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Tema 88.
TRAUMATISMO ELÉCTRICO
José Manuel Arévalo Velasco. Servicio de Cirugía
Plástica y Unidad de Grandes Quemados. Hospital
Universitario de Getafe
Javier Valero Gasalla. Servicio de Cirugía
Plástica y Unidad de Grandes Quemados. Hospital Juan
Canalejo
INTRODUCCION
El traumatismo eléctrico se produce cuando el organismo entra a formar parte
de un circuíto eléctrico, con el paso de la electricidad a través de los
diferentes tejidos. A pesar de que esta injuria forma parte del conjunto que
compone el trauma térmico, el síndrome clínico a que da lugar es bastante
diferente del resto de los accidentes térmicos. El manejo correcto de una quemadura eléctrica exige el
conocimiento de:
-
las propiedades físicas de la
electricidad,
-
la fisiopatología sistémica y
regional de su acción
-
las características locales de la
quemadura y,
-
el amplio abanico de complicaciones
que pueden darse.
EPIDEMIOLOGIA
En USA, el trauma eléctrico supone entre un 4% y un 7% de los ingresos anuales
que tiene una Unidad de Grandes Quemados (UGQ), siendo la mortalidad de
aproximadamente 1000 pacientes al año. La mayoría de estas son debidas a
traumatismos por alto voltaje (>1000 voltios),
conllevando un porcentaje en la amputación de miembros en torno al 60%. El
accidente por rayo causa alrededor de 300 fallecimientos al año, ocurriendo el
60% de ellos en los meses de Verano (1). En nuestro pais no se dispone de
datos con carácter nacional que refleje fielmente la importancia
epidemiológica de este problema, pero analisis individualizados en las
diferentes UGQ españolas pone de relieve la magnitud y similitud de este
problema con otros paises.
BIOFISICA DE
LA ELECTRICIDAD El daño
que provoca una corriente eléctrica depende de varios parámetros intrínsecos a
ella y de la respuesta de los diferentes tejidos a su paso. La mayoría de los
accidentes son debido a corrientes alternas, ya que son utilizados en gran
medida por la industria y a nivel doméstico. El término alterno hace
referencia a la frecuencia ( se mide en hercios) con que la polaridad del
flujo eléctrico cambia de sentido. En paises Europeos este valor es de 50
veces por segundo y de 60 veces en paises Americanos. Este flujo cíclico tiene
una especial propensión a producir arritmias cardíacas graves como una
fibrilación ventricular cuando pasa por el corazón. También produce
tetanización muscular, dificultando así la separación del sujeto con la fuente
eléctrica. Por el contrario, la corriente contínua no cambia de polaridad.
Este tipo de flujo se utiliza habitualmente en baterias, pilas y
microcircuitos. Con voltajes bajos (<50 voltios) la corriente continua no
penetra en la piel ni causa ninguna alteración sistémica. También se considera
que con voltajes elevados, que daño que produce es un tercio menor al que
realiza una corriente alterna.
El voltaje (V) representa la fuerza de potencial o tensión eléctrica y se mide
en voltios. Al conectar dos puntos con diferente potencial eléctrico, se
produce en el cuerpo conductor un paso de corriente de una determinada
intensidad (I). Esta intensidad se mide en amperios y está en relación inversa
con la resistencia (R) que este ofrece: I=V/R. Por lo
tanto, la severidad de la lesión por electricidad es proporcional al voltaje y
a la intensidad de la corriente. La energía eléctrica
puede transformarse en cualquier tipo de energía. Al comportarse el cuerpo
humano como un conductor sólido, esta energía se transforma en calor. La
cantidad de calor que se disipa al paso del flujo eléctrico por los diferentes
tejidos está determinada por la ley de Ohm y el efecto Joule. La producción de
calor medida en julios está expresada en la ecuación: J = I2 x R x T x 0.24
donde J es la producción de calor, I es la intensidad de la corriente, R es la
resistencia de los tejidos, T es el tiempo de contacto y 0.24 es una
constante. Así pues, se puede afirmar que el daño producido en los tejidos por
una corriente eléctrica depende de el tipo de corriente, de la diferencia de
potencial que transporta, de su recorrido en el organismo, y además es
directamente proporcional al cuadrado de la intensidad, a la resistencia de
los tejidos y a la duración del contacto (2).
TIPOS DE
TRAUMATISMO ELECTRICO
Arbitrariamente se dividen en daño eléctrico por alta tensión, cuando la
diferencia de potencial sufrida es >1000 voltios y daño por baja tensión
cuando el voltaje es inferior a 1000 voltios. En ambos tipos el contacto con
la corriente eléctrica es de tipo directo. Aproximadamente, el 80% de todos
los accidentes eléctricos son causados por corrientes de bajo voltaje. Estos
se producen con voltajes entre los 120-220 voltios, son de ámbito doméstico y
afectan fundamentalmente a la población infantil. Las lesiones que producen
son pequeñas quemaduras pero profundas en zonas distales (dedos, boca) y otras
veces cuando desencadenan arritmias graves pueden llevar al fallecimiento.
El síndrome de electrocución por alto voltaje abarca la producción de
quemaduras cutáneas de varios grados (desde dérmicas profundas a subdérmicas)
combinadas con una destrucción intensa de tejidos profundos y la afectación de
múltiples órganos pudiendo llevar a la amputación de extremidades o la muerte.
Las características de este trauma recuerdan a las que prodece el síndrome por
aplastamiento y al síndrome por explosión (Figura 1).

Figura 1.-Descarga por alto voltaje (40000 voltios) con recorrido brazo-brazo.
Primer día postruma. Se ha realizado fasciotomía de los dos compartimentos del
antebrazo izquierdo así como del tunel carpiano. Se puede apreciar el aspecto
deslustrado de la musculatura anterior y de sus tendones.
La lesión eléctrica por arco
voltaico es un contacto indirecto (a través del aire) con una línea de alta
tensión. Se produce cuando la víctima se encuentra lo suficientemente cerca de
una línea de alta tensión que transporta diferencias de potencial >50000
voltios. Cada 10000 voltios se forman arcos de 2 centímetros. Además, en estos
casos el sujeto puede ser atraido hacia el tendido por la formación de campos
electromagnéticos. Por otro lado hay que tener en cuenta que la electricidad
también conduce por el aire. El
traumatismo eléctrico por rayo es una descarga de potencial muy intensa (
>1000000 voltios ) de origen natural que causa la muerte instantánea o apnea
por parálisis de los centros respiratorios. Esto hace que la resucitación
cardiopulmonar deba ser muy precoz y mantenida en el tiempo hasta poder
valorar la función cerebral de forma objetiva. Son típicas en estos pacientes
las quemaduras en forma de arborización o de carácter serpiginoso.
El flash eléctrico no se un tipo de accidente eléctrico propiamente dicho ya
que no hay ningún tipo de contacto con el flujo eléctrico ni se produce daño
eléctrico. Se trata de una quemadura por llama convencional producida por una
chispa de la electricidad, que es la que incendia las ropas de la victima (3).
FISIOPATOLOGIA
DEL DAÑO POR ELECTRICIDAD
Efecto
térmico El mecanismo patológico
más importante de lesión tisular en el trauma eléctrico es la producción de
calor. Pero también se combinan efectos electromagnéticos, de electrolisis,
roturas de membranas biológicas y fenómenos de excitación nerviosa, muscular y
cardíaca. La producción de calor
depende de la diferencia de resistencia que posee cada tejido. De menor a
mayor la resistencia de los tejidos cuando se colocan en serie es: nervio,
vaso, músculo, tendón, grasa y hueso. En el tejido óseo es donde se genera la
mayor producción de calor, provocando en él áreas de necrosis aisladas
subperiósticas. Por otro lado, el hueso almacena esta gran cantidad de calor (
se estima que puede alcanzar hasta 20000º), disipándose poco a poco hacia el
tejido muscular causando un continuo daño nuscular y a las estructuras
adyacentes. La musculatura más externa y la piel pueden verse menos dañados si
logran disipar rápidamente el calor generado. Esto no es óbice para pensar
siempre que debajo de una piel sin lesión exista un músculo sano. El edema y
la necrosis que desarrolla el tejido muscular da lugar a un síndrome
compartimental que a su vez agrava progresivamente la circulación (Figura 1).
Los vasos sanguíneos si son de un diámetro pequeño pueden ser trombosados
instantáneamente, pero si son mayores, el flujo laminar sanguíneo puede
disipar el calor que ha generado o le ha sido transmitido por el paso de la
corriente. Aún en la actualidad, se desconoce todavía si el daño muscular es
un hecho progresivo y activo secundario a las microtrombosis vasculares y a
los daños intimales de los grandes vasos; o por el contrario, que el daño
muscular sea una manifestación no progresiva e irreversible de los vasos
sanguíneos establecida ya desde el momento en que pasó la corriente.
La piel también es un órgano con una gran resistencia al paso de la
electricidad, lo cual provoca lesiones localizadas a la entrada y a la salida
de la corriente. Las lesiones que se producen en el punto de salida no tienen
por qué ser siempre mayores que las producidas en el punto de entrada. Este
hecho no sólo depende de los parámetros de la electricidad sino también del
recorrido que realice y del grado de humedad de la piel en las localizaciones
de entrada y salida. En corrientes de tipo alterno es posible que el punto de
entrada y de salida sea el mismo por la alternacia de flujo que realiza cada
segundo. También puede no existir un punto de entrada y otro de salida si la
descarga eléctrica se produce con el cuerpo sumergido en agua ya que esto
reduce la resistencia cutánea y aumenta el área de contacto.
La mayor severidad del contacto eléctrico se produce en las extremidades. Esto
es debido a que la relación entre el diámetro de la extremidad por unidad de
corriente es menor que la existente en el tronco. Por otro lado, en las
extremidades al considerar los diferentes tejidos que la componen como
colocados en paralelo, se produce más calor en los tejidos con menor
resistencia (músculo, vaso y nervio). De esta forma se explica la gran
destrucción muscular, de vasos y nervios en las extremidades, no explicable
por la disipación de calor desde el hueso (Figura 1).
Efecto a
nivel celular Se trata de la
presencia signos clínicos no explicables por el efecto térmico de la ley de
Joule. A nivel celular se producen roturas en los enlaces macromoleculares
causando desnaturalización protéica, alteraciones estructurales en el ADN y
ARN y de la electroconformación de los canales de energéticos celulares.
También se producen alteraciones de diverso grado en el potencial
transmembrana produciendo alteraciones en el tamaño, la geometría y la
orientación celular. Los sucesos anteriormente llevan en conjunto a la
alteración de mayor magnitud y consecuencias para la célula: la
electroporación. Este concepto se refiere a la disrupción de la membrana
celular. Esto aumenta la permeabilidad posibilitando la entrada a diferentes
macromoléculas e iones. Existe un número límite de poros (en cuanto a número y
tamaño) que hace a la célula incapaz de recuperar su macroestructura y por
tanto inviable (4).
MANIFESTACIONES CLINICAS
Consideraciones generales Las
presentaciones clínicas del daño eléctrico son muy variables, abarcando desde
pequeñas lesiones cutaneas hasta grandes traumatismos tisulares con afectación
multiorgánica. La severidad del traumatismo causado depende de los parámetros
del flujo eléctrico, del calor generado según la resistencia de los tejidos
que atraviesa, si los tejidos por los que pasa se disponen en serie o en
paralelo (el trayecto más deletéreo es el de mano-mano) y de la presencia de
fracturas debidas a la tetanización muscular. El examen físico de estos
pacientes ha de ser muy minuciosa ya que pueden verse afectados todos los
órganos y sistemas.
Lesión
cutánea La piel posee una
elevada resistencia al paso de la corriente eléctrica. Esta resistencia es
directamente proporcional con el grosor cutáneo e inversamente proporcional
con el grado de humedad y con la superficie de contacto. En este sentido, en
corrientes de bajo voltaje es necesaria una determinada densidad de corriente
(amperios/cm2) para producir una lesión puntiforme con un área de
carbonización circunscrita. En corrientes de alto voltaje se produce una
lesión de entrada y otra de salida con áreas de carbonización adyacente. Es
habitual denominarlas “en iceberg” por la gran cantidad de traumatismo
distante que se halla al realizar los desbridamientos quirúrgicos. A menudo
también se halla en la zona de entrada restos metálicos a modo de tatuaje,
esto se debe a la vaporización del contacto metálico y su posterior
incrustación en la superficie cutánea. Esto a veces se confunde con la
presencia de una escara. A menudo el contacto eléctrico puede desencadenar la
ignición de las ropas de la victima, añadiéndose aun más morbilidad por la
presencia de quemaduras por llama e incluso un síndrome de inhalación de humo.
Esta situación no suele ser habitual, a menos que quede atrapado, porque el
sujeto es desplazado a distancia de la fuente eléctrica.
También es común hallar lesiones cutáneas denominadas “en beso” ya que se
localizan en la cara flexora de las articulaciones o de grandes pliegues
(Figura 2). Esto sucede porque la corriente tiende a realizar el recorrido más
corto y esto además se ve facilitado por la humedad de estas áreas.
 Figura 2.-Descarga por alto voltaje (15000 voltios). Lesión cutánea “en beso”
localizada en la cara anterior del cuello. En otras ocasiones se pueden hallar “marcas de corriente” distribuidas por
gran parte de la superficie corporal cutánea (Figura 3). Este hallazgo es
debido a la incorporación del organismo en el campo electromagnético de la
corriente realizando así el flujo eléctrico múltiples circuitos accesorios al
recorrido principal (5).

Figura 3.-Descarga por alto voltaje (10000). “Marcas de corriente” en la palma
de la mano derecha. También presentaba este tipo de lesión en la pierna
derecha. El recorrido en este paciente es de mano izquierda a pie izquierdo
con lesiones típicas en iceberg a este nivel.
Lesión
muscular El daño muscular y sus
consecuencias sistémica, dominan el cuadro clínico inmediatamente después del
shock eléctrico por alto voltaje. Esta lesión se produce por efecto térmico
directo o por disipación de calor desde otras estructuras con mayor
resistencia al paso eléctrico. La gran cantidad de tejido muscular que puede
verse afectado, remeda en gran medida este síndrome con el de aplastamiento.
Esta gran vulnerabilidad del músculo es debida a su buena vascularización y a
la presencia adyacente tejidos de alta resistencia como la fascia, los
tendones y el tejido graso circundante. La electroporación de la membrana de
la célula muscular va a liberar diversas proteinas intracelulares. Las de
mayor relevancia son la mioglobina y la creatin fosfokinasa (CPK). Altas
concentraciones de mioglobina producen un fracaso renal agudo por obstrucción
tubular. La CPK es utilizada para el diagnóstico y como monitorización de la
respuesta terapeútica. A parte de estos enzimas musculares, se libera gran
cantidad de potasio con la consiguiente alteración del equilibrio ácido-base.
En los primeros momentos, los límites de la lesión muscular son dificiles de
establecer. Diversos autores han demostrado que el daño celular letal se
produce inmediatamente tras el shock pero este es irreconocible externamente
hasta que se produce la autolisis celular. También se ha objetivado que la
electroporación se puede producir aisladamente sin desnaturalización proteica,
con lo cual el cambio externo es inapreciable. Estas células aparentemente
viables pero con la membrana celular dañada no responden a ningún impulso de
estimulación eléctrica durante la cirugía. El músculo que sangra pero no tiene
signos de contractilidad se necrosará en las siguientes horas. En el daño
final de este tejido intervienen simultáneamente el trauma térmico y el
eléctrico. Todo ello hace aconsejar evaluaciones secuenciales y
desbridamientos seriados (Figura 1) (6).
Lesión
vascular Los vasos sanguíneos
son tejidos de baja resistencia. El paso de la corriente por ellos puede dar
lugar a la interrupción de la perfusión tisular. Si el vaso no tiene un flujo
laminar capaz de disipar el calor generado, se produce la desnaturalización de
la elastina y de moléculas de colágeno de la capa intimal. Esto provoca el
despegamiento parcial de esta capa de la pared vascular, iniciándose así la
formación de una trombosis intravascular. Estudios de microscopía electrónica
han objetivado también diversos cambios en las células endoteliales: cambios
de polaridad, rotura de las uniones intercelulares, rotura de la membrana
celular, etc. Estos hechos también hacen que se active la cascada de la
coagulación. La experiencia clínica y los estudios con modelo animal indican
que no es frecuente que se produzcan trombosis en vasos cuyo diámetro sea >3
mm inmediatamente después de sufrir el shock eléctrico. Sin embargo, es
frecuente que suceda la rotura tardía como sucede en los niños que tuvieron
una descarga eléctrica en la comisura oral. Es habitual que esto suceda
alrededor de dos semanas después del traumatismo. Este fenómeno ha sido
observado también en los vasos de las extremidades. Los estudios de
laboratorio que han evaluado la perfusión tisular después de un accidente
eléctrico indican que inmediatamente después del trauma se produce una
hipoperfusión transitoria debido a la liberación de derivados del ácido
araquidónico para enfriar el tejido y minimizar el daño. Si el calor generado
es elevado, se producen los cambios celulares intimales anteriormente
descritos que llevan a la formación de una trombosis intravascular. Si el
calor es aún mayor, se produce la desnaturalización de las macromoléculas del
torrente sanguíneo y lisis celulares que dan lugar a la oclusión del vaso y al
consumo de factores de la coagulación llevando en pocas horas al estado de
coagulación intravascular diseminada y a una deplecion de la mielopoyesis (7).
Lesión
cardíaca Es conocido que el
trauma eléctrico puede causar la muerte por la producción de arritmias
letales. Muchos de estos fallecimientos ocurren por la tardanza en llegar a la
escena, por la falta de medios, por inexperiencia o por no realizar una
resucitación suficientemente prolongada. Se estima que aproximadamente un 37%
de los pacientes que sufren un traumatismo eléctrico desarrollan algún tipo de
lesión cardíaca. En pacientes que
sufren una descarga por bajo voltaje, se puede desencadenar una arritmia
maligna y fallecer si la corriente irrumpe en el ciclo cardíaco en el período
crítico de repolarización ventricular (al final de la R). Estas muertes
instantáneas son más frecuentes en con este tipo de corriente. También puede
influir el mayor tiempo de contacto por tetanización al ser un flujo alterno.
En el caso de descargas por alto voltaje o por rayo, la lesión cardíaca puede
identificarse electrocardiográficamente en la misma escena del accidente. Es
raro que una víctima tenga un electrocardiograma (ECG) normal inmediatamente
despues del suceso y más tarde desarrolle anomalias del ritmo. Las arritmias
más frecuentes son la taquicardia sinusal y cambios inespecíficos de la onda
T. Habitualmente estas lesiones se resuelven en horas o días.
El daño puro del músculo cardíaco es raro. Por otro lado, el isoenzima del
músculo cardíaco (CPK-MB) es poco específica ya que se eleva con el
traumatismo mucular esquelético.
Actualmente se están revisando los criterios para monitorizar ECG a los
pacientes con traumatismo eléctrico. Los estudios de Bailey y cols. y Carleton
y cols. (8, 9) han demostrado que el riesgo de sufrir una arritmia después de
un shock eléctrico es bajo y aun así la mayoría de estas sólo permanece
durante el período prehospitalario. En este sentido ofrecen unas indicaciones
racionales y coste-efectivas para la realización de estudios cardiológicos en
pacientes con shock eléctrico (tabla 1).
Tabla 1. Indicaciones de monitorización cardíaca.
Paso transtorácico de la corriente.
Después de sufrir una descarga por rayo o por alto voltaje.
Dolor torácico e hipoxia.
Shock cardiogénico.
Pérdida de conciencia.
ECG anormal objetivado en la escena del accidente o en Urgencias.
Diagnóstico ECG de taquicardia sinusal, alteraciones del segmento ST. de la
onda T o ectopia ventricular.
Enfermedades cardiovasculares subyacentes.
Lesión
neurológica Este tipo de
lesiones son frecuentes en el trauma eléctrico por alto voltaje o por rayo. El
tránsito de la corriente puede o no incluir en su circuito la región craneo-espinal
para dar lugar a un amplio espectro de lesiones, centrales o periféricas,
inmediatas o retardadas y transitorias o permanentes. A este efecto, también
se puede sumar el daño craneal que pueda suponer un traumatismo a este nivel
por el desplazamiento súbito de la fuente eléctrica. La pérdida de consciencia
es frecuente y puede ser el resultado de una afectación transitoria de los
centros respiratorios bulbares, causando desde una hipoventilación leve hasta
una insuficiencia respiratoria grave con desarrollo de asistolia y
fallecimiento. Otras alteraciones de tipo central pero de duración transitoria
son: cefaleas de distinto grado, crisis epilépticas, ansiedad, depresión
postraumática, inatención, falta de concentración, pérdida de memoria e
incapacidad para el aprendizaje. La traducción histopatológica de estos
cuadros es la gliosis reactiva, desmielinización y vacuolización parcelar y
hemorragia perivascular, o por el contrario, no apreciar ningún cambio
neuronal demostrable como en los casos de los trastornos de la personalidad y
de la conducta. Estos últimos suelen ser de aparición retardada y su
tratamiento es muy rebelde. Aún no está aclarado el por qué no todos los
pacientes que sufren un shock eléctrico presentan alteraciones neurológicas y
el papel que juegan ciertos factores como la edad del paciente, la cantidad de
voltaje que sufrió, etc. El daño
medular puede ser de presentación aguda o retardada. Su incidencia es de 2-5%
de los pacientes con trauma eléctrico. El daño medular agudo aparece a las
pocas horas del suceso y su recuperación es rápida y ad integrum en horas o
días después del accidente. El daño retardado se instaura días después del
trauma y su recuperación es muy lenta pero e incompleta, pudiendo tardar en
este proceso varios años. Los hallazgos clínicos son muy variables dependiendo
del nivel de afectación, aunque es usual un inicio brusco y de patrón
ascendente. La patogénesis de esta alteración no es conocida. Estudios
experimentales y autópsicos apuntan hacia un origen vascular que desemboca
posteriormente en edema, gliosis, cavitación y desmielinización y muerte
neuronal. Todavía se desconoce su diagnóstico precoz y un tratamiento más
eficaz que la rehabilitación precoz y prolongada.
La neuropatía periférica aguda es la lesión neurológica más frecuente en estos
pacientes, alcanzándose procentajes del 29%. Es el resultado de la suma del
daño eléctrico y térmico a lo que se puede añadir la compresión local por
edema. La neuropatía o polineuropatía periférica tardía aparecen varias
semanas o incluso años después del acciedente y son la consecuencia de una
isquemia lenta pero progresiva y de una degeneración de las fibras nervisosas
que llevan a la fibrosis. La distrofia simpático refleja también ha sido
reportada aunque se considera como una lesión menor (10-12).
Lesión
ósea Aproximadamente un 10% de
las víctimas que sufren una descarga eléctrica de alto voltaje tienen alguna
fractura. Esto es debido a la intensa tetanización muscular que se produce en
este tipo de descargas. Esta tetanización puede provocar fracturas de huesos
largos, fracturas espinales con compresión medular, luxaciones articulares y
herniación de discos intervertebrales. Por estos motivos, estos pacientes se
manejan como cualquier otro enfermo politraumatizado.
Cuando los tejidos se disponen en serie, el hueso es el que ofrece mayor
resistencia al paso eléctrico. Cuando se disponen en paralelo, son el músculo
y los vasos los que generan una mayor cantidad de calor. Esto explica la gran
destrucción muscular que se produce en un recorrido mano-mano (disposición en
paralelo), ya que se aprecian lesiones de los grupos musculares profundos y
superficiales que fisiopatológicamente no se explicaría totalmente por el
calor generado y disipado en el tejido óseo.
Por otro lado, existen problemas sobreañadidos tardíos a la afectación ósea
como la calcificación heterotópica, al secuestro óseo y las alteraciones del
crecimiento óseo cuando los afectados son pacientes jóvenes. La explicación de
este hallazgo parece ser debida a la respuesta inflamatoria sistémica junto
con el daño tisular local. La osificación heterotópica se puede producir en
áreas adyacentes articulares, en superficies sinoviales y en muñones de
amputación como resultado de la fricción contínua del hueso con los tejidos
circundantes. El secuestro óseo por las mismas razones enlentece la
cicatrización (13).
Lesiones
de otros órganos Los órganos
intraabdominales pueden sufrir lesiones diversas como perforación en el
estómago, intestino, vejiga o necrosis hepáticas, pancreáticas o de la
musculatura retroperitoneal. Estas lesiones pueden ocurrir en presencia o en
ausencia de quemaduras en la pared abdominal.
El daño renal rara vez es el
resultado del paso de la corriente eléctrica por él, sino que es debido al
efecto deletéreo de las diferentes proteínas musculares liberadas. El acúmulo
de la mioglobina, CPK y también de la hemoglobina por la lisis de los
eritrocitos puede resultar en la obstrucción tubular aguda dando lugar a un
fracaso renal agudo. La instauración de este síndrome se puede ver facilitada
y agravada por:
-
el shock hipovolémico que sufren
inicialmente estos pacientes por la gran pérdida muscular y por una
resucitación inadecuada o retardada
-
la acidosis metabólica debida a la
hiperpotasemia por la salida de este ión intracelular
-
la CID que desarrollan muchos de
estos pacientes, ya que disminuye la función del riñón por las trombosis y
hemorragias que sufre su parénquima.
Los daños oculares son frecuentes
cuando la corriente de alto voltaje atraviesa la cabeza. Estos incluyen
cataratas, glaucoma, iritis recurrentes, lesiones maculares, oclusiones de la
arteria central de la retina. Es característica la formación de cataratas de
forma tardía, sucediéndose esta lesión entre varias semanas y varios años
después del trauma. Afecta al 6% de los pacientes por lo que preciso una
evaluación minuciosa en el momento del ingreso para facilitar compensaciones
económicas futuras (14,15).
DIAGNOSTICO
La realización de una anamnesis cuidadosa puede facilitarnos el tipo de
corriente causante, ya que si se trata de un ámbito doméstico esta es de 220
voltios y si es un medio industrial probablemente se trate de alta tensión.
También es de importancia determinar el lugar del accidente para valorar la
posibilidad de la concomitancia de un síndrome de inhalación de humo,
desplazamientos o caidas para tener presente posibles fracturas o lesiones de
órganos internos y la presencia o no de testigos que nos relaten el episodio
completo y además hayan podido iniciar de forma precoz la resucitación
cardiopulmonar. La exploración
física y el manejo de estos pacientes no difiere del que se realiza ante
cualquier enfermo politraumatizado. El examen físico inicial se compone de:
-
la realización del ABC
-
la evaluación del estado
neurológico: conciencia, sensibilidad y motricidad y
-
la exploración de la quemadura
eléctrica: localización de las lesiones entrada y salida, representación del
área afectada (superficie y profundidad) teniendo presente los grupos
musculares y nervios posiblemente afectados y evaluar horariamente la
instauración de un síndrome compartimental.
Este examen será ampliado y
profundizado en el ámbito hospitalario. Así un estudio hematológico inical
puede indicar hemoconcentración por la pérdida de fluido que representa el
daño muscular, anemia por la rotura de algún vaso importante o por una
fractura. El estudio bioquímico puede revelar diversos grados de
hiperpotasemia según el daño celular sufrido. También es importante la
detección de los niveles de CPK o de mioglobina en sangre ya que están en
proporción directa con el daño muscular y con la posibilidad de desarrollar un
fracaso renal. La monitorización de la creatinina puede indicar la evolución
de la funcionalidad renal. De inestimable ayuda es la realización de una curva
de CPK cada 6 horas durante la primera semana para comprobar su evolución en
el tiempo e instaurar diferentes maniobras terapeúticas a fin de prevenir el
fracaso renal agudo. Por otro lado un estudio radiológico completo permitirá
descartar fracturas asociadas de cualquier localización, por eso se aconseja
realizar como mínimo una proyección del anillo pélvico, dos proyecciones de la
columna vertebral y una simple de tórax para descartar una perforación de
viscera hueca o la presencia de hemotórax (16).
TRATAMIENTO
Las diferentes maniobras terapeúticas médico-quirúrgicas para ayudar a estos
pacientes están perfectamente diferenciadas según los diferentes períodos
postrauma: en la escena del accidente, durante las primeras 24 horas y durante
la primera semana.
Tratamiento en la escena del accidente
En los accidentes de tipo doméstico en los que la corriente es de tipo alterno
y de bajo voltaje, la primera medida a realizar inmediatamente es la de
separar a la víctima de la fuente eléctrica. Esta acción se lleva a cabo
debidamente aislados con guantes o suprimiendo el paso de corriente
desconectando el transformador del domicilio.
En las víctimas de una descarga de alto voltaje, lo que habitualmente se
produce es un desplazamiento o caida debido a que se trata de una corriente de
tipo contínuo y con una gran diferencia de potencial. Por este motivo, el
primer principio terapeútico en estos casos es el manejo idéntico al de un
enfermo politraumatizado, realizando cada una de las técnicas con precisión y
rapidez. La otra clave para tratar con éxito estos eventos es la de tener
presente que estamos ante un “síndrome” posteléctrico y que las lesiones que
objetivamos externamente como puntos de entrada y salida no están en relación
directa con los posibles daños de órganos internos. Es relativamente frecuente
que al daño eléctrico se sume el traumatismo térmico por ignición de la ropa
del paciente. Ante esta evantualidad, es bien conocido que la detención del
fuego se realiza mediante la aplicación de una manta o similar.
El transporte se realizará siempre mediante una UVI móvil dotada de médico y
enfermera. No obstante, es fundamental tener presente las siguientes
consideraciones para realizar el traslado en condiciones ideales:
-
manejo propio de un
politraumatizado
-
cubrir con paños estériles o con
mantas al enfermo
-
instalar dos vías venosas
periféricas = a 18 G
-
inicio de la resucitación
fluidoterapia con Ringer a 500ml/hora
-
instalar una sonda Foley, y
-
control del ritmo cardíaco con 12
derivaciones.
No es necesario realizar ningún
tipo de maniobra terapeútica en los puntos de entrada o de salida eléctrica.
La colocación de las vías periféricas se realizarán en una extremidad no
dañada y en un área de piel sana, sólo cuando las cuatro extremidades estén
afectadas se instalará una vía central. El inicio de la fluidoterapia se
realizará a 500ml/hora sólo durante traslados inferiores a dos horas. La pauta
de administración fluidoterapica en el traumatismo eléctrico no sigue la
fórmula de Parkland (la superficie afectada externa objetivable es a veces muy
pequeña aunque el daño muscular puede ser muy extenso) sino que el objetivo
aqui es conseguir y mantener una diuresis horaria = a 100ml/hora. La
colocación de la sonda Foley puede ser retrasada si ello supone un retraso en
el traslado (dificultad técnica, asepsia). La monitorización cardíaca
inmediata es esencial para identificar y tratar de forma precoz cualquier tipo
de arritmia (Tabla 2) (16,17). Tabla 2. Manejo inicial del paciente con shock eléctrico.
Manejo propio de un enfermo politraumatizado.
Instauración de 2 vías venosas periféricas a 18G.
No canalizar una vía central salvo que todas las extremidades estén
afectadas.
Colocar una sonda de Foley.
Iniciar la resucitación fluidoterápica con Ringer a 500ml/h (en traslados
inferiores a 2 h).
Monitorización ECG contínua con doce derivaciones.
Evaluar puntos de entrada y salida (superfície y profundidad aproximada,
posible recorrido eléctrico).
Elevar 30º las extremidades afectadas para minimizar el edema.
Cubrir al paciente con mantas o paños estériles si se dispone de ellos.
Elevar la temperatura de la cabina de la UVI móvil.
Lo que no se debe hacer:
Demorar el traslado por dificultades técnicas para colocar la sonda Foley o
las vías.
Realizar la cura de las heridas con antisépticos tópicos.
Perder el tiempo valorando minuciosamente la profundidad y estensón de las
lesiones.
Realizar cualquier acto quirúrgico (fasciotomía, escarotomía).
Tratamiento hospitalario (primeras 24 horas)
Una vez estabilizadas las constantes vitales (control del ritmo cardíaco, del
pH, administración de la vacuna del tetanos), se procederá a la realización de
un estudio radiológico completo (tomografía
computerizada y/o resonancia magnética) para descartar la presencia de
fracturas espinales o de cualquier otra localización.
Esto nos permitira una manipulación más segura con el fin de realizar una
exploración física exhaustiva y así poder localizar y analizar las áreas
lesionadas. Conociendo los puntos de entrada y salida, podremos hacer una
estimación del recorrido de la corriente y los órganos que ha podido dañar a
su través. Así cuando se objetiva una lesión en la calota se podrá deducir una
posible lesión cerebral aguda: afectación de centros respiratorios que haya
provocado una parada cardiorespiratoria, una afectación espinal aguda o
semiaguda como la mielitis transversa dando lugar a una parálisis a diferentes
niveles alteraciones en la presión intracraneal, desarrollo de focos de
epilepsía; y una afectación cerebral difusa tardía que provoque en el futuro
cambios en el humor, falta de concentración, lagunas en la memoria, etc. Hay
que tener presente que estas lesiones se pueden agravan con una pauta de
fluidos agresiva ya que puede llevar al edema cerebral y a la compresión
medular. Como regla general para establecer la pauta de fluidoterapia se exige
una diuresis horaria de 1ml/kg/hora en pacientes cuyo peso sea hasta 30 kg, en
pacientes con un peso superior la diuresis se mantendrá en 30-50ml/hora y si
la orina se objetiva oscura o rosada o analíticamente con una CPK> a 1000 UI
(se considera que existe daño muscular a partir de 400UI) la diuresis se
elevará hasta 100ml/hora. Además de esto, otra medida para evitar la
obstrucción tubular por la cristalización de la mioglobina y hemoglobina es la
alcalinización de la orina con bicarbonato 1 o 1/6 molar al liquido de la
resucitación para mantener el pH urinario en =7.5 y la administración de 250ml
de manitol que realiza un efecto de lavado renal. Esta última medida sólo se
realizará cuando esté restablecida la volemia. Cuando la orina se torne clara
o la curva de CPK tienda a descender por debajo de 1000 UI, la diuresis
horaria se mantendrá entre 30-50 ml/hora (18).
El paso de la corriente por el tórax obliga a descartar una contusión pulmonar
que haya producido un hemotórax o un neumotórax mediante una placa simple de
tórax para colocar precozmente un tubo de drenaje torácico. La afectación del
ritmo cardíaco se puede suceder en las primeras 24-72 horas, pasado este
tiempo es raro que se presenten alteraciones del ritmo cardíaco. En estos
casos es importante la monitorización electrocardiografica con 6 derivaciones
y la realización cada 2 horas de un electrocardiograma con 12 derivaciones
para vigilar la aparición de ectopias ventriculares, taquiarritmias, bloqueos
cardíacos con el fin de tratarlos precozmente. Las alteraciones del segmento
ST o la inversión de la onda T pueden indicar isquemia miocárdica, pero como
los enzimas cardíacos pueden estar falsamente elevados se impone la
realización de técnicas de imagen para su diagnóstico. En pacientes de edades
avanzadas, con enfermedades sistémicas subyacentes o con hallazgos
cardiológicos sugerentes de lesión del músculo cardíaco es necesaria la
colocación de un catéter pulmonar Swan-Ganz. Esto permite controlar las
presiones de llenado cardíaco y evitar el efecto deletéreo de una resucitación
fluidoterápica agresiva. La
afectación de las extremidades implica una acción lesiva mayor al estar los
tejidos colocados en paralelo. En este caso es el músculo el que opone mayor
resistencia al paso eléctrico y por tanto el más lesionado. Por eso es clave
valorar de forma estrecha durante las primeras 6 horas postraumatismo la
posibilidad de la instauración de un síndrome compartimental. Este síndrome se
desarrolla por el la intensa cascada inflamatoria que provova el daño
muscular, y se puede ver agravado por la administración de abundantes líquidos
en la resucitación y/o por la acción inflamatoria de quemaduras concomitantes.
Clínicamente son típicos el dolor intenso, paresia, parestesias y la presencia
de pulsos distales. Este último signo junto con la ausencia de palidez y
frialdad de la extremidad, hacen el diagnóstico diferencial con la lesión
arterial aguda. Como confirmación diagnóstica y guía terapeútica se utiliza la
medida secuencial de la presión intracompartimental. Ante medidas
intracompartimentales= a 30-35 mmHg se indica la realización de fasciotomía.
El uso del Doppler puede ser más subjetivo ya que se basa en la audición del
latido distal y se indica la fasciotomía cuando se aprecia un debilitamiento
de este sonido (Figura 1) (19).
Actualmente se está empezando a utilizar la presión diferencial entre la
presión arterial media y la medida intracompartimental (P) porque indica de
forma más precisa el nivel de energía oxidativa que tiene el músculo. Cifras >
de 40 mmHg indican la realización de una fasciotomia compartimental (dos en el
antebrazo y cuatro en la pierna) aunque sólo uno de ellos esté afectado. La
medición de presiones intracompartimentales en el pie o en la mano puede ser
muy dificultosa por lo que se suele realizar la fasciotomía en estas
localizaciones de forma empírica. Como el retraso de esta maniobra puede
suponer la pérdida de la extremidad, si se esperan retrasos en el traslado a
una UVI de un hospital de referencia, esta se puede hacer en el hospital de 1º
o 2º nivel. Al mismo tiempo que se realiza esta intervención es aconsejable
relajar también los canales nerviosos del nervio cubital y del mediano (Figura
1). Una vez hecho esto, se realizará una cura oclusiva con un antiséptico
tópico, se colocará una férula en posición anatómica y se pautará una
cefalosporina de segunda generación (Tabla 3).
Tabla 3. Principios básicos para el manejo del shock eléctrico en las primeras
24 horas.
Traslado inmediato a una UGQ.
Valoración de lesiones asociadas: fracturas, órganos intrabdominales.
Control de arritmias cardíacas.
Corrección de las alteraciones hidroelectrolíticas.
Ante mioglobinuria: diuresis >100ml/ hora, manitol iv y alcalinización de la
orina.
Profilaxis antitetánica.
Medición horaria de la presión intracompartimental. Si > de 30mmHgfasciotomía.
Desbridamiento quirúrgico.
Instauración de antibioterapia.
Férula para mantener la posición anatómica.
Tratamiento hospitalario mediato (primera semana)
La cuestión más importante para establecer un plan quirúrgico adecuado es la
de establecer con precisión la distribución y extensión de la injuria.
Actualmente el uso de la resonancia magnética nuclear (RMN) permite detectar
de forma precisa los tejidos edematosos, que son los que han sufrido el daño
en la membrana celular debido al trauma eléctrico. Esto también puede ser de
ayuda para apoyar el diagnóstico de síndrome compartimental y realizar la
fasciotomía con una descompresión nerviosa. En los casos en los que la RMN no
detecte edema porque el daño sea aún muy inicial o porque el músculo haya sido
dañado indirectamente, es necesario la medición seriada de la presión
intracompartimental.
A veces la RMN detecta horas
después del trauma, burbujas en el interior de una masa muscular, esto no es
debido a una infección anaerobia sino a la evaporación instantánea del fluido
extracelular al sufrir temperaturas muy elevadas por el efecto Joule. La
aparición de burbujas al final de la primera semana puede indicar el inicio de
una infección anaerobia. Por esto tiene sentido el uso de la terapia
hiperbárica no sólo para prevenir sino también para tratar una mionecrosis
clostridial.
Una vez realizada la fasciotomía,
la viabilidad muscular se puede apreciar visualmente, mediante estimuladores,
incluso otros autores han utilizado el control histológico para sus
desbridamientos. La herida quirúrgica se cubre con aloinjertos y antisépticos
tópicos para realizar nuevas valoraciones cada 48 horas y para prevenir la
desecación del hueso, músculo, tendones y nervios expuestos. A veces una mala
práctica en la realización de las curas puede llevar a aumentar la
desvitalización de otros tejidos (nervio, tendón, hueso) que obligue
finalmente a una amputación de dicho miembro. Para afinar más en los
desbridamientos también se aconseja la utilización de la tomografía
computerizada con Tc99m asociado con pirofosfato o con metoxi-isobutil-isonitrilo,
ya que el tiempo de realización es menor que el de la RMN y es más sensible en
este estadio (6,21).
El valor de la CPK puede ser de
ayuda indirecta ya que observaremos cómo progresivamente va descendiendo a
medida que se elimina el tejido necrótico (20).
Una vez eliminado todo el tejido
desvitalizado se procede a la cobertura inmediata de la herida con
autoinjertos, colgajos locales, regionales o libres según la localización de
la lesión, tejidos disponibles y estructuras a cubrir. Y es que en los últimos
20 años no ha cambiado el dogma quirúrgico ante el shock eléctrico: eliminar
el tejido necrótico y realizar el cierre de la herida tan pronto como sea
posible. La mayoría de las lesiones pueden ser cerradas en la segunda sesión
quirúrgica mediante autoinjertos o colgajos locales. Sin duda, el desarrollo
de la microcirugía en esta última década ha salvado muchas extremidades. A
parte de la experiencia requerida, hay que ser muy escrupulosos en la elección
de los vasos receptores ya se puede perder el colgajo de forma retardada
porque la lesión del vaso no era evidente arteriográficamente pero el daño
estaba ya establecido. Por eso este tipo de tratamiento se aconseja realizar
hacia la 2-3 semana postinjuria (Tabla 4) (18). Tabla 4. Fundamentos para el manejo del traumatismo eléctrico en la primera
semana postrauma.
Desbridamientos quirúrgicos secuenciales hasta eliminar todo el tejido
necrótico.
Instauración de antibioterapia de amplio espectro.
Cierre de la herida mediante autoinjertos o colgajos locales, regionales o
microvasculares.
Inicio de la rehabilitación (física, psicológica y ocupacional).
Evaluación neurofisiológica.
Valoración psiquiátrica.
El tratamiento de la descarga por rayo es muy similar al del alto voltaje.
Estas víctimas mueren la mitad aproximadamente por no haber recibido un
tratamiento cardiopulmonar precoz y prolongado (mínimo durante 1 hora). Las
quemaduras en forma de arborización sólo precisan tratamiento conservador con
antisépticos tópicos. El resto del manejo tanto de las lesiones agudas como
crónicas es idéntico a las que se producen en la descarga por alto voltaje
(22).
Las lesiones de bajo voltaje se producen mayoritariamente en niños en el
ámbito doméstico. Suelen afectar a los dedos y son de pequeño tamaño. Todas
necesitan ingreso hospitalario porque son profundas y precisan tratamiento
quirúrgico específico precoz mediante colgajos locales pedículados (Figura 4)
(23).

Figura 4.-Descarga por bajo voltaje (220 voltios) en paciente pediátrico.
Lesiones puntiformes profundas que precisan la realización de colgajos locales
pediculados.
REHABILITACION La
rehabilitación funcional de estos pacientes comienza inmediatamente tras el
trauma. La valoración neuropsiquiátrica previa es obligatoria para establecer
objetivos terapeúticos razonables, ya que en muchas ocasiones el desequilibrio
mental por problemas de diferente índole o la baja extracción social facilitan
a la víctima este tipo de accidentes, agravando éste las condiciones previas.
Incluso estos antecedentes pueden justificar los diferentes tratamientos
quirúrgicos. Por eso también es necesaria la atención psicológica del paciente
sino de la familia. La rehabilitación se puede realizar diariamente en
cualquier ámbito y no sólo será orientado y ayudado por el fisioterapeuta sino
por cualquier familiar u amigo.
Es frecuente la necesidad de realizar diversos actos quirúrgicos en esta etapa
para facilitar la rehabilitación (trasposiciones tendinosas, retoques para
almohadillar mejor el muñón de amputación) y así acelerar su recuperación
funcional.
El daño medular tardío es el más
incapacitante e insidioso para el paciente. Este puede aparecer varias semanas
después del accidente o incluso meses o años después. La afectación piramidal
lleva a la atrofia muscular, presentación de neuropatías periféricas con
clínica más o menos florida: parestesia, disestesia, distrofia simpático
refleja; también se puede ver afectado el sistema nervioso autónomo:
incontinencia de esfínteres, disfunción eréctil, etc. Todas estas alteraciones
evolucionan muy lentamente a la mejoría aunque muchas de ellas no se restauran
totalmente incluso después de varios años. En este sentido, es necesario la
intervención de un terapeúta ocupacional para lograr una reincorporación
socio-laboral plena (24).
CONCLUSIONES
El traumatismo eléctrico ha de ser considerado síndrómicamente para su
correcto manejo. Estos pacientes son enfermos politraumatizados que han de ser
tratados en una UGQ con un equipo multidisciplinario de especialistas:
cirujanos plásticos, intensivistas, nefrólogos, oftalmólogos y neurólogos. Aún
hoy en día existen grandes lagunas en la patogénesis y en la fisiopatología de
este trauma. Actualmente las principales líneas de investigación están
centradas en el diagnóstico precoz del daño tisular mediante técnicas de
imagen utilizando diferentes radioisótipos, RMN de nueva generación; en la
reparación inmediata de la electroporación celular con polimeros surfactantes
y diferentes enzimas para la reparación estructural de las proteinas
intracelulares (25). Sin duda el éxito de estos estudios disminuirá de forma
importante la morbi-mortalidad del trauma eléctrico.
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