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TEMA 90. PATOLOGÍA CAUSADA POR EL FRÍO,
RADIACIONES Y RADIOACTIVIDAD
Julio Delgado Martínez.
Residente 5º año. Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza)
Servicio de Cirugía Plástica.
Alberto Agulló Domingo.
Médico Adjunto . Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza)
Servicio de Cirugía Plástica
INTRODUCCIÓN
El frío, en dependencia de su intensidad y duración, puede dar lugar a
diferentes formas clínicas. Estas se clasifican según su extensión en
localizadas y generalizadas y según la temperatura que alcancen los tejidos en
congelantes y no congelantes.
Tabla 1. Clasificación de las lesiones producidas por la acción del frío
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Localizadas |
Generalizadas |
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No congelantes |
Eritema pernio
Pie de trinchera y pie de inmersión |
Hipotermia |
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Congelantes |
Congelaciones |
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ERITEMA PERNIO (SABAÑONES) Son
lesiones no congelantes de la piel que aparecen en manos, pies y áreas
expuestas de la cara. Se aprecian con mayor frecuencia en niños y mujeres, y
en países con climas fríos y húmedos. En los casos agudos, el paciente
presenta prurito o dolor urente en zonas cutáneas de aspecto eritematoso o
rojo-cianótico. No existen pérdidas tisulares a excepción de alguna úlcera que
puede desarrollarse en las formas crónicas y relacionadas con la
hipersensibilidad al frío y la hiperhidrosis. Fuera de las medidas locales
para aliviar las molestias, no existe ningún tratamiento específico, salvo el
mantener las zonas afectas o susceptibles protegidas del frío, en un ambiente
seco y caliente.
PIE DE
TRINCHERA Y PIE DE INMERSIÓN
Ambas patologías hacen referencia a lesiones localizadas, generalmente en las
extremidades inferiores, producidas por el frío y la humedad durante un
periodo de tiempo importante, sin exceder la temperatura de congelación.
Clásicamente esta patología se desarrolla en tres fases tras retirar la
extremidad de la exposición al frío:
-
Fase de exposición. Los pacientes
suelen presentar sensación de entumecimiento, que evoluciona hacia la
anestesia. El edema no suele aparecer hasta varias horas después de la
exposición al igual que las ampollas. Los tejidos son muy friables por lo que
se presentan heridas ante mínimos traumatismos.
-
Fase pre-hiperémica. Continúa en un
primer momento la sintomatología de la fase de exposición, las extremidades se
aprecian frías, pálidas o cianóticas y el edema aparece sobrepasando la zona
de exposición. Por lo general existe una sensación de acorchamiento de la
extremidad con una anestesia parcheada, aunque se puede encontrar una
hiperestesia incluso hiperalgia. Los pulsos aparecen disminuidos o ausentes
debido a la vasoconstricción y el edema.
-
Fase hiperémica. Acontece tras 2 a
5 horas de la retirada del frío y su duración es de unas 2 semanas, aunque
puede alargarse meses. Se manifiesta por una extremidad roja y caliente con
pulsos periféricos presentes, cuadro totalmente opuesto a la fase anterior,
debido a la intensa vasodilatación. El dolor en esta fase se hace
especialmente intenso y hace necesario el uso de analgésicos y sedantes. La
hiperemia comienza proximalmente extendiéndose hacia los dedos, sin seguir
ninguna distribución específica y se limita al área de inmersión. En este
periodo se demuestra la presencia de ampollas sobre las partes afectas y
ulceración y gangrena en las áreas en donde las lesiones han sido más severas,
caracterizadas éstas por no haber participado en la reacción hiperémica.
4. Fase post-hiperémica. Suele presentarse en los casos severos, con una
duración de meses a años. Se caracteriza por accesos de frialdad en la
extremidad afecta sin desencadenante alguno, que responden de forma muy lenta
a los métodos de recalentamiento. El edema puede ser recurrente sobre todo
tras la deambulación, junto a fenómenos de hiperhidrosis.
Su fisiopatología y tratamiento,
guardan gran relación con las congelaciones, descritas más adelante.
CONGELACIONES
Definición
Entendemos por congelación una lesión localizada, causada por la acción del
frío en el curso de una exposición más o menos prolongada a una temperatura
inferior a 0º.
Epidemiología Se
distribuye con más frecuencia sobre varones (75-80%), con una media de edad de
40 años. En un 10% de los casos se asocia a un cuadro general de hipotermia
severa.
Con respecto a la distribución
anatómica, suelen afectarse las extremidades inferiores (60%), seguido del
compromiso de las superiores (37%). Ambas regiones aparecen afectadas en un
20% y de forma bilateral en el 70%. En las lesiones de manos y pies es
característico que se respete el pulgar mientras que es muy frecuente que se
afecte el 1er dedo del pie. El resto de las localizaciones aisladas, como la
facial, son bastante raras (3%).
Factores
predisponentes Factores
ambientales:
-
Temperatura del medio o agente. A
temperaturas más bajas más graves son las lesiones producidas.
-
Tiempo de exposición. A mayor
tiempo de exposición mayores son los efectos del frío. Los efectos se expresan
mediante la fórmula intensidad x tiempo, de tal forma que una exposición de
–20ºC durante 2 minutos causa el mismo efecto que una exposición de 2ºC
durante 20 minutos.
-
Humedad. El contacto con ropas
húmedas aumentan las pérdidas por conducción.
-
Velocidad del viento. Este disipa
la radiación calórica por convección y aumenta la velocidad de enfriamiento.
Existen unas tablas de corrección con el fin de calcular la temperatura real
según la velocidad del viento.
-
Altitud. Los cambios adaptativos a
la altitud conllevan un aumento de la viscosidad sanguínea que incrementan los
fenómenos de trombosis los cuales aparecen, en relativa inactividad, en
alturas superiores a 6500m. Junto a esto, la hipoxia tisular disminuye el
potencial metabólico para producir calor y favorece la aparición de
alteraciones de la funciones mentales.
Factores personales:
-
Raza y origen. Los individuos de
piel oscura muestran mayor sensibilidad al frío
-
Alteraciones vasculares previas.
Las arteriopatías periféricas, junto a la diabetes y las enfermedades que
cursan con crioaglutininas presentan mayor riesgo para las lesiones por el
frío.
-
Congelaciones previas. Las personas
que han sufrido lesiones por el frío tienen predisposición a sufrir nuevas
lesiones
-
Desordenes mentales. El exceso de
consumo de alcohol y las enfermedades psiquiátricas se asocian, sobre todo en
el ámbito urbano (60%), a las lesiones por frío ya que suelen ser ignoradas
las precauciones tomadas normalmente para su prevención.
-
Movilidad. Protege a través del
calor generado por el ejercicio.
-
Estado nutricional. El mal estado
nutricional favorece la congelación, por un lado al disminuir el panículo
adiposo y su efecto aislante y por otro lado por restringir el aporte
energético destinado a la producción de calor.
-
Educación ante el frío
Fisiopatología El cuerpo
humano mantiene una temperatura corporal constante, alrededor de los 37ºC,
como respuesta al equilibrio entre la producción de calor y la pérdida del
mismo. La formación de calor depende principalmente del metabolismo interno,
mientras que las pérdidas están en relación con las condiciones exteriores que
alteran la temperatura de la superficie corporal. Así diferenciamos las
pérdidas por conducción cuando el intercambio de calor se realiza con un medio
sólido o líquido y las pérdidas por convección cuando se realiza con un medio
gaseoso, mientras se consideran mínimas las pérdidas producidas por radiación.
Dado que se trata de un intercambio térmico entre superficies, la pérdida de
calor se relaciona directamente con el gradiente de temperatura existente con
el exterior y la superficie corporal.
La congelación de los tejidos engloba dos procesos. En el primero, la
exposición al frío concluye con la destrucción directa de las células, el
grado de lesión en esta fase depende de la razón de congelación y la duración
de la exposición. El segundo de los procesos ocurre tras el recalentamiento y
reperfusión. Durante esta fase se produce una oclusión microvascular
progresiva que conduce a la isquemia y necrosis de los tejidos previamente
congelados.
-
Mecanismo
criogénico: El agua se considera esencial para la estructura y
función de las células vivas, por tanto no sería sorprendente que su
solidificación fuera letal para la mayoría de los sistemas vivos, debido a su
capacidad para parar ciertas reacciones químicas.
A medida que la temperatura
desciende por debajo de 0ºC, el medio extracelular comienza a congelarse. En
respuesta a la diferencia de potencial químico que se crea entre el exterior,
parcialmente congelado, y el medio intracelular, el agua fluye fuera de la
célula y ésta se deshidrata. A partir de –15ºC la membrana celular es incapaz
de bloquear el paso de cristales de hielo desde el exterior y si la célula no
ha alcanzado el equilibrio con el medio externo, deshidratándose lo
suficientemente rápido, se congela. Estos acontecimientos físicos que acaecen
en la célula dependen, por tanto, de la velocidad de congelación y de la
permeabilidad de la membrana celular para el agua.
Cuando las células han alcanzado el equilibrio mediante la congelación
intracelular, el daño mediado por los cristales intracelulares se explica
por su acción sobre las membranas, que produciría la rotura directa de la
membrana plasmática o de la membrana de organelas como las mitocondrias.
Si las células alcanzan el
equilibrio mediante la salida de agua intracelular, aparecen una segunda clase
de eventos físico-químicos. Mientras la temperatura desciende, la cantidad de
agua en el interior de la célula desciende, el agua extracelular se congela,
los solutos del medio intracelular y extracelular se concentran y estos acaban
precipitando si su solubilidad sobrepasa su punto optimo. El único hielo que
se forma en estas condiciones es el extracelular y cualquier lesión que se
produzca puede ser motivo de la acción directa del hielo a ese nivel, por
alteraciones de la proporción de hielo en el espacio extracelular o por
cambios en la composición de la solución externa. Otra teoría propone que el
daño se debe a que al mismo tiempo que la célula se deshidrata, transporta
solutos hacia el interior celular y se dirigie hacia la lisis osmótica durante
el posterior recalentamiento al no poder eliminar la carga osmótica adquirida.
De acuerdo con esto, los efectos
dependientes de la solución son los responsables del daño a razones de
congelación bajas mientras que la congelación intracelular es responsable del
daño cuando la razón es más alta que la optima. Por definición la razón de
congelación optima es lo suficientemente lenta como para prevenir la
producción de hielo intracelular y lo suficientemente rápida como para
minimizar el tiempo de exposición de las células a los efectos de la solución
externa.
-
Mecanismo
vasculopático: Al cesar la acción del frío y producirse la
descongelación de los tejidos, la circulación se restaura y aparecen en pocos
minutos alteraciones importantes en ellos. Factores humorales, neurales y
hemáticos están relacionados con los efectos vasculares que aparecen:
vasoconstricción arterial, dilatación venulocapilar y fractura endotelial.
El espasmo arterial es el factor inicial dominante y sustentador de las
alteraciones vasculares pero a medida que aumenta el daño tisular este
espasmo queda confinado a áreas concretas del lecho vascular.
La noradrenalina liberada a partir
de los nervios del área congelada y de la zona perilesional aumentan el
vasoespasmo existente y a nivel de los shunts arteriovenosos precapilares
provocan su apertura robando el flujo capilar en el área congelada.
Tras cesar la acción del frío, el
hecho mas importante estriba en la presencia de alteraciones a nivel de la
microvasculatura, concretamente en la intima de los vasos, las cuales aparecen
antes de que lo hagan otras alteraciones en el parénquima no vascular. Estas
lesiones asientan en primer lugar en las células endoteliales, el frío causa
una separación entre la lámina elástica interna y las células endoteliales y
entre ellas mismas. Esta lesión aparece incluso en los casos en los que
todavía no se a iniciado el recalentamiento, con lo que la reperfusión del
tejido no se considera la responsable de este daño concreto.
La lesión endotelial junto al
éxtasis vascular permite la extravasación de liquido a través de la pared
vascular. Los tejidos perivasculares se edematizan y aumenta la viscosidad de
la sangre por hemoconcentración. Esta produce un aumento de la resistencia al
flujo y la disminución de la velocidad circulatoria, que permite la
extravasación de más líquidos. Todo esto conduce a la obstrucción gradual de
los plexos vasculares terminales y favorece el desarrollo de shunts arterio-venosos
de alta presión, que a su vez aumentan los daños endoteliales.
El enlentecimiento del flujo
vascular favorece el proceso de agregación plaquetaria, inducida además por la
separación y necrosis de la células endoteliales de la pared vascular. El daño
directo del endotelio debido al frío produce la exposición del subendotelio de
los vasos, lo cual permite fenómenos de adherencia entre las plaquetas y las
microfibras expuestas de la membrana basal y el colágeno. Estos procesos
estimulan la producción plaquetaria de TXA2 y la activación de la cascada de
la coagulación, que da como resultado la formación de fibrina a partir del
fibrinógeno. La trombosis y las embolias cierran al final la microcirculación
conduciendo a la isquemia tisular.
Este proceso se asocia con un aflujo de leucocitos, considerados como un
mediador importante en el daño microvascular progresivo. La adherencia entre
neutrófilos y células endoteliales provoca un microambiente que permite a
las proteasas y a los radicales libres de oxígeno, producidos por las
células endoteliales en un primer momento y más tarde por los neutrófilos,
alcanzar niveles muy altos y causar daño tisular, y comportarse además como
mediadores quimiotácticos para estas células. La agregación entre los
neutrófilos compromete precozmente la microvascularización al formar tapones
capilares, lo que extiende la zona de isquemia y causa mayores pérdidas de
tejidos.
La liberación de mediadores químicos por las células endoteliales, plaquetas
y mastocitos produce efectos sobre la contractilidad de la pared vascular,
la permeabilidad vascular, la coagulación y la quimiotaxis. Estas respuestas
pueden contribuir a reparar y regenerar el endotelio y los tejidos
lesionados o pueden inducir un mayor daño tisular.
La importancia de la acción de estos mediadores en la actualidad está
centrada en los derivados del ácido araquidónico, cuya presencia se ha
identificado en las ampollas producidas en las congelaciones. La alta
concentración en éstas del LTB2 y de la PGF1, de efecto proagregante y
vasoconstrictor, unido a la baja concentración de PGE2, importante agente
vasodilatador, antiagragante y con efecto inhibidor sobre el LTB4, agente
activador de la quimiotaxis de los leucocitos, les da gran importancia como
mecanismo patogénico. Otros estudios han relacionado íntimamente la
existencia de necrosis con el exceso de producción de TXA2, de efecto
vasoconstrictor y proagregante, situación que ocasiona una alteración en el
balance normal entre esta sustancia y la prostaciclina (PGI2).
Clasificación Las
congelaciones, al igual que las quemaduras, pueden clasificarse en varios
grupos según la gravedad de las lesiones producidas en los tejidos.
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Las lesiones de primer grado cursan
con palidez y áreas eritematosas tras el proceso de recalentamiento, focos de
cianosis que se recuperan rápido y edema ligero. La sensibilidad se presenta
conservada aunque ligeramente hipoestésica. Su evolución conduce a la
restitución de los tejidos con pocas o ninguna secuelas.
-
Las lesiones de segundo grado
superficial presentan eritema y cianosis que persisten tras el proceso de
recalentamiento, edema moderado y flictenas de contenido claro. La
sensibilidad se encuentra reducida o ausente. Su evolución conduce a la
recuperación integra pero más lenta, sin necrosis, con posibles secuelas como
distrofias en faneras e hipersensibilidad al frío.
-
Las lesiones de segundo grado
profundo presentan palidez más cianosis junto a edema importante. Se acompañan
de flictenas voluminosas de contenido serohemático, pulsos periféricos
conservados y anestesia completa. Evoluciona hacia la necrosis limitada a la
dermis. La recuperación de la sensibilidad es lenta y llega en 4 ó 5 semanas a
la curación con secuelas.
-
Las lesiones de tercer grado
presentan palidez más cianosis persistentes con edema muy importante. Las
extremidades presentan coloración grisácea que evidencia la necrosis profunda,
acompañada de anestesia total del área congelada. En su evolución aparecen
áreas de necrosis importantes con posible afectación del hueso lo que conduce
a la amputación y a la presencia de secuelas inevitables.
Desde el punto de vista
cuantitativo, el 74% de las congelaciones son superficiales (41% de primer
grado y en un 33% de segundo grado superficial) y el 26% profundas (solamente
un 8% de tercer grado).
Clínica
Podemos diferenciar dos periodos, un primer momento, insidioso, en el que se
produce la lesión por el frío y otro posterior, tras el recalentamiento.
Al comenzar la agresión externa por el frío, se experimenta inicialmente una
sensación de disconfort, incluso dolorosa, en los tejidos expuestos, que
progresa hacia las parestesias hasta que finalmente se pierden todas las
sensaciones. A la exploración los tejidos aparecen duros, blancos, sin sangre,
en principio debido a la vasoconstricción producida. Una vez instaurada la
anestesia, es cuando se empiezan a establecer las lesiones, favorecidas por la
desaparición del dolor en los tejidos, que provoca una falsa sensación de
mejoría.
Con el recalentamiento se restaura
la circulación, el tejido aparece enrojecido a causa de la vasodilatación y el
edema empieza a formarse y a extenderse alrededor de la zona lesionada. En
congelaciones superficiales las flictenas empiezan a formarse en las primeras
24 horas y se presentan con un contenido claro, mientras que las lesiones
profundas no se suelen asociar con la formación de flictenas y si lo hacen son
de contenido serohemático.
A medida que las ampollas se secan,
a través de la reabsorción del liquido o bien por su rotura y desbridamiento,
las zonas de daño dérmico se transforman en escaras negras, las cuales se
delimitan de forma progresiva. Si las lesiones fueron superficiales las
células de la capa basal restituirán la integridad cutánea y se apreciará a
las 3 o 4 semanas cuando haya caído la escara. En las áreas en que las
lesiones han sido profundas, los tejidos no sobreviven y el proceso finaliza
con la formación de una gangrena seca.
Tras el recalentamiento constituyen señales favorables la presencia de un
tejido caliente con coloración normal, sensibilidad conservada y ampollas de
contenido claro, mientras que son señales de mal pronóstico la ausencia
completa de edema, la cianosis tisular y la anestesia mantenida de los tejidos
lesionados.
Diagnóstico
evolutivo El diagnóstico
precoz del grado de profundidad de las lesiones es sin duda una de las
prácticas más complejas en esta patología. En efecto, hace falta esperar 4 o 5
días para saber si se trata de una congelación superficial o profunda y en
estos casos se deberá esperar la aparición de la escara y que ésta se
delimite, es decir, de 30 a 60 días, para situar el nivel de la amputación.
Existen multitud de pruebas, con más o menos utilidad que se practican con el
objetivo de anticipar en el tiempo el límite entre el tejido viable y el no
viable.
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Arteriografía:
Constituye uno de los métodos clásicos para el diagnóstico del área
lesionada. Se comprueba una correlación entre el área de ausencia de
impregnación del contraste y las zonas de necrosis. Sin embargo, debido al
error que puede inducir el vasoespasmo, cuando es utilizada precozmente y que
el daño producido por el frío se centra principalmente a nivel de la
microcirculación, esta técnica ha ido dejando paso a otras pruebas
diagnósticas.
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Doppler laser:
Esta técnica nos proporciona información sobre la microcirculación
cutánea. Se considera de utilidad a la hora de delimitar con precisión el
surco de viabilidad del tejido, y de evaluar la efectividad de los diferentes
tratamientos administrados. Sin embargo la presencia de flictenas y la
variabilidad en su interpretación limitan la utilidad de esta técnica.
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Termografía:
En principio, no tiene mucha utilidad en las congelaciones agudas.
Si bien, es un buen indicador a la hora de evaluar el efecto del tratamiento y
asociada a pruebas dinámicas de exposición al frío puede servir, en pacientes
que han sufrido varias congelaciones sucesivas y en todos aquellos que vayan a
exponerse a condiciones climáticas extremas -como los alpinistas-, para la
detección de problemas circulatorios periféricos que favorezcan la aparición
de congelaciones.
-
Pruebas
isotópicas: Estas técnicas se basan en la captación mediante una
gammacámara de la distribución de isótopos radiactivos introducidos en el
organismo. En la actualidad se utiliza el rastreo óseo en tres fases, mediante
la infusión intravascular de dihidroximetilen difosfonato marcado con Tc99m.
Esta prueba se basa en la captación de las imágenes de distribución del
contraste en tres fases. En la primera fase (arterial) se obtienen imágenes
precoces de la llegada del contraste por las arterias. En la segunda fase
(fase tisular) se aprecia la distribución del contraste por los tejidos. Por
último, en una tercera fase más tardía (fase ósea) se muestra la captación
del isótopo por parte del hueso. Informa tanto de la perfusión de los
tejidos superficiales como de los profundos, y demuestra una gran fiabilidad
y precocidad (hasta 7 días) a la hora de delimitar los tejidos no viables.
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RNM y RNMA:
Ambas técnicas unidas, la resonancia magnética y la angiografía por
resonancia magnética, constituyen en la actualidad la prueba más sensible en
el diagnóstico de la extensión de las lesiones por congelación. Nos permiten
visualizar directamente los vasos ocluidos, muestran el aspecto de los tejidos
circundantes, incluyendo los músculos y proporcionan una línea de demarcación
clara entre el tejido isquémico y el tejido viable antes de que se haya
demostrado clínicamente. Sin embargo, a pesar de su mayor definición con
respecto al rastreo óseo en tres fases, su precio limita en cierto modo la
extensión de su utilización.
En resumen , hoy por hoy la RNM y
sobre todo el rastreo óseo en tres fases, permite establecer con claridad el
límite entre el tejido viable y el tejido no viable dentro de la primera
semana tras la lesión, lo cual facilita el procedimiento quirúrgico precoz si
éste es necesario.
Pronóstico
-
Pronostico favorable:
Cuando la duración de la congelación ha sido corta y su profundidad
es superficial. Si no se asocia a fracturas, hipotermia, lesión por inmersión
u otros traumatismos. Igualmente cuando el recalentamiento fue rápido, y las
ampollas son de contenido claro y se extienden hasta la punta de los dedos y
cuando existe una rápida restauración de la perfusión capilar demostrada
especialmente por pruebas isotópicas.
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Pronóstico incierto:
Cuando la descongelación se produjo espontáneamente, y la duración de
la congelación fue larga. Si se asocia a fracturas u otros traumatismos de
partes blandas y cuando se asocia a enfermedades preexistentes que afectan a
la vascularización periférica o se asocia a hipotermia con hipovolemia,
deshidratación e hipoxia.
-
Pronóstico desfavorable:
Cuando la descongelación se hizo de forma diferida o esta se
realizó a temperaturas demasiado altas (más de 49ºC). Si las ampollas son
proximales, de contenido oscuro o hemorrágico y no se extienden hasta las
falanges distales. Cuando se aprecia pérdida de la perfusión tisular observada
en pruebas isotópicas y cuando la necrosis es temprana con evolución rápida (4
ó 5 días) hacia la momificación. También será desfavorable si la lesión se ha
producido tras una descongelación primaria.
Factores que predisponen a la amputación, y por tanto de mal pronóstico, son
la duración de la exposición al frío, presencia de infección de la herida y
retraso en el tratamiento adecuado.
Tratamiento
El objetivo del tratamiento de las congelaciones consiste en prevenir las
secuelas, evitar las amputaciones y conseguir lo antes posibles la curación de
las lesiones
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Recalentamiento:
El primer gesto terapéutico consiste en retirar la parte afecta de
la exposición al frío y evitar traumatismos en la zona. De gran importancia es
no iniciar el proceso de recalentamiento, hasta estar seguros de que las
lesiones no tengan la posibilidad de volver a congelarse, ya que la exposición
posterior al frío tras el recalentamiento hace a la zona mucho más vulnerable.
Se realiza en un baño de agua a temperaturas entre 36 y 41ºC, durante un
periodo al menos de 20 minutos y siempre hasta que los tejidos recalentados
hayan recuperado la temperatura y se aprecie una coloración eritematosa,
señal de haberse conseguido la reperfusión de los tejidos. Se asocian
antisépticos tópicos como la clorhexidina o la povidona yodada como medida
antimicrobiana. La utilización de analgésicos (opiáceos) y sedantes durante
el recalentamiento es habitual pues el proceso de revascularización es
bastante doloroso. Tras la
descongelación debe evitarse traumatizar la zona tratada y la práctica de
masajes. Si las partes lesionadas ya habían sido descongeladas por otros
métodos o a temperatura ambiente, no debe de usarse este método de
descongelación rápida. En la práctica habitual es frecuente que el proceso
de descongelación ya se haya producido por otros procedimientos, con una
demora de horas o días, lo que conlleva un peor pronóstico.
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Baños
antisépticos: Se realizan de forma periódica, dos veces por día, a
una temperatura de 37ºC asociados a un antiséptico de forma similar al proceso
de recalentamiento. Se puede añadir la utilización de una turbina que remueve
el agua del baño, con el objeto de favorecer el desbridamiento de las áreas
necrosadas y aumentar la penetración y el efecto de barrido antimicrobiano.
Durante estos baños se debe realizar la rehabilitación de forma precoz de las
partes lesionadas y movilizar activamente las articulaciones comprometidas.
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Tratamiento
local: El tratamiento local de las lesiones comprende a parte de
los baños periódicos, la limpieza cuidadosa con antisépticos tópicos y la cura
de las áreas necróticas con antibióticos tópicos, sin olvidar la profilaxis
antitetánica. Las ampollas de contenido claro deben ser drenadas ya que su
alto contenido en sustancias vasoactivas (prostaglandinas y Tromboxanos)
incrementan la profundidad de las lesiones.
Las lesiones cuando son exudativas
pueden tratarse mediante cura oclusiva estéril, no constrictiva, aplicando una
cobertura antibiótica tópica con sulfadiazina argéntica o con nitrofurazona y
siempre sobre un lecho bien almohadillado que evite los traumatismos. A medida
que el proceso avanza y las lesiones dejan de ser exudativas o se ha iniciado
el proceso de momificación, éstas pueden dejarse expositivas hasta que se
delimiten por completo las zonas de necrosis.
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Antibioterapia:
A parte de la profilaxis antitetánica obligada, el uso de
antibióticos sistémicos de forma profiláctica no ha demostrado disminuir la
incidencia de infecciones, por tanto, en los casos de sospecha se solicitará
cultivo y se procederá a su tratamiento con antibióticos tópicos y generales
según antibiograma.
-
Bloqueo
simpático: El bloqueo simpático puede realizarse de forma
quirúrgica o farmacológica. diferenciamos la primera por ser un método más
agresivo y por su carácter definitivo.
La simpatectomía realizada en la
fase aguda produce una resolución precoz de los edemas, mejora la clínica
dolorosa y disminuye la incidencia de infecciones, aunque no disminuye la
cantidad de tejido perdido, con lo que en la actualidad se utiliza
exclusivamente como tratamiento de las secuelas dolorosas crónicas.
El bloqueo farmacológico, realizado mediante la administración de reserpina
y tolazolina intra-arteriales a dosis bajas, produce un bloqueo simpático de
unas dos semanas. demuestra un efecto beneficioso en aquellos pacientes en
los que se aprecian alteraciones en el patrón de flujo vascular. Tampoco ha
demostrado mejores efectos a los obtenidos con la simpatectomía quirúrgica,
sin embargo, se comprueba que la utilización, tanto de agentes
vasodilatadores como de los bloqueos simpáticos, mejoran la viabilidad de
los tejidos tras realizar una fasciotomía por lo que algunos autores
presuponen que los mediocres resultados obtenidos por estos métodos,
pudieran ser más causa de una mala liberación de los compartimentos que de
la poca efectividad del bloqueo simpático.
Otros métodos como la
neuroestimulación y el bloqueo mediante la infiltración anestésica del plexo
braquial o a nivel epidural, obtienen los mismos efectos beneficiosos al
suprimir las aferencias dolorosas que aumentan el tono simpático.
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Vasodilatadores:
Práctica sin casi complicaciones, aunque de utilidad limitada, en
la que se utilizan sustancias como clorhidrato de buflomedil o la nicardipina.
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Dextranos:
Sobre todo justificada en los casos de congelaciones en alpinistas
por su estado fisiológico de poliglobulia y hemoconcentración. Produce buenos
resultados en el caso de congelaciones graves cuando se mantiene un
hematocrito próximo al 30%. Desciende también el riesgo
de trombosis por su efecto antiagregante.
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Oxígeno
hiperbárico: De efectividad limitada ya que el problema de las
partes lesionadas no es el déficit de transporte de oxígeno si no su bloqueo
por la trombosis vascular. Sin embargo, puede ser beneficioso en los tejidos
deficitarios, pero no isquémicos y sobre todo para mejorar la oxigenación de
las zonas de granulación.
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Anticoagulantes
y antiagregantes:
Heparina:
Clásicamente administrada con el objeto de mejorar la supervivencia de los
tejidos por su efecto anticoagulante, se ha comprobado clínicamente su
ineficacia. Actualmente se utiliza casi exclusivamente en forma de heparinas
de bajo peso molecular, como prevención de los cuadros de trombosis venosa y
tromboembolismo pulmonar, asociados al ambiente de hipercoagulabilidad e
inmovilidad.
Pentoxifilina: Compuesto derivada de las xantinas, de mecanismo
de acción desconocido, ha sido usada en el tratamiento de enfermedades
vasculares periféricas en las que ha mostrado su actividad beneficiosa al
disminuir la hiperreactividad de las plaquetas, disminuir la viscosidad
sanguínea, aumentar la flexibilidad de los eritrocitos y disminuir la
formación de trombos. Sus características sugieren su papel beneficioso en
la fase de isquemia tardía y estasis vascular.
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Moduladores del
los derivados del ácido araquidónico:
AINES: El ácido acetil salicílico y el
ibuprofeno, como representantes más importantes de este grupo, basan su
efectividad en el tratamiento de las congelaciones en su actividad como
inhibidores de la síntesis de derivados del ácido araquidónico. Al no poseer
estas sustancias ninguna especificidad, la administración de anti-inflamatorios
no esteroideos tiene efectos contradictorios, por un lado positivos al
bloquear el proceso inflamatorio y por otro lado negativos al inhibir la
formación de PG I2 y E2.
Aloe vera:
Fármaco de aplicación tópica descrito como un potente inhibidor de
la síntesis del tromboxano A2, derivado del ácido araquidónico e involucrado
como mediador de la formación de trombos.
Defibrotido: El DFT es una sustancia que
potencia la síntesis de PG E2 y de PG I2 . Su papel beneficioso estriba en
la actividad de estas dos sustancias. Por un lado la PG E2 es un mediador
que inhibe la generación del LT B4 responsable en parte de la quimiotaxis y
activación de los leucocitos en el área lesionada y por otro lado la PG I2
que contrarresta la acción del TXA2.
Iloprost: Análogo de la PG I2, mediador de
gran importancia por su actividad como estabilizador de membrana, su
utilidad está basada en la inhibición de la agregación plaquetaria, la
activación de la fibrinolisis, la vasodilatación arterial y venosa, que
aumenta la perfusión capilar, y la disminución de la migración y adhesión de
los leucocitos.
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Fibrinolíticos:
La Estreptoquinasa, la Uroquinasa y el r-tPA constituyen parte de
este grupo de fármacos de origen diverso. Su indicación estriba en su efecto
sobre los trombos al producir la lisis de los mismos. Sin embargo, su eficacia
sobre la mejora en la supervivencia de los tejidos sólo se mantiene durante la
primeras 12–24 horas tras el recalentamiento.
Tabla 2. Protocolo
de tratamiento (adaptado de McCauley et al.)
-
Enviar al paciente a
una unidad especializada si es posible
-
En admisión,
recalentamiento rápido en agua templada entre 40-42ºC de 15 a 30 minutos o
hasta que se produzca la descongelación completa
-
Una vez
descongeladas tratar las partes afectas de la siguiete forma:
-
Desbridar las
ampollas de contenido claro y instaurar tratamiento tópico con Aloe vera cada
6 horas
-
Dejar las ampollas
de contenido serohemático e instaurar tratamiento tópico con Aloe vera cada 6
horas
-
Elevar los miembros
afectos
-
Administrar la
profilaxis antitetánica
-
Administrar
analgesia con opiaceos
-
Administrar
ibuprofeno 400mg cada 12 horas
-
Administrar
penicilina benzatina 600.000 u cada 6 horas iv durante la fase edematosa
(24-48h) para evitar sobreinfecciones estreptococicas en la piel
-
Sesiones de
hidroterapia diarias
-
Fotografias en el
ingreso, a las 24 horas y seriadas cada 2 o 3 días
-
Prohibir fumar
|
-
Tratamiento
quirúrgico: Clásicamente el papel de la cirugía se ha limitado a una actitud expectante
hasta el momento en que se hayan demarcado los surcos de eliminación entre el
tejido viable y el no viable, lo cual implica una espera de entre 60 y 90
días. La única indicación para el tratamiento quirúrgico en fases precoces se
debía a los procesos compartimentales en los que se realizaban escarotomías y
fasciotomías, junto a los procesos infecciosos profundos que implicaban un
gran riesgo de gangrena, la cual conducía a la práctica de amputaciones
precoces. Una vez concretado el surco de eliminación, se procede a la escarectomía o a
la amputación de la parte momificada. Las amputaciones practicadas en etapas
tardías, siempre realizas en forma de guillotina con el fin de conservar la
mayor cantidad de tejido, demuestran con frecuencia una menor pérdida de la
que se esperada clínicamente en las fases precoces de la congelación. La
actitud quirúrgica tras la amputación o la escarectomía consiste en el cierre
del muñón o del defecto existente.
Dadas las características de las amputaciones (en guillotina) y debido al gran
riesgo de infección y de dehiscencia no se aconseja el cierre directo de los
defectos ocasionados por las congelaciones. Se recomienda el cierre por
segunda intención y la aplicación de injertos en las zonas cruentas. Sin
embargo, por la topografía de estas lesiones, manos y pies suelen estar
afectados y los requerimientos funcionales de estas zonas precisan, por lo
general, reconstrucciones mediante colgajos que aporten vascularización a la
zona y que den una cobertura adecuada a las estructuras expuestas. En la actualidad las nuevas pruebas diagnóstico-evolutivas (gammagrafía ósea
en tres fases) han producido un cambio en la actitud quirúrgica pues se pueden
conocer, con antelación a la demarcación clínica, los niveles de viabilidad de
los tejidos. Esto implica la posibilidad de una intervención quirúrgica de
forma diferida dentro del primer mes, sin necesidad de esperar hasta que el
surco de eliminación este totalmente delimitado, con el fin de acelerar el
proceso de rehabilitación.
Desde el punto de vista quirúrgico más agresivo y promovido por la diferente
susceptibilidad que tienen los tejidos frente al frío, se ha diseñado un
protocolo, utilizando como sistema diagnóstico evolutivo el rastreo óseo en
tres fases, para evitar al máximo las amputaciones. Este protocolo, que se
basa en los patrones de distribución del radioisótopo, propone un tratamiento
agresivo de los pacientes que muestran un patrón de ausencia de captación en
las fases ósea y tisular, y consiste en el desbridamiento de todas las partes
blandas a excepción de tendones, paquetes vasculonerviosos y hueso, para
después proceder a la cobertura mediante un colgajo. Los tejidos respetados,
de bajas necesidades energéticas, tienen así más posibilidades de sobrevivir
hasta que el nuevo tejido vascularizado se haga cargo de su nutrición.
Secuelas Se definen como el conjunto de problemas clínicos y paraclínicos sobre un
sustrato anatómico detectable o no, que sobrevienen de seis meses a varios
años tras la lesión por el frío. Las complicaciones importantes son escasas y
dependen del grado de congelación. Se pueden clasificar en 3 grupos:
-
Secuelas subjetivas:
-
Dolor residual.
-
Dolor de exposición al frío.
-
Disminución de la sensibilidad fina y discriminativa.
-
Hipersensibilidad al frío.
-
Secuelas objetivas:
-
Modificación de la textura del revestimiento cutáneo(30%)
-
Modificación de faneras (34%)
-
Modificación de la coloración cutánea tras la exposición al frío.
-
Hiperhidrosis con tendencia a desarrollar infecciones micóticas (13%)
-
Mutilaciones y deformidades.
-
Ulceraciones
-
Degeneración maligna
-
Secuelas radiológicas:
Tabla 3.-
Clasificación de los pacientes según sus seculeas
|
Grupo I.
8% |
Sin secuelas |
|
Grupo II
46%
|
Hipersensibilidad al frio
Dolor
Parestesias
Cambios de la coloración y temperatura de la piel tras la exposición al
frío
Modificaciones mínimas de la piel y falanges |
|
Grupo III
36%
|
Problemas de sensibilidad mayores y permanentes por el frío
Modificaciones permanentes de la coloración de la piel y la temperatura
Anomalía de la textura de la piel
Dolores frecuentes
Problemas importantes de faneras
Molestias funcionales |
|
Grupo IV 10%:
|
Señales subjetivas importantes
Formación de escaras
Deformaciones y perdidas de tejidos importantes
Malos resultados funcionales |
Tratamiento de
las secuelas
-
Rehabilitador:
Readaptación de la marcha en las congelaciones de los pies, que se
complica a causa de la fragilidad que presenta la nueva piel y los malos
receptores sensitivos, que originan a menudo perdidas del equilibrio.
Readaptación de las funciones manuales. Se inicia el proceso primero por los
gestos usuales, luego los más complicados y por ultimo los más finos.
-
Psicológico:
Como en toda patología en la que, como resultante, se encuentra la
pérdida de algún miembro o se generan secuelas de por vida, el apoyo
psicológico se indica con el fin de impulsar de nuevo las expectativas que el
tratamiento reconstructivo puede proporcionar.
-
Tratamiento quirúrgico de las
secuelas:
-
Cirugía paliativa:
En este apartado incluimos las técnicas encaminadas a disminuir las
secuelas dolorosas y vasoespásticas, que de forma temporal en la mayoría
suelen presentarse tras las congelaciones. La simpatectomía constituye el
método de elección para su tratamiento al disminuir el dolor residual y
mejorar los fenómenos vasoespásticos. Otro tratamiento con el mismo propósito
constituye la Estimulación Eléctrica Medular, que consiste en la estimulación
de los cordones posteriores mediante un neurotransmisor, que emite impulsos
eléctricos a nivel de las áreas medulares afectas y de efectos similares a la
simpatectomía.
-
Cirugía reconstructiva:
Su finalidad a parte de disminuir las molestias mediante modelado de
los muñones, es la de proporcionar el mayor grado funcional posible, para
permitir una rápida reinserción socio-laboral. Estos objetivos en manos que
han perdido en parte o en su totalidad gran número de sus radios, únicamente
pueden obtenerse mediante la optimización de los restos sanos, utilizados como
“dedos banco” o bien mediante la transferencia de dedos del pie a la mano. Sin
embargo estas técnicas de transferencia no están libres de complicaciones,
debidas fundamentalmente a los fenómenos vasoespásticos que suelen constituir
un hecho bastante frecuente en los casos de congelaciones graves.
HIPOTERMIA Se define como el
estado fisiopatológico que se presenta cuando la temperatura corporal central
cae por debajo de 35ºC.
Fisiopatología La disminución
progresiva de la temperatura central se correlaciona con una disminución del
metabolismo por disfunción enzimática. Junto a esto, las pérdidas de agua
debidas a la falta de reabsorción a nivel renal y a la redistribución de ésta
al compartimento extravascular producen hipovolemia e hipoperfusión renal, la
cual se agrava por la acidosis presente, consecuente en parte a la hipoxia
tisular y la aparición de un metabolismo anaerobio.
Estas alteraciones, que pueden conducir al fallo renal, provocan a su vez
desequilibrios electrolitos, que en el caso del potasio provocan alteraciones
a nivel de la conducción cardiaca, que incluyen la fibrilación ventricular
refractaria a la cardioversión a temperaturas centrales inferiores a 30ºC.
A nivel del Sistema nerviosos central el primer síntoma que se puede demostrar
es un ligero cambio del humor, seguida de descoordinación, disartria,
desorientación progresiva y pérdida de conciencia, hasta cesar toda actividad
vital.
Tratamiento
La primera actitud, al igual que en el resto de las patologías producidas por
el frío, es retirar al paciente de la exposición al medio, iniciar el proceso
de recalentamiento y proceder al traslado a un centro hospitalario. El aporte
de calor puede realizarse de varias formas:
-
Recalentamiento externo, mediante
fuentes externas de calor y aislantes térmicos
-
Recalentamiento interno, mediante
la inhalación de aire cálido entre 37 y 43ºC, la infusión de líquidos IV entre
37 y 41ºC , o el recalentamiento interno extracorpóreo mediante hemodiálisis,
diálisis peritoneal y circulación extracorpórea total o parcial.
A su entrada en un centro
hospitalario, estos pacientes se encuentran deshidratados e hipovolémicos,
muestran una acidosis metabólica de moderada a severa y evidencia de
hiperkalemia. Por ello el tratamiento general de la hipotermia debe
encaminarse a restituir el volumen plasmático con el fin de mejorar la función
renal, restaurar el equilibrio ácido-base y corregir las alteraciones iónicas
con especial hincapié sobre la hiperkalemia, causante de alteraciones
cardiacas que pueden llevar a la muerte por alteraciones del ritmo cardiaco.
LESIONES POR RADIACION
Etiopatogenia
Se producen por la afectación de los tejidos por radiaciones ionizantes
caracterizadas por tener una alta energía para penetrar en los tejidos e
ionizar sus componentes. Existen
diversos tipos de radiación:
-
Partículas alfa: muy destructivas
aunque con poca penetración tisular. Se suelen utilizar como isótopos en
procedimientos diagnósticos.
-
Partículas beta: más penetrantes,
usadas en radioterapia superficial
-
Rayos gamma: utilizados en
procedimientos diagnósticos. Los rayos X son del mismo tipo, aunque son
producidos artificialmente.
-
Ortovoltaje: producido normalmente
por máquinas, oscilando entre 800000 y 400000 voltios.
-
Supervoltaje: partículas cuya
energía supera el millón de voltios. Son típicas de los aceleradores, como el
lineal.
Rad: es la unidad de medida común
en radioterapia. No representa la energía que libera la máquina, sino la que
es absorbida por unidad de masa del tejido.
Efectos
biológicos de la radiación Se
desconocen en su totalidad y no sería correcto de hablar de “quemadura”.
Parece ser que las radiaciones producen daño celular por una única vía,
alterando el DNA. Esto produciría varios efectos:
-
A dosis terapéuticas se produciría
el daño en el DNA pero la célula seguiría viva, aunque sin capacidad para
replicarse o reproducirse.
-
A dosis mayores habría disolución
celular. En tejidos con rápidas y abundantes divisiones celulares, como el
intestino o los linfocitos, los efectos se producen en horas o días. En cambio
en tejidos con poco recambio celular, como las neuronas o el músculo estriado,
los efectos no son clínicamente evidentes hasta que la célula simplemente no
se reproduce. Por esto son mal llamados “radioresistentes”.
Evidentemente la capacidad de regeneración de un tejido postradiación ,
dependerá exclusivamente de la población de células supervivientes.
Clínica
En la práctica las lesiones por radiación se ven en tres tipos de pacientes:
-
Por exposiciones accidentales a
altas dosis de radiación, en accidentes laborales o guerras.
-
En pacientes que requieren cirugía
tras radiación terapéutica planeada o por fracaso de ésta.
-
Pacientes con secuelas tras
radiación terapéutica.
-
Efectos locales:
-
Agudos: En
accidentes industriales. Altas dosis en poco tiempo. Se producen lesiones
cutáneas y tejidos locales parecidas a quemaduras, pero de mayor profundidad y
de progresión más lenta. Primero se observa un eritema que, aunque puede
desaparecer, recurre cíclicamente. Posteriormente hay edema, prurito y dolor,
produciéndose una descamación del epitelio, que puede progresar a ulceración.
-
Subagudos:
Por repetidas dosis de baja intensidad durante largos períodos. Hay eritema
con edema asociado e inflamación de mucosas, muy persistentes.
No suele haber úlceras o necrosis. A los meses
la piel y el tejido subcutáneo se encuentran engrosados, duros y con
pigmentación. Son los cambios típicos observados tras radiación terapeutica.
-
Crónicos:
Por exposiciones repetidas a bajas dosis y largos períodos. Se suelen
producir en trabajadores expuestos a los rayos X. Años
después pueden observarse lesiones que evolucionan hacia la transformación
maligna.
-
Infecciones:
El tejido irradiado no tolera la contaminación bacteriana como el
normal y se han observado más tasas de infección en cirugía del tejido
radiado. Los antibióticos sistémicos no difunden bien en estos tejidos a pesar
de estar más vascularizados. Por esta razón es conveniente efectuar las curas
tópicas con antibacterianos que penetren bien en la escara o tejidos
necróticos, como la sulfadiazina argéntica.
-
Transformación maligna:
Para considerar responsable a la radiación de una transformación
maligna, se deben de cumplir unos criterios (Cahan):
-
Evidencia histológica que la
malignización no estaba presente antes de la radiación.
-
La malignización se produce en el
campo expuesto a la radiación.
-
Existir un período latente
(generalmente más de 10 años)
-
Confirmación histológica de la
transformación maligna.
Tratamiento
-
Radiación aguda:
En la práctica se observa en accidentes y normalmente en las manos,
variando las dosis de radiación total y parcial según el tiempo de exposición.
El tratamiento que interesa al cirujano plástico es el puramente local. En
principio se debe ser conservador, ya que las lesiones son progresivas.
-
Para el dolor, sedantes y/o
analgésicos, y localmente curas con tules grasos o cremas de esteroides.
-
Si la lesión se produce en las
manos, aplicar los principios de las quemaduras , es decir, ferulización
funcional, etc…
-
Si hay desepitelización o formación
de úlceras, sería conveniente utilizar antibióticos tópicos, porque el cuadro
puede evolucionar a infección y gangrena progresiva que puede requerir un
amputación temprana
-
La cirugía debería efectuarse
cuando disminuya el edema (fase subaguda). Se harán amplias escisiones de
tejidos, proporcionando luego una buena cobertura.
-
Cirugía tras terapia radiante:
La radioterapia precirugía está encaminada a reducir la masa
tumoral y hacer más “operable” al tumor. No obstante esta disminución no
significa que el tumor sea radiosensible. Ya que el abordaje quirúrgico se
altera en los campos radiados, tendremos en cuenta unas consideraciones:
-
No intervenir en la fase aguda de
edema, ya que hay más sangrados y más posibilidad de infecciones. En fase
crónica tampoco es conveniente pues los tejidos están más isquémicos y
fibrosados. Lo ideal sería tras la fase inflamatoria antes de que se
establezca la crónica.
-
La cobertura de las zonas
intervenidas se hará a base de injertos sólo en zonas inmóviles, y
preferentemente a base de colgajos sobre todo si hay exposición ósea o cierre
a tensión.
-
En caso de disecciones radicales de
cuello procurar que las incisiones no pasen por la línea carotídea.
-
Los injertos óseos no suelen
prosperar en tejidos irradiados.
-
Administrar antibióticos sistémicos
aunque alcancen dosis más bajas.
-
Ulceras postradiación:
Suelen producirse por tratamientos prolongados, y sus
localizaciones más frecuentes son en la boca, cuello, tórax y sacro.
Los síntomas son similares a las úlceras de otro origen pero suelen
asociarse a mucho dolor.
-
No utilizar los márgenes
comprometidos en la reconstrucción
-
Extremar cuidados locales y control
de la infección
-
Se resecará la úlcera ampliamente
con sus márgenes y se efectuará una buena cobertura, normalmente a base de
colgajos.
-
Transformación maligna:
Se suele producir tras muchos años de exposición en trabajadores y
en las manos. La degeneración más frecuente es en carcinoma escamoso. Este se
tratará como tal, sea cual sea la localización.
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