desde el ingreso. El vendaje debe adaptarse
correctamente, pero no debe ser compresivo.

Son obligadas las movilizaciones activas y pasivas. Si el paciente puede
mover las manos, se coloca sólo por las noches, permitiendo la
rehabilitación diurna. Llegados a este punto, la participación del
fisioterapeuta es de gran importancia.
-
Tratamiento quirúrgico
Las quemaduras IIB-III en las manos, deberán ser desbridadas e injertadas
tan pronto como la profundidad de la quemadura esté clara ( normalmente al
3-4º día tras el daño).
La curación por segunda intención pasados 2-3 semanas, tendrá como resultado
cicatrices hipertróficas con pobre resultado estético y funcional.
Se realizará excisión tangencial con torniquete ( manguito de presión) hasta
encontrar un lecho adecuado, procurando realizar una buena hemostasia (
adrenalina tópica + cauterización). Debe prestarse atención a no dañar el
peritenon de los tendones extensores y las venas dorsales.
Los injertos aplicados sobre dicho lecho, deben ser relativamente gruesos,
no expandidos, aunque es conveniente fenestrarlos con bisturí, para
favorecer el drenaje de posibles hematomas y acúmulos de exudados. La
aplicación previa de pegamentos de fibrina, parece disminuir la incidencia
de hematomas (Figura 4).


Una vez realizada la cura y el vendaje, se colocará la férula en posición
funcional y se mantendrá la mano elevada hasta que los injertos se
estabilicen en un plazo de unos 4-5 días. Pasado dicho período debe comenzar
la rehabilitación ( movilización precoz, activa y pasiva), por parte del
fisioterapeuta. Las quemaduras en
las manos, con exposición ósea, articular o tendinosa, requieren
generalmente cobertura con colgajos.
Para pequeños defectos puede plantearse el uso de colgajos locales, como por
ejemplo: colgajos de rotación, cross-finger,
colgajo tenar, etc.
Si la zona de exposición es de mayor tamaño, deberán usarse colgajos
locoregionales o a distancia. Por ejemplo:
-
colgajo
inguinal
-
colgajos
antebraquiales; que pueden ser fasciales o fasciocutáneos, y que están basados
en las arterias radial, cubital o interósea posterior (Figura
5)
-
colgajos
retrógrados / de base distal.


Los colgajos libres se utilizan habitualmente, si no hay disponibilidad de
colgajos regionales, o el daño es muy extenso. Tienen
la ventaja de además de dar cobertura cutánea, poder trasladar tejidos
especializados, que pueden servir para reconstruir áreas de pérdida de
tendón o hueso en el mismo acto quirúrgico. Sirvan como ejemplo:
Quemaduras en la
palma de la mano Es raro
que requieran tratamiento quirúrgico, por ser una zona en la que la piel tiene
un grosor importante, y por la protección que supone el acto reflejo de cerrar
las manos en el accidente. Así pues, generalmente se realiza tratamiento
conservador. Cuando es necesario, se realiza desbridamiento y cobertura con
injerto grueso (Figura 6).

Rehabilitación
La rehabilitación precoz, es muy importante en las quemaduras de la mano, para
reducir la incidencia y gravedad de las secuelas. Es necesario realizar
tratamiento postural, con férulas antiretracción, y movilizaciones activas y
pasivas. Por esto es necesaria la participación de un equipo de
fisioterapeutas, no olvidando prestar apoyo psicológico, si es necesario.
Es muy complicada en enfermos con
grandes extensiones de quemadura pero, incluso si el paciente está intubado y
no puede colaborar, deben realizarse movilizaciones pasivas a diario.
La presoterapia, debe comenzar tan pronto como la evolución de los injertos lo
permita, y durante un periodo mínimo de seis meses.
QUEMADURAS FACIALES
Introducción
La región facial probablemente es la región anatómica con mayor importancia
como elemento de relación interpersonal y social y, al mismo tiempo, una de
las zonas en las que las quemaduras tienen un tratamiento más complejo, con
peores resultados estéticos y donde las secuelas resultantes provocan el
enfermo graves repercusiones, tanto psicológicas como funcionales.
El área facial corresponde a un 3% de la superficie corporal en adultos. Está
dividida clásicamente en varias zonas estetico-funcionales:
frontal, ciliar-palpebral, nasal, perioral, mentoniana, y regiones laterales
(mejillas). La experiencia muestra que cobra mayor
importancia la “T” central que incluye áreas órbito-palpebrales, nasal y
perioral (Figura 7).

Valoración
inicial Las quemaduras
faciales epidérmicas y dérmicas superficiales (IIA), podrán ser tratadas en
régimen ambulatorio. Dichas quemaduras requerirán curas diarias con povidona
yodada, o sulfadiacina argéntica y cuando se consiga un aspecto seco, se
aplicará crema hidratante y protección solar durante al menos 6 meses.
Quemaduras con profundidad superior
a IIA y extensión mayor del 1%, y todas aquellas en las que además se añade
afectación cervical y/o sospecha de inhalación de humos, deben ser valoradas
en medio hospitalario requiriendo observación durante al menos 24 horas. En
este periodo es muy útil la realización de laringoscopias seriadas. Ante la
aparición de dificultad respiratoria o de edema importante, debe considerarse
la intubación electiva precoz, antes de que se produzca la obliteración de la
vía aérea.
Tratamiento
quirúrgico de las quemaduras faciales
El objetivo ideal es mantener una aceptable apariencia (simetría), movilidad y
expresión facial.
Un tratamiento adecuado durante la fase aguda de la quemadura puede disminuir
tanto el número como la gravedad de las secuelas posteriores.
En quemaduras claramente profundas, el tratamiento consiste en realizar un
desbridamiento tangencial tan pronto como sea posible, normalmente unos 3-4
días, hasta planos con buena vascularización, realizando correcta hemostasia,
y posteriormente realizar cobertura con injertos laminares de grosor
intermedio-grueso tratándose en unidades funcionales completas, incluyendo
ocasionalmente en éstas, pequeñas áreas que no estén quemadas, para mantener
la apariencia facial (Figura 8).


Las quemaduras cervicales profundas se tratan de igual manera.
En quemaduras con profundidad intermedia, puede demorarse el
tratamiento hasta que quede clara su profundidad. Si no se produce
epitelización completa en 1-2 semanas, debe realizarse tratamiento quirúrgico,
de lo contrario la aparición de cicatrices hipertróficas tendrá como resultado
secuelas más graves. La elección de
la zona donante se realizará en función de la disponibilidad de piel libre de
quemadura en cada enfermo, aunque se obtienen buenos resultados en cuanto a
color y textura tomando los injertos del área infraclavicular o del cuero
cabelludo. Estos últimos, con mínima morbilidad ,son frecuentemente utilizados
en quemaduras faciales infantiles, requiriéndose previa infiltración con suero
salino para disminuir la convexidad craneal.
En un intento de disminuir las distorsiones faciales y cervicales por la
contractura propia del injerto, se han utilizado análogos sintéticos de dermis
colocados en unidades estéticas, que posteriormente son cubiertos con
autoinjertos laminares muy finos, con resultados aceptables, mayor
elasticidad, y menor morbilidad en la zona donante (Figura
9).



En casos de quemaduras que afecten a estructuras faciales profundas, con
exposición ósea o cartilaginosa(pabellón auricular), se requiere el uso de
colgajos regionales o incluso colgajos libres.
El uso de férulas desde el inicio del tratamiento, para evitar microstomías y
contracturas comisurales, y de ortesis cervicales en ligera extensión, reduce
la necesidad de correcciones quirúrgicas tardías. Al
igual que en otras localizaciones, la presoterapia continuada 6-12 meses,
previene la cicatrización patológica (Figura 10).

QUEMADURAS EN ÁREAS GENITALES
Generalmente aparecen en enfermos con extensiones de quemadura por encima del
40%, y raramente de forma aislada. El uso de catéteres
de sondaje vesical suele ser necesario en la fase aguda, teniendo en
cuenta que su uso prolongado, se asocia con mayor incidencia de
estenosis uretrales e infecciones urinarias
(Figura 11).

Rara vez se precisan escarotomías, por la laxitud de los tejidos en esta zona.
El tratamiento conservador, en la mayoría de los casos, tiene buenos
resultados, aunque a veces es preciso realizar
desbridamiento y cobertura con injertos. Cuando son
necesarios, en el pene se colocan en espiral, y en áreas escrotales, suelen
usarse injertos en malla con resultados aceptables.
La presencia de pliegues, permite frecuentemente realizar resecciones
de quemadura y cierre directo.
Las secuelas más frecuentes son bridas cicatriciales, corregibles con plastias
locales. Otras menos frecuentes son estenosis perianales o pérdida completa de
genitales, que precisarán posteriormente reconstrucciones complejas.
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