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TEMA 5. VASCULARIZACIÓN CUTANEA Y CLASIFICACIÓN DE LOS COLGAJOS
 

Eunate Martí Carrera. Residente 3ºaño. Hospital universitario Doce de Octubre (Madrid)

Antonio J. Díaz Gutierrez. Residente 4ºaño. Hospital universitario Doce de Octubre (Madrid)

Marcos Martín Díaz. Residente 2ºaño. Hospital universitario Doce de Octubre (Madrid)

Alejandro García Martínez. Jefe Sección. Hospital universitario Doce de Octubre (Madrid)
 

 

 



  VASCULARIZACIÓN CUTÁNEA

  Introducción

La piel es el mayor órgano del cuerpo humano. La regulación de la temperatura para mantener la homeostasis es una de sus funciones principales, función que se realiza gracias a una rica red de vasos que la nutren. A pesar de la gran extensión de la circulación cutánea, las demandas metabólicas para los elementos de la piel son tan escasas que sólo una pequeña fracción del potencial vascular es necesario para la viabilidad cutánea. Este hecho es un factor determinante para el diseño y supervivencia de los colgajos cutáneos.

Los conocimientos actuales en materia de vascularización cutánea proceden fundamentalmente de los estudios de Manchot y Salmon. Aun cuando la vascularización varíe dependiendo de la región anatómica que se considere, existe una organización general comparable entre los vasos que irrigan la zona cutánea. Las arterias que irrigan la piel proceden, en general, de grandes troncos arteriales, perforan la aponeurosis y penetran en el tejido celular subcutáneo para formando una rica red arterial que la nutre en su totalidad.

  Conceptos anatómicos

Una revisión de los estudios de Manchot y Salmon combinado con estudios del aporte vascular de la piel y tejidos subyacentes, hizo que Taylor y Palmer desarrollaran en 1987 una división anatómica del cuerpo en territorios vasculares tridimensionales llamados angiosomas, que corresponden a cada territorio cutáneo que está irrigado por una arteria y su vena accesoria. Cada angiosoma se divide a su vez en un territorio arterial, llamado arteriosoma, y un territorio venoso, denominado venosoma. Cada angiosoma definiría los límites seguros de un tejido que pueden ser transferidos separadamente como colgajo. Estas áreas están unidas a otros angiosomas adyacentes por anastomosis verdaderas, vasos del mismo calibre que las arterias principales, o “vasos de choque”, anastomosis de reducido calibre que conectan angiosomas sobre un mismo músculo, por ejemplo, pero no entre músculos distintos. Las venas cutáneas también forman una red tridimensional de canales interconectados bien desarrollada. Aunque la mayoría de estas venas poseen válvulas para crear un flujo unidireccional, a menudo están interconectadas por venas avalvulares (oscilantes) que permiten el flujo bidireccional entre territorios venosos adyacentes. La identificación de estos vasos bidireccionales ha permitido un mejor entendimiento de la disección y supervivencia de los colgajos.

Embriológicamente, el sistema vascular procede del mesodermo y puede definirse como parte del tejido conectivo que se ha superespecializado. En el adulto, las arterias principales van estrechamente ligadas a los huesos del esqueleto axial y sus ramas siguen el tejido conjuntivo intermuscular. Los vasos atraviesan planos por puntos fijos o inmóviles e irradian a zonas movibles, es decir, los vasos cutáneos proceden de la fascia profunda, que es inmóvil, y de ahí son capaces de atravesar distancias variables dependiendo de la elasticidad de la piel. Cuanto más elástica sea esta, más largos serán los vasos. Esto nos indica que los colgajos más robustos son aquellos que se basan en el eje vascular orientado en el sentido de mayor movilidad de la piel. De la misma forma, la piel elástica que está principalmente vascularizada por vasos largos, tendrá un componente muy pequeño de vasos indirectos procedentes del músculo. Una vez el vaso a atravesado la zona inmóvil, la fascia, formarán una red continua ininterrumpida. Esto nos permite comprender que el diseño de diferentes colgajos de la misma área de piel y tejido subcutáneo, ya sea con o sin músculo o con o sin fascia, será irrigado en todos los casos por la misma red vascular.

  Concepto de territorios

  • Territorios anatómicos:

    Corresponde al territorio de perfusión normal en reposo de la arteria antes de que se levante el colgajo.

    Manchot (1889): en su famoso trabajo Die Hautarterien des Menschlichen Körpers, el anatomista alemán describió por vez primera el territorio cutáneo de irrigación de las arterias principales del cuerpo, mediante la disección de tegumentos en cadáveres. Clasificó la piel de todo el cuerpo, exceptuando cara, cuello, manos y pies en cuarenta territorios cutáneos diferentes según la irrigación recibida.

    Salmon (1936): el anatomista francés publicó en Arteres de la Peau la demostración de vasos de mucho menor calibre mediante la inyección en cadáveres de líquido radioopaco intraarterial y con radiografías posteriores. Diferenció ochenta territorios en todo el cuerpo, describió más interconexiones y clasificó según la densidad y tamaño vascular en regiones hipovasculares –zonas de piel fija- e hipervasculares –zonas de piel móvil-.

    Nakajima (1981): realizó la primera demostración in vivo gracias a la inyección de PGE1 y estudiando el efecto vasodilatador periférico de la misma en cada territorio cutáneo. Comprobó que los territorios eran prácticamente iguales a los observados en cadáveres, excepto por el hecho reflejo de la presión vascular que existe con los vasos vecinos. En 1997, realizó los primeros estudios experimentales tridimensionales mediante la inyección de un medio radioopaco y el análisis posterior mediante gráficos por ordenador en cadáveres, para comprobar la procedencia de los vasos cutáneos principales en cada zona del cuerpo. De ese modo, realizó la clasificación de las arterias cutáneas en seis tipos, dependiendo del grosor de la arteria principal y la profundidad de sus ramificaciones.

     

    Figura 1. Territorio anatómico

     

  • Territorios dinámicos:

    Consiste en la vascularización de un territorio vecino anastomótico cuyo pedículo se ha seccionado, por ejemplo, durante la disección de un colgajo.

    McGregor & Morgan (1973): demostraron que, en caso de ocluir una arteria de dos territorios vecinos, se produce una disminución de presión en la zona ocluída y un cambio del equilibrio vascular, reajustándose el flujo para complementar la zona desvascularizada. Esto permite demostrar que un colgajo puede ser disecado con una isla cutánea mayor de lo habitual y sobrevivir gracias a los vasos de choque, cuando en la zona contigua disminuye la presión. Además, clasificaron los colgajos como aquellos grandes, con un aporte vascular axial, de los basados en la vascularización randomizada.

     

    Figura 2. Territorios dinámicos

     

  • Territorios potenciales:

    Son territorios más lejanos que podrán ser perfundidos si la riqueza de redes anastomóticas lo permite.

    Se sabe que, en el caso de un colgajo deltopectoral, por ejemplo, los territorios anatómicos de la segunda y tercera rama perforante de la arteria torácica interna se pueden extender en un territorio dinámico que incluye el área tóraco-acromial. Se ha estudiado que, si la piel sobre el músculo deltoides se diseca en una fase precoz, ligando las perforantes y manteniendo únicamente el pedículo, en un segundo tiempo podremos disecar un colgajo de dimensiones mayores que en el primer tiempo. De aquí nace el concepto de territorio potencial.

    Este concepto no puede ser demostrado mediante la inyección de sustancias vasoactivas ni por la disección en cadáveres, ya que posee un componente completamente aleatorio que no puede ser previsto sin un primer tiempo quirúrgico, por lo que los estudios experimentales se han venido realizando en animales. No se conocen las causas reales de este hecho, aunque existen teorías que se basan en la axialidad de los vasos en el área diferida. Múltiples estudios demuestran que, cuando se difiere un colgajo, existe una vasodilatación de los vasos existentes, sin formación de neovasos, principalmente a nivel de los “vasos de choque”, que, a los pocos días, comienzan a hipertrofiarse de forma irreversible.

     

    Figura 3. Territorios potenciales

 

  Vascularización

  • Vascularización cutánea:

    La epidermis se trata de un espacio avascular que se nutre por imbibición de los vasos dérmicos que se proyectan a través de las papilas. La vascularización dérmica puede dividirse de forma esquemática en dos grandes grupos, los vasos cutáneos directos y los vasos cutáneos indirectos, formados a su vez por las perforantes musculocutáneas y el sistema fasciocutáneo:

     

    Figura 4. Vascularización cutánea

     

    • Vasos cutáneos directos: Constituyen los vasos primarios o dominantes en la irrigación de una zona determinada. Proceden habitualmente de una arteria subfascial o de alguna de sus ramas musculares pero, indiscutiblemente, se dirigen a irrigar la piel. Suelen ser largas, bien diferenciadas, en las zonas donde la piel es más móvil: torso, cabeza, cuello, brazos y muslos. Sin embargo, son más pequeñas y numerosas en los antebrazos y las piernas, excepto aquellas arterias que acompañan a nervios cutáneos. En las palmas y plantas están constituidas por una densa red de pequeños vasos cutáneos.

      Estas arterias, que circulan en paralelo a la superficie de la piel en el tejido subcutáneo, alcanzan progresivamente la dermis profunda y donde se anastomosan para formar el plexo subdérmico. De esta red salen ramas perpendiculares a la superficie cutánea para dar de nuevo, entre la dermis papilar y reticular, un plexo superficial o subpapilar del que saldrán ramas que van a parar a las papilas dérmicas.

      Las venas que recogen la sangre de estos vasos papilares forman una fina red inmediatamente bajo la dermis papilar que forma parte del plexo superficial. Continúan después hacia otra red de vasos de mayor tamaño entre la dermis papilar y reticular –plexo intermedio- y acaban en el plexo profundo entre la dermis y el tejido subcutáneo.

    • Vasos Cutáneos Indirectos: Constituyen el aporte secundario o suplementario de la piel. Son vasos pequeños, muy numerosos, que emergen de la fascia profunda y cuyo aporte procede de diferentes tejidos profundos, fundamentalmente músculos. Independientemente de su origen, estos vasos se unirán y formarán una red única con los vasos cutáneos directos. A menudo estos vasos cutáneos indirectos son el mayor suplemento de los colgajos musculocutáneos, especialmente en aquellos en que la isla cutánea se sitúa sobre el músculo o está estrechamente unida. El conocimiento de estas arterias que, tras irrigar el músculo o la fascia se dirigen hacia la piel, es lo que permite la disección de una isla cutánea sobre el colgajo para el diseño de colgajos musculocutáneos o fasciocutáneos.

 

Figura 5. Plexos cutáneos

 

  • Vascularización subcutánea:

    El tejido adiposo contiene su propio sistema vascular, a diferencia de la grasa perivascular, que no pertenece realmente al tejido subcutáneo sino que al tejido u órgano al que van asociados (p.ej. grasa mesentérica).

    La grasa está dispuesta en lóbulos separados por septos fibrosos que se conectan tanto a la dermis como a la fascia profunda. Este hecho fue demostrado en 1893 por Spalteholz mediante un método de blanqueamiento de la grasa y obteniendo, así, una mejor visión de los septos. A través de estas uniones de tejido conjuntivo pasan los nervios y vasos cutáneos. Cada lóbulo está formado por cientos o miles de células adiposas, irrigadas por un simple pedículo que entra en el centro del lóbulo y drena a venas de la periferia.

    Los vasos que nutren este tejido celular subcutáneo proceden de la fascia profunda y ascienden a través de la grasa subcutánea. Sin embargo, en zonas donde la capa de tejido graso es delgada, los lóbulos están vascularizados fundamentalmente por ramas descendentes del plexo subdérmico. Lo más frecuente es que, en áreas de importante panículo adiposo, esté irrigado por ambas arterias, tanto ascendentes como descendentes. La importancia de este hecho radica en la posibilidad de tomar colgajos adipofasciales, llevándose el sistema de irrigación profunda y dejando la piel y la grasa superficial nutrida por el plexo subdérmico.

  • Fascia profunda:

    La fascia no es uniforme ni de las mismas características en todo el cuerpo, por lo que podemos dividirla en dos grupos diferentes:

    • En el tronco consiste en una superficie bien desarrollada sobre el músculo. Es una estructura elástica, en el sentido en que permite el movimiento del tórax y abdomen.

    • En las extremidades, sin embargo, se trata de una estructura mucho más rígida. La fascia profunda de los muslos se continúa con la fascia intercompartimental. En este caso, no sólo recubre grupos musculares, sino que, además, sirve como parte del sistema retinacular, donde nacen fibras musculares y recubren tendones.

    No sorprende, por lo tanto, que la irrigación de la fascia abdominal no guarde relación con la de las extremidades.

    En el TRONCO, la vascularización está unida a la anatomía de los músculos planos subyacentes, sin un plexo fascial específico.

    En las EXTREMIDADES, los vasos circulan a través de septos fasciales entre los músculos, contribuyendo a la formación de dos plexos fasciales: uno subfascial y otro suprafascial. El plexo profundo está formado por ramas minúsculas de los vasos ascendentes que después perforan la fascia. El plexo superficial es más extenso y está formado por vasos mayores, también procedentes de los vasos ascendentes, pero una vez han perforado la fascia.

  • Sistema neurovascular:

    Existen, además, dos plexos más que contribuyen a la vascularización cutánea. Estos son el plexo vascular paraneural, que recubre los nervios sensitivos que se dirigen a la piel, y el plexo vascular perivenoso. Ambos sistemas, además de nutrir la estructura que acompañan, se anastomosan al resto de plexos cutáneos contribuyendo a la vascularización de la piel.

    La importancia de la microcirculación cutánea reside para el cirujano en que es lo que determina la viabilidad de un colgajo cutáneo que no incluya un vaso axial o un plexo de vasos fasciales. La mayor densidad de vasos en la dermis reticular de la cara, por ejemplo, se relaciona con la mayor viabilidad de colgajos y la mayor longitud y anchura de los radios de los colgajos que pueden obtenerse en esta zona.

    Sin embargo, en las palmas y plantas, existe una mayor densidad de plexo subpapilar que no se correlaciona con mayor viabilidad del colgajo, ya que éstos circulan perpendicularmente a la superficie de la piel y su flujo no es capaz de circular paralelo a ella.

  Regulación del flujo sanguíneo

Varios factores extrínsecos o intrínsecos de los vasos regulan el flujo sanguíneo. Los factores intrínsecos son aquellos que, procedentes del mismo vaso, regulan su función. Los factores extrínsecos circulan en la sangre y son capaces de interactuar con las células endoteliales para la regulación del vaso, ya sean de origen nervioso, humoral o metabólico.

La célula endotelial juega el papel principal en el mantenimiento de la hemostasia y, en consecuencia, en la viabilidad de los colgajos que se diseñan. También el óxido nítrico (NO) es el mediador final común para muchas sustancias que realizan su función sobre la pared del vaso. Los factores reguladores del flujo se dividen en aquellos que producen vasodilatación (estímulo beta-adrenérgico, colinérgico, bradicinina, histamina, PGE1, prostaciclina (PGI2), hipoxia, acidosis e hipertermia) y aquellos que producen vasoconstricción (estímulo alfa-adrenérgico, serotonina, tromboxano A2, hipotermia y la distensión miogénica). Además, la serotonina, trombina, adenosina difosfato (ADP) e histamina producen vasodilatación mediante la liberación de NO. Estudios posteriores han demostrado que la secreción continua de NO es necesaria para la disminución de las resistencias vasculares.

El control miogénico también forma un importante mecanismo de regulación en el músculo liso arteriolar, que puede reaccionar para contraerse y producir un importante aumento de la presión intraluminal. Este mecanismo actúa fundamentalmente en arteriolas menores de 100 micras y tiende a mantener un flujo sanguíneo continuo a pesar de incrementos de presión.

El sistema nervioso simpático provee directamente inervación a los vasos y es, indirectamente, uno de los mayores contribuidores del tono vascular basal, mediante el control de la función de las anastomosis arteriovenosas.

Algunas sustancias se conocen como lesivas para el flujo sanguíneo y, por lo tanto, para el diseño de colgajos. Es el caso de la nicotina, que se ha demostrado en múltiples estudios el efecto vasoconstrictor de la misma y, por lo tanto, el peor resultado de los colgajos en pacientes fumadores.
 

 

 

 

  CLASIFICACIÓN DE LOS COLGAJOS

  Introducción

Un colgajo, por definición y a diferencia de un injerto, lleva consigo un aporte vascular, que debe ser capaz de mantener la irrigación de los tejidos del colgajo durante los sucesivos estadios de la transferencia desde la zona donante a la receptora. La red vascular arterial y venosa del colgajo puede ser de mayor o menor importancia:

  • Cuando la red vascular es fina, no puede aislarse sin correr el riesgo de traumatizarla. Aunque el pedículo puede estrecharse, no puede convertirse en un colgajo en isla vascular verdadera.

  • Si la red vascular es más importante, pueden aislarse la vena y arteria y ser colgajos en isla vascular.

  • Cuando los vasos poseen un diámetro suficiente, pueden ser seccionados y reanastomosados y el colgajo puede utilizarse como colgajo libre.

El colgajo es transferido para reconstruir un defecto primario y, como resultado de ello, suele dejar un defecto secundario que puede cubrirse con un cierre directo o mediante un injerto de piel. En muchos casos, los colgajos se indican también en pérdidas de sustancias injertables, con el fin de disminuir el tiempo de tratamiento o por razones estéticas, principalmente en la cara, donde un injerto deja secuelas importantes.
Propiedades tensoras de la piel: normalmente la piel se mantiene bajo cierta tensión, más en los jóvenes que en los adultos. Esta tensión influye negativamente en el resultado de la cicatriz. Las incisiones que siguen las líneas de menor tensión de la piel (de Langer) cicatrizan mejor y con mayor rapidez. Así, en zonas donde la tensión cutánea es grande (hombros y pre-esternal) se dan con mucha frecuencia cicatrices hipertróficas y queloideas. Cuando la tensión cutánea es más rápida que su capacidad de estiramiento, se rompen las fibras colágenas y se originan estrías cutáneas. Esto se observa en el embarazo u obesidad de rápido aumento. Cuando la tensión sobrepasa la capacidad de estiramiento de la piel se produce la obstrucción de los vasos sanguíneos y linfáticos. Por este mecanismo se producen numerosas úlceras y necrosis de colgajos.

  Historia

La primera reconstrucción con colgajos se le atribuye al hindú Susruda Samhita, en el año 600 d.C, quien describió la reconstrucción de un defecto nasal mediante colgajos pediculados de la cara. Sin embargo, hay autores que se refieren al hecho que describió como el de un injerto de piel total de mejilla, ya que, en ningún momento de la descripción deja reflejado el hecho de estar basándose en un pedículo vascular.

Posteriormente, también de la India, la familia Kanghiara informó alrededor del año 1000 d.C. sobre la reconstrucción de un defecto nasal con un colgajo de frente.

En 1597, Tagliacozzi, dejó reflejado en su libro De Curtorun Chirurgia la descripción clásica de un colgajo tubular pediculado del brazo para la reconstrucción nasal.

En todos esto casos, la viabilidad del colgajo se tomó de forma empírica, sin conocer cómo ni por qué funcionaba la vascularización del colgajo. Además, todos ellos llevaban el riesgo añadido de trabajar sin anestesia ni asepsia, de forma que, en 1920 Gillies describió el importante incremento de la supervivencia de los colgajos tubulares pediculados con la protección a la infección y evitando los movimientos bruscos del colgajo.

En 1898 Monks describió por primera vez un colgajo en isla en un solo tiempo basado en la arteria temporal superficial para una reconstrucción de un párpado inferior.

Entre 1915 y 1965 se desarrolla y comienza a entenderse la fisiología de los colgajos tallados al azar.

En 1965 Bakamjian describe una gran colgajo deltopectoral a distancia para reconstrucción faríngea sin necesidad de diferir.

En 1972, McGregor y Jackson clasifican los colgajos como randomizados o axiales, tal y como se conocen hoy en día.

  Clasificación

Existen muchas formas de clasificar un colgajo:

  • Según su proximidad al defecto: local o a distancia

  • Según la forma de movimiento del colgajo: rotación, traslación, libre

  • Según el tipo de vascularización: randomizado, pediculado, libre...

  • Según la composición del tejido transferido: cutáneo, musculocutáneo, adipofascial...

  • Según otras características propias: sensitivo, tendinoso...

  • Según la manipulación recibida antes de la transferencia: diferido, tras expansor….

Sin embargo, lo más frecuente es denominar al colgajo según los tejidos que lo componen. Pueden clasificarse en colgajos simples, cuando están formados por un solo tejido (colgajos cutáneos) o compuestos, aquellos que están formados por más de un tejido. El objetivo de estos colgajos compuestos es el de restablecer la anatomía de una zona con pérdida de varias estructuras de forma simultánea sin la necesidad de tomar diferentes zonas donantes. A su vez, cada tejido puede estar suplido por un aporte vascular independiente -colgajos secuenciales- o por el mismo aporte vascular -colgajos compuestos-. En los primeros, suele ser necesaria la realización de microanastomosis y, habitualmente, se conocen también como colgajos en cadena porque suele tratarse de un colgajo que sirve de vía de acceso para el flujo sanguíneo hacia el siguiente. Los colgajos compuestos más utilizados de aporte vascular único son los clásicos colgajos musculocutáneos y fasciocutáneos.

  • Colgajos cutáneos:

    Compuesto por un segmento de piel y de tejido celular subcutáneo que conserva unas vascularización autónoma a través del pedículo con el que permanece en contacto con las estructuras profundas. El pedículo del colgajo es un puente cutáneo que vasculariza directamente la piel del colgajo.

    Cuando el colgajo se talla en torno a los vasos del sistema cutáneo directo, es decir, en torno a las arterias que circulan paralelas a la piel y se dirigen exclusivamente a ella para irrigar áreas específicas, se conoce tradicionalmente como COLGAJO DE PATRÓN AXIAL. Inicialmente se trataba de colgajos pediculados, pero posteriormente se fueron diseñando también colgajos en isla o colgajos cutáneos libres.

    Cuando no existe un vaso axial y el colgajo está fundamentalmente irrigado por el sistema cutáneo indirecto, de arterias procedentes de perforantes musculocutáneas o fasciocutáneas, se conoce como COLGAJO TALLADO AL AZAR.

    Sin embargo, con el descubrimiento del sistema fasciocutáneo esta clasificación propuesta por McGregor y Morgan está quedando obsoleta, ya que muchos de los colgajos cutáneos que se consideraban axiales eran, en realidad, colgajos fasciocutáneos. Además, el concepto de axialidad propuesto por los autores incluía a su vez, el sistema fascial subyacente a la piel levantada.

    • Colgajos tallados al azar: Clásicamente un colgajo rectangular tallado al azar es viable cuando su longitud (l) no sobrepasa 1´5 veces su base (b). Es decir: La vascularización de estos colgajos queda asegurada por los plexos vasculares dérmicos y subdérmicos. En algunas regiones, como en la cara, un colgajo más largo puede ser levantado sin isquemia. La supervivencia de un colgajo cuya longitud supera en tres veces a su base puede ser explicado por la particular riqueza de las redes dérmicas y subdérmicas a este nivel.

      La extensión del colgajo cutáneo más allá del territorio de su pedículo vascular principal depende de:

      • El flujo sanguíneo utilizado

      • La redistribución distal del flujo que provoca la sección proximal del colgajo

      • La calidad de las anastomosis en la frontera del territorio con las zonas adyacentes.

      • La calidad de las redes dérmica y subdérmica en las porciones distales del colgajo.

      Actualmente es conocido que un colgajo fasciocutáneo sin una arteria axial que lo irrigue puede ser diseñado como un colgajo cutáneo randomizado con una supervivencia de hasta l/b=5. Ello quedaría explicado por la riqueza de los plexos sub y suprafasciales que acompañarían a la vascularización cutánea. Este fenómeno es mucho mayor en las extremidades, especialmente en los antebrazos y piernas, donde la fascia está más desarrollada.

    • Colgajos de patrón axial: Para diseñar un colgajo de tales características debemos responder a las siguientes cuestiones:

      1. ¿Dónde está el vaso?: teniendo en cuenta la variabilidad, tamaño y localización del mismo. No se debe olvidar el mayor riesgo de enfermedad vascular periférica en ancianos o el cambio de calibre de algunos vasos dependiendo del sexo (p.ej. la arteria torácica interna es mucho mayor en mujeres debido a su contribución en la irrigación de las mamas)

      2. ¿Cuál es el territorio que el vaso irriga?: según los conceptos anatómicos ya descritos.

      3. ¿Cuál es el drenaje venoso de la zona?: habitualmente, la red venosa subcutánea tiende a ser la ruta principal de drenaje del colgajo, además de pequeñas venas concomitantes que acompañan a las arterias y que formarían el segundo sistema de drenaje. En áreas donde la red subcutánea drena al margen de la base del colgajo, estas venas concomitantes forman la vía única de drenaje.

      La ventaja de estos colgajos frente a cualquier otro es, fundamentalmente, que son colgajos delgados y de importante componente estético, por ejemplo, en la cara. Sin embargo, lo mismo puede suponer una desventaja práctica cuando necesitemos un colgajo de mayor grosor como, por ejemplo, para cubrir prominencias óseas.

  • Colgajos fasciocutáneos:

    Se trata de colgajos que, además del plano cutáneo, incluyen el plano aponeurótico.
    El sistema fasciocutáneo consiste en perforantes que suben a la superficie a través de septos faciales por entre los músculos adyacentes y forman un plexo en la fascia profunda que dan ramas al tejido subcutáneo y a la dermis suprayacente.

    Para planear un colgajo de este tipo, debemos valorar:

    • ¿Existe un plano fascial significativo en la zona?.

    • ¿Dónde se localizan las arterias perforantes fasciocutáneas y de qué vasos proceden?

    • ¿Cuál es la axialidad del plexo fascial?

    En el caso de ANTEBRAZO o PIERNA existen pocas perforantes musculares, por lo que la irrigación procede fundamentalmente del sistema fasciocutáneo. Ramas de las arterias radial o cubital, en el caso del antebrazo, forman un plexo importante a nivel de la fascia profunda. En este caso, la orientación del plexo es longitudinal en los 2/3 proximales y transverso en el 1/3 distal de su cara volar. En la cara dorsal, las perforantes tienen una orientación transversa y oblicua, lo que indica que no es una zona de elección para la selección de colgajos de este tipo.

    En el BRAZO, con excepción del área deltoidea, el aporte vascular es predominantemente del sistema fasciocutáneo, a pesar de la gran masa muscular de los músculos bíceps y tríceps.

    En el MUSLO, el aporte vascular está compartido tanto por el sistema fasciocutáneo como por el musculocutáneo. La región anteromedial posee un plexo bien desarrollado con una axialidad bien marcada por el sartorio. La región posterior posee un plexo facial regularmente desarrollado y se alinea siguiendo los nervios de la región posterior. En la región anterolateral hay algunas perforantes largas que corren horizontalmente y oblicuamente aunque sus ramas cortas se anastomosan longitudinalmente.

    En el TRONCO existe una fascia del epimisio que recubre los músculos vascularizada por las propias arterias musculocutáneas. Sólo existe una zona donde podemos encontrar arterias fasciocutáneas que emergen junto a los músculos, en el borde de la escápula, y recorren una fascia más gruesa sobre el músculo infraespinoso. Ello se debe a que, estos músculos, evolutivamente hablando, pertenecen más al sistema de los músculos del brazo que del tronco.

    Clasificación de colgajos fasciocutáneos: Se dividen en tres tipos según su patrón vascular:

    • Colgajo tipo A: Es dependiente de múltiples vasos fasciocutáneos que penetran por la base y se orientan en sentido longitudinal del colgajo, paralelamente a la rama fundamental del plexo fascial

    • Colgajo tipo B: Se trata de una única perforante fasciocutánea de tamaño moderado que es consistente tanto en presencia como en localización. El colgajo puede utilizarse como un colgajo local pediculado o incluso, como colgajo libre.

    • Colgajo tipo C: Irrigado por múltiples pequeñas perforantes a través de toda su longitud que drenarán a una única arteria profunda que pasa a través del septo por entre los músculos.

      El anteriormente denominado Tipo D se trata de un colgajo osteofasciocutáneo, es decir, de un colgajo tipo C que se diseca a través del septo hasta llegar al hueso.

    Las principales ventajas de estos colgajos son que aportan una mayor seguridad al colgajo sin necesidad de realizar un colgajo diferido. La disección de los colgajos es sencilla, puesto que el plano subfascial se encuentra de forma fácil y no es difícil disecar por el septum intermuscular. Además, no es necesaria la localización de las perforantes por Doppler o angiografía, como en el caso de perforantes musculares.

  • Colgajos musculocutáneos:

    Se trata de colgajos constituidos por músculo y una porción cutánea situada sobre éste, y vascularizada por arterias perforantes musculares, que atraviesan las fascia y se reparten por todo el tejido subcutáneo. Cuando, además, la porción cutánea está pediculada recibe un doble aporte, no sólo de las perforantes, sino también de los vasos cutáneos directos que proceden axiales de la base del colgajo. Sin embargo, si la piel es un islote aislado, la irrigación únicamente puede proceder del músculo.

    Anatomía vascular de los músculos: Mathes & Nahai (1981) propusieron una clasificación vascular de los músculos muy importante para el diseño de colgajos musculocutáneos. Esta clasificación está basada fundamentalmente en el número de pedículos vasculares que penetran en el músculo y su dominancia, la fuente del vaso y su localización en relación al origen e inserción del músculo.

    • TIPO I : Irrigado por un pedículo vascular único. Toda la piel podrá ser elevada junto al músculo como una unidad. Ej. tensor de la fascia lata, gastrocnemio, recto femoral-

    • TIPO II: Formado por un pedículo vascular dominante junto a varios pedículos menores. El pedículo dominante tiende a penetrar por el vientre o por el origen, mientras que los accesorios penetran por la porción más distal. Dependiendo del grado de desarrollo de las anastomosis intramusculares, el vaso dominante puede ser capaz de irrigar el músculo entero. La posibilidad de supervivencia del islote cutáneo será mayor cuando este se halle sobre la porción muscular irrigada por la arteria dominante. Ej. bíceps femoral, gracilis, semitendinoso.

    • TIPO III: Reciben dos pedículos dominantes independientes de dos regiones arteriales independientes. Igualmente, la capacidad de que una sola arteria supla el músculo completo dependerá de la calidad de las uniones anastomóticas. Es un colgajo muy versátil, en el que la isla cutánea puede tomarse de una lado o del otro. Ej. recto abdominal (arterias epigástricas profundas superiores e inferiores). Glúteo mayor (ramas de la arteria glútea superior e inferior)

    • TIPO IV: Son músculos con múltiples pedículos de tamaño similar entrando por distintos puntos del vientre muscular. El territorio potencial que puede irrigar cada vaso dependerá de las anastomosis que, por lo general, suelen ser pobres y moderadamente diferenciadas. Son músculos poco utilizados para la reconstrucción, largos y estrechos cuya piel no está irrigadas por perforantes musculares sino por arterias fasciocutáneas, por lo que no podría tomarse un islote cutáneo. Ej. extensor largo de los dedos, sartorio, tibial anterior.

    • TIPO V: Posee un pedículo vascular dominante con múltiples pedículos secundarios segmentarios. Los vasos segmentarios son, en realidad, ramas que atraviesan el músculo para irrigar la piel que, en su trayecto, se anastomosan con vasos intramusculares. Gracias a estas uniones, el pedículo es capaz de irrigar la piel. Se trata de músculos anchos y plenos y son los más utilizados como colgajos musculocutáneos. Ej. dorsal ancho, pectoral.

Figura 6. Clasificación Mathes&Nahai

Para planificar la realización de estos colgajos deberemos plantearnos:

  • ¿Está irrigada la piel por perforantes?. Como norma utilizaremos que la piel que yace sobre músculos anchos y planos sí lo estará, mientras que la piel sobre músculos largos y delgados estará irrigada por arterias fasciocutáneas.

  • ¿A qué tipo de músculo pertenece según la clasificación de Mathes & Nahai?

  • ¿Qué déficits motores me crearía la ausencia del músculo?, ¿es prescindible?

Las ventajas de estos colgajos sobre el resto son la importante vascularización que presentan y, por lo tanto, su gran seguridad y el menor riesgo de presentar infecciones. Además, conseguimos una importante masa que puede ser fundamental para reconstrucción de grandes defectos o en prominencias óseas.
 

 

 

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