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TEMA 43. FRACTURAS ORBITOMALARES

 

Mª Elena Ruiz Alonso. Residente 3º año. Hospital General Yagüe (Burgos)
Mikel Bengoechea Bebey. Medico Adjunto. Hospital Río Ortega (Valladolid)
Lola Pérez Rugama. Jefa de Sección. Hospital General Yagüe (Burgos)

 

 

 

 

  INTRODUCCION

El cigoma o malar es uno de los huesos faciales que se haya más expuesto, y es esta posición prominente lo que le hace susceptible de verse involucrado con frecuencia en los traumatismos faciales.

Knight and North1 prefieren la utilización del termino fracturas de malar en vez de fracturas de cigoma, porque debido a las intimas relaciones óseas de la zona, las fracturas aisladas de este hueso son raras, asociando con frecuencia una lesión orbitaria. De hecho, por definición, todas las fracturas malares tienen un componente orbitario que se suele solucionar al resolver el primero, habiéndose establecido unos criterios en los cuales se precisa revisar la órbita. Como fracturas aisladas de esta zona tenemos la de arco cigomático y el blow-out.

En cuanto a su etiología, suelen estar relacionados con agresiones, accidentes de tráfico o traumatismos casuales en diferentes proporciones según las series.

 

 

  CONSIDERACIONES ANATÓMICAS

El malar ha sido considerado siempre como un trípode constituido por un cuerpo que se articula con los huesos frontal (a través de la apófisis frontal), temporal (arco cigomático)y maxilar superior (apófisis piramidal, reborde infraorbitario y suelo del órbita). En realidad es más correcto considerarlo como una estructura cuadrangular, es decir un “tetrapode” en función de que también se articula con el ala mayor del esfenoides (pared lateral de la órbita). Desde el punto de vista clínico tendría 2 superficies: la lateral o malar propiamente dicha y la medial u orbitaria2.El cuerpo del malar da prominencia a la mejilla. Forma parte del techo y pared lateral del seno maxilar. Sirve de inserción para los músculos masetero, temporal, cigomático y la cabeza cigomática del músculo cuadrado del labio superior. Cuando se producen fracturas, la inserción del masetero es la que produce las mayores fuerzas de deformación en el malar3.
Las órbitas son cavidades simétricas separadas en la línea media por el espacio interorbitario (cavidad nasal y senos etmoidales y esfenoidales). Su límite inferior es el seno maxilar, el superior la fosa craneal anterior y lateralmente lindan con la fosa craneal media. Clásicamente se las ha descrito como estructuras piramidales con el vértice hacia el plano posterior; sí bien, esto no es del todo cierto ya que la parte más ancha no es el reborde sino 1.5 cm dentro, debido al hundimiento que se produce en el suelo, y además la pared interna es cuadrangular y no triangular. Están integradas por 7 huesos craneofaciales: frontal, etmoides, esfenoides, cigoma, maxilar sup., lagrimal y palatinos que contribuyen a la formación de sus 4 rebordes óseos y sus 4 paredes4,5,6.

Los rebordes son fuertes arbotantes óseos encargados de proteger el contenido orbitario. El reborde orbitario superior esta constituido por el hueso frontal, y en función de la neumatización del seno frontal tiene mayor o menor proyección anterior. La arteria y nervios supraorbitarios pasan a través de una escotadura del mismo nombre que se encuentra en el tercio interno de este reborde y que está alineada con el orificio de salida del agujero infraorbitario. El reborde orbitario externo esta constituido por la apófisis frontal del malar y la apófisis malar del frontal que se unen constituyendo la sutura frontomalar. A unos 10 mm. de esta sutura se encuentra el tubérculo de Whitnall que es el lugar de anclaje de una serie de estructuras que mantienen en su posición al globo ocular (tendón lateral del canto externo, músculo recto lateral externo, ligamento de Lockwood y prolongación lateral de la aponeurosis del músculo elevador). El reborde orbitario interno esta constituido por la apófisis ascendente del maxilar superior, apófisis nasal del hueso frontal y cresta lagrimal anterior. El reborde orbitario inferior se forma por la unión del maxilar superior y el malar. A 10 mm. del reborde se encuentra la salida del orificio infraorbitario que se encuentra, como ya hemos dicho, alineado con el supraorbitario, en una línea imaginaria que pasa por el borde interno del iris en la mirada frontal.

La órbita está constituida por 4 paredes: interna, externa, techo y suelo. El techo de la órbita está formado principalmente por la lámina orbitaria del hueso frontal y el ala menor del esfenoides. Separa a la órbita de las fosas craneales anterior y media. En su parte externa se encuentra la glándula lagrimal. El conducto óptico, situado en la porción posterior del techo, da paso al nervio óptico y a la arteria oftálmica. La pared lateral está formada por la cara orbitaria del malar y las alas mayor y menor del esfenoides. Es relativamente resistente a las fracturas. Está en intima comunicación con el lóbulo temporal del cerebro por lo que hay que ser especialmente cuidadosos cuando se trabaja en esta zona. La pared interna esta formada por el hueso frontal, el lagrimal, la lámina papirácea del etmoides y el cuerpo del esfenoides; la apófisis ascendente del maxilar la refuerza por fuera. La lámina papirácea del etmoides es el principal constituyente y como su nombre indica es de una consistencia muy similar al papel, lo que explica la fragilidad propia de esta pared. El surco del conducto lacrimal se ubica en esta pared, está formado por un borde anterior (apófisis ascendente del maxilar) y uno posterior (hueso lacrimal) que sirven de inserción al ligamento cantal interno. El suelo de la órbita esta formado por la cara orbitaria del maxilar, el hueso zigomático y el palatino. Está íntimamente relacionado con la pared interna al no existir un límite neto entre ambas estructuras. Estas dos paredes, debido a su fragilidad, son las que se suelen afectar con mayor frecuencia ante un traumatismo de la zona.

Manson7 dio una excelente descripción del sistema de suspensión ligamentosa del globo ocular constituido por las aletas ligamentosas medial y lateral, ligamentos cantales externo e interno, cincha inferior (ligamento de Lockwood y sus extensiones, cápsula de Tenon y repliegue fascial alrededor del recto inferior) y cincha superior ( ligamento de Whitnall, cápsula de Tenon y repliegue fascial del recto superior y elevador). Este sistema mantiene al globo ocular en su posición en la órbita aún cuando el sistema de fijación ósea esté lesionado.

 

 

  CLASIFICACIÓN

Naftzger8 en 1928 estudió el patrón de las fracturas cigomáticas en cadáver relacionando el patrón de fractura con la dirección de la fuerza lesiva. Desde entonces ha habido múltiples intentos de clasificación que trataban de predecir la estabilidad de la fractura tras reducción cerrada según la dirección y el grado de desplazamiento inicial. Una de las clasificaciones más conocidas es la de Knight y North, en la que correlacionan el tratamiento y pronóstico en función de la anatomía de la fractura, encontrando que las fracturas con rotación medial son las más inestables de todas:

  • Grupo I: Sin desplazamiento significativo (6%).

  • Grupo II: Fracturas del arco (10%).

  • Grupo III: Fracturas del cuerpo no rotadas (33%).

  • Grupo IV: Fracturas del cuerpo rotadas medialmente (11%).

  • Grupo V: Fracturas del cuerpo rotadas externamente (22%).

  • Grupo VI: Fracturas complejas del cuerpo (18%).

Estas clasificaciones eran más útiles en el pasado cuando la reducción abierta y la osteosintesis con miniplacas no era rutinario. Manson and col.9 desarrollaron en 1990 una clasificación más funcional y acorde con los patrones de tratamiento actuales que está basada en la segmentación y desplazamiento que se evidencia en el TAC. Clasifican las fracturas en 3 grupos; baja, media y alta energía. Las fracturas de baja energía (18%) son aquellas con mínimo desplazamiento o sin él y que no requieren sofisticados métodos de reducción o fijación. Son con frecuencia incompletas, en “tallo verde”, suelen localizarse con más frecuencia en la unión frontomalar. Las fracturas de media energía (77%) presentan fractura de todos los arbotantes del malar con desplazamiento de leve a moderado y un grado variable de conminución. La conminución afecta al arbotante maxilomalar y al reborde infraorbitario, extendiéndose en los casos más graves al ala mayor del esfenoides, arco cigomático y apófisis frontal. El arco cigomático está fracturado pero sin desplazamiento. Este grupo precisa reducción abierta y fijación rígida. Las fracturas de alta energía (5%) es raro que se presenten de forma aislada estando en la mayoría de los casos dentro del contexto de fracturas panfaciales. Se caracterizan por la grave conminución del ala mayor del esfenoides y por el desplazamiento lateral y conminución del arco cigomático. Precisan amplias exposiciones para su tratamiento correcto.

 

 

  DIAGNÓSTICO

  Estudio clínico

Ante la sospecha de fracturas orbitomalares se debe proceder a la realización de una exhaustiva historia clínica y una minuciosa exploración física, ya que ambas constituyen los pilares básicos del diagnóstico que se confirmará posteriormente por lo medios de imagen.

En la historia clínica es muy importante investigar el mecanismo causal, la dirección y magnitud de la fuerza lesiva para formarnos una idea aproximada sobre la gravedad y desplazamiento de la fractura.

Los signos y síntomas relacionados con esta patología son muy variados pudiendo estar presente en proporción variable. La equímosis, edema y los hematomas subconjuntival y periorbitario son los signos principales que suelen estar presentes en la mayoría de fracturas de esta región. El desplazamiento del cuerpo malar que suele ser hacia atrás, posterior e internamente, produce un aplanamiento de la mejilla. Cuando se produce fractura a nivel de la apófisis frontomalar se suele asociar la lesión del ligamento cantal externo que se inserta en el tubérculo de Whitnall, a 10 mm. de la sutura frontomalar. Esto va a producir una inclinación de la hendidura palpebral (aspecto antimongoloide). Con frecuencia el globo ocular acompaña este desplazamiento inferior produciendo distopia pupilar. Los párpados inferiores pueden aparecer acortados y evertidos, en parte por el mecanismo anterior y también porque cuando se asocian fracturas del reborde infraorbitario, este suele sufrir un desplazamiento hacia atrás y abajo que arrastra al septo infraorbitario que se mueve en idéntica dirección.

El hueso cigomático constituye las paredes lateral y superior del seno maxilar que se hallaran afectas en las fracturas de esta zona. Van a conllevar un desgarro de la mucosa del seno que producirán acumulo de sangre en el seno que radiograficamente aparecerá velado así como epistaxis unilateral autolimitada.

Puede existir limitación a la apertura bucal o maloclusión en relación con la tumefacción acompañante o por limitación a la movilidad de la apófisis coronoides, bien por interposición directa de fragmentos óseos (fracturas de arco cigomático) o por el desplazamiento posterior del cuerpo malar fracturado.

En caso de contusión del nervio infraorbitario aparece hipoestesia o anestesia transitoria del párpado inferior, ala nasal y labio superior de ese lado. En caso de lesiones más graves como aplastamiento o sección, esta clínica puede ser permanente.

La visión doble suele ser transitoria, pudiendo persistir en caso de fracturas más graves como aquellas que conllevan gran conminución del suelo de la órbita. Puede ser debida a causas mecánicas ( incarceración de tejidos orbitarios, cambios en el origen o inserción del recto inferior) o por causa no mecánicas ( lesión de uno o más músculos extraoculares, lesión de nervios de estos músculos, hematoma, edema).

Enoftalmos se produce cuando hay un desplazamiento del globo ocular y tejidos orbitarios hacia inferior y posterior, se produce un aumento de presión en la órbita que rompe los ligamentos de soporte. Mustarde demostró que lo que mantiene la posición del globo ocular es el sistema ligamentoso, aún cuando no haya soporte óseo. La severidad del enoftalmos es una medida de la diferencia entre la superficie corneal anterior y el reborde orbitario lateral; se puede utilizar para su medida el exoftalmómetro de Hertel con el que discrepancias >de 3 mm. son significativas.
La exploración física puede estar dificultada en los primeros momentos por el importante edema que acompaña a estas lesiones. Con el paciente tumbado o semiacostado, se debe realizar una palpación minuciosa de los arbotantes del malar, del cuerpo y de los rebordes orbitarios, comparándolo con el lado contralateral, para intentar detectar resaltes óseos o hundimientos. A veces se visualizan hematomas orales y por palpación intrabucal se pueden detectar irregularidades en la zona de unión del malar al maxilar superior.

Las lesiones de esta zona pueden implicar una lesión de el globo ocular por lo que precisará evaluación oftalmológica (motilidad ocular, agudeza visual, reacción pupilar, segmento anterior y posterior). Es importante descartar la existencia de lesión asociada de la vía lacrimal.

  Métodos de imagen

  • Radiología simple:

    Las radiografías más útiles para la evaluación rutinaria de la órbita son las de Waters y Caldwell.

    La proyección de Waters permite una adecuada visualización de trazos de fractura sobretodo al nivel de las apófisis cigomáticomaxilares y cigomáticotemporales, así como del suelo de la órbita. También se visualiza la apófisis frontocigomática y el reborde infraorbitario, aunque según un estudio retrospectivo realizado por Ardekian and col.10, se ven mejor en una proyección PA con una desviación externa de 10-20º del rayo, concluyendo que la PA modificada es la mejor proyección simple para el diagnóstico de fracturas de malar.

    La proyección de Caldwell es útil para demostrar rotaciones del cuerpo del malar en el eje longitudinal y afectación de la sutura frontomalar. Se observa al ala mayor del esfenoides formando parte del limite temporal de la hendidura orbitaria superior (línea oblicua o innominada).

    La submentovertex evalúa bien la afectación del arco cigomático y los desplazamientos posteriores y en el eje vertical del cuerpo malar. Otras proyecciones que se pueden realizar son las de Titterington o semiaxial (arco cigomático, pared lateral y suelo de la órbita), Waters invertida …

  • TAC:

    Se ha convertido en el test diagnostico por excelencia porque además de confirmar el diagnóstico sirve de orientación al tratamiento. Como hemos visto, las clasificaciones más actuales han dejado de utilizar criterios anatómicos para basarse en el TAC. Lo ideal es la realización de cortes tanto en el plano axial como coronal visualizando ventanas ósea y de partes blandas. Actualmente se realizan reconstrucciones 3D que nos permiten hacernos una idea espacial completa antes de la intervención quirúrgica.

    En algunos hospitales se esta empezando a utilizar el TAC 3D intraoperatorio que puede eliminar la necesidad de visualización directa de los sitios de fractura para asegurar la reducción, lo que disminuirá tiempo de cirugía y costes.

  TRATAMIENTO

Poco se había escrito sobre las fracturas de cigoma hasta que en 1751 duVerney informó sobre 2 casos. De hecho se las consideraba como una dolencia que no hacía falta tratar. Los primeros tratamientos consistieron en reducir el cuerpo del malar a través de diferentes vías: surco gingivobucal, antro maxilar, nariz o piel sobre la prominencia malar. Keen11 fue el pionero en la utilización del abordaje intraoral; su técnica fue muy criticada al considerar que existía un riesgo inasumible de contaminación por los gérmenes de la cavidad oral. En 1906 Lothrop12 describió el abordaje transantral por vía intraoral; este abordaje que se conoce como de Caldwell-Luc evita incisiones externas y permite el drenaje y desbridamiento del seno maxilar. En 1931 Shea13 describió el abordaje nasal.

El descubrimiento de los antibióticos permitió la extensión de los abordajes intraorales y el inicio del empleo con seguridad de los materiales de osteosintesis. En 1942, Adams14 usó por primera vez los alambres para la reducción y fijación de las fracturas faciales y Fryer15 en 1950 las agujas de Kirschner. La fijación con placas de las fracturas faciales vino posteriormente a través de los trabajos del grupo suizo AO pero no se utilizaron por primera vez en la región malar hasta 1972 por Michelet y Festal16.

Mientras que antes se prefería esperar a que remitiese el edema para intervenir quirúrgicamente, hoy en día la intervención se realiza cuanto antes basándose en que una pronta reducción con adecuada inmovilización ayuda al descenso más precoz del edema facial, favoreciendo la remodelación de los tejidos blandos.

Los siguientes son principios generales aceptados en el tratamiento de las fracturas faciales:

  • Diagnóstico completo y exacto.

  • Exposición de los focos de fractura.

  • Reducción anatómica.

  • Fijación interna rígida.

  • Injertos óseos primarios para la reconstrucción tridimensional adecuada de los defectos

  • Suspensión perióstica de los tejidos blandos después de la reducción de las fracturas. Es fundamental reanclar el periostio en su sitio para evitar la ptosis de los tejidos blandos que produce una pérdida de la proyección malar y del surco nasogeniano17.

El objetivo último del tratamiento es la reducción anatómica y estabilización de las fracturas con el fin de restablecer el contorno y simetría facial así como una adecuada oclusión en caso de que se halle afecta.

  Abordajes

Antes la mayoría de las fracturas se trataban de modo cerrado. La estabilidad de este
tipo de fracturas dependía de la integridad de las fijaciones periósticas. Este método cerrado ha conllevado muchos fracasos terapéuticos, lo que propició la búsqueda de diferentes vías de abordaje que permitiesen la reducción más exacta y osteosintesis de las fracturas.

Las vías de abordaje deben adaptarse a cada tipo de fractura y nos deben de permitir la verificación del estado de la sutura frontomalar, reborde infraorbitario, suelo de la órbita, unión maxilomalar, arcada cigomática y alineación del ala mayor del esfenoides. Esta última se ha confirmado como la zona más importante a explorar para comprobar que una fractura orbitomalar se encuentra alineada; se puede explorar con una valva maleable que se deja resbalar hacia la zona posterior de la pared lateral de la órbita. La sutura frontomalar proporciona la fijación ósea más fuerte pero es la peor guía de reducción (Fig. 1).

Fig. 1. Imagen de TAC 3D en la que se aprecia como la fractura alcanza el ala mayor del esfenoides, la zona más importante para controlar una adecuada reducción.

 

El abordaje temporal fue descrito por Gillies en 192718. Se realiza una incisión detrás de la línea pilosa temporal y por detrás de la capa más profunda de la fascia temporal se introduce un elevador que llega a la zona del arco cigomático o a la eminencia malar.

El abordaje de Dingman19 consiste en una incisión de 1.5 cm en la cola de la ceja para abordar la sutura frontomalar. Se utilizó además para comprobar la reducción de la fractura pero como ya hemos dicho esta sutura es la peor guía de reducción. Si se quiere un abordaje más amplio de la pared lateral de la órbita se puede recurrir a la incisión de blefaroplastia superior que aprovecha el pliegue palpebral superior en su tercio externo prolongándolo en la comisura externa20.

El abordaje intrabucal consiste en la realización de una incisión en el surco gingivobucal. Tuvo su empuje definitivo con la aparición de los antibióticos. Sus ventajas son que proporciona una buena vía de abordaje de la unión maxilomalar con nula secuela estética. Los abordajes transcutáneos en el párpado inferior se clasifican fundamentalmente en subciliar, subtarsal y subpalpebral. Con ellos se accede al reborde infraorbitario, suelo de la órbita, paredes medial y lateral. El abordaje subciliar21 consiste en una incisión cutánea a 2-3mm. del borde libre del párpado que lateralmente no sobrepasa el reborde orbitario externo. La disección para alcanzar el reborde infraorbitario puede continuar de manera subcutánea (colgajo cutáneo), preseptal (colgajo miocutáneo) o en escalón como preconizaron Converse y Smith en 196022. Esta última se considera más adecuada ya que lo que pretende es minimizar el riesgo de ectropion y de edema crónico del párpado inferior en el postoperatorio. La incisión alcanza sólo la piel y se diseca subcutáneamente en dirección inferior sobre el músculo orbicular. Por debajo del tarso se abre el orbicular hasta que se detecta el septum orbitario que se diseca hasta 2 mm. por debajo del reborde orbitario inferior. Se abre el periostio y se levanta separándolo del reborde y del suelo de la órbita (Fig. 2). Manson and col.23 extendieron la incisión lateralmente por debajo del ligamento cantal externo, lo que permite la visualización de la unión frontomalar sin necesidad de incisión en la cola de la ceja. La incisión subtarsal se realiza a unos 5-7 mm. del borde libre del párpado y la subpalpebral se realiza directamente sobre el reborde infraorbitario. El acceso que permiten estas 2 vías es menor que la vía subciliar ya que además no se recomienda la extensión lateral de la cicatriz. El resultado estético es aceptable y hay menor riesgo de desarrollar edema crónico del párpado inferior y ectropion.

Fig. 2. Abordajes subciliares: A/ Colgajo cutáneo, B/Colgajo muscular, C/Colgajo cutaneo-muscular de Converse. (Modificado de Manson P.N., Rugs E., Iliff N., Yaremchuk M. Single eyelid incision for exposure of the zygomatic bone and orbital reconstruction. Plast Reconstr Surg. 1987; 79: 120-126.)

El abordaje transconjuntival tiene las ventajas de no precisar cicatrices cutáneas y minimiza los riesgos de ectropion postoperatorio24. La incisión se realiza en la mucosa inferior del fórnix inferior y prosigue la disección en un plano preseptal o retroseptal. Este abordaje permite una visualización limitada de las estructuras orbitarias con lo que se suele reservar para fracturas del reborde o del suelo orbitario. Con la cantotomía lateral se amplía un poco más la visualización hasta parte de la pared lateral 25. Tenzel y Miller26 utilizaron, para fracturas pequeñas por estallido sin restricción de los movimientos oculares, una variable simplificada que consiste en la incisión directa de la conjuntiva sobre el reborde infraorbitario.

El abordaje bicoronal o hemicoronal es el preferido cuando tenemos fracturas faciales múltiples ya que permite amplias exposiciones óseas con mínima secuela estética. Sigue un plano subgaleal hasta 3 cm. del reborde orbitario donde se hace subperióstico. Lateralmente al principio va en el plano de la fascia temporal superficial pasando a subfascial profundo posteriomente para evitar lesionar la rama frontal del facial27, 28.

También se pueden utilizar incisiones sobre heridas previas a las que se añadirán incisiones que permitan controlar una adecuada reducción.

  Métodos de reducción y fijación

La mayor discrepancia en las fracturas orbitomalares es el método de reducción a utilizar y como sintetizar la reducción lograda. Con el avance de los medios diagnósticos se está volviendo a utilizar métodos de reducción cerrada obteniendo buenos resultados al poder realizar control incluso intraoperatorio. Vamos a proceder a la descripción de los diferentes métodos por los que podemos conseguir la reducción y estabilización de las fracturas.

  • Abordaje de Gillies. Se utiliza básicamente para las fracturas de arco zigomático recientes. Es un método fácil y rápido que no deja cicatrices. El riesgo de infección es bajo. Es inapropiado en fracturas antiguas y conminutas.

  • Elevación con gancho malar. Es fácil y rápido y al igual que el anterior son métodos de reducción cerrada. Debe tenerse la precaución de insertarlo en la región preauricular donde aún el facial no ha dado sus ramas evitando así lesionarlo. Se utilizan para fracturas de arco zigomático recientes y algunos autores preconizan su uso también en fracturas malares sin conminución y sin desplazamiento o con desplazamiento lateral que son estables por definición. El riesgo de infección es bajo.

  • Fijadores externos. Existen muchos tipos diferentes de pines (Joe Hall Morris, Roger Anderson...) que se pueden utilizar solos o como complemento a estas técnicas. Actualmente algunos autores están utilizando minifijadores tipo Orthofix. Se emplean básicamente en fracturas de malar sin conminución ni desplazamiento. Su principal ventaja es que se puede modificarse su posición en el postoperatorio en caso de que la reducción no sea buena. No precisa que las fracturas sean recientes. Es incomodo para el paciente y tiene cierto riesgo de infección por lo que se recomienda cobertura antibiótica29.

  • Abordaje intraoral. No deja cicatrices visibles. Moderado riesgo de infección. Su utilidad es limitada pero hay autores que consideran este abordaje y la fijación mediante una miniplaca el método más adecuado de tratamiento de las fracturas sin conminución ni desplazamiento.

  • Taponamiento antral. Consiste en la ocupación del seno maxilar por gasa o una sonda de foley con lo que se permite la reubicación de fragmento del suelo de la órbita al hacer presión ascendente. Se emplea cuando hay gran conminución de la pared anterior del seno maxilar. Esta prácticamente obsoleto por sus múltiples complicaciones: sinusitis crónica, diplopia persistente, fístulas antrales, olor molesto, puede perderse la reducción al retirarlo, compresión del n. óptico por los fragmentos...

  • Alambres de acero. Se utilizó ampliamente en el pasado con un resultado relativamente satisfactorio ya que generalmente quedaba cierto grado de rotación y desplazamiento. No precisa que las fracturas sean recientes. Posibilidad de desplazamiento de los fragmentos. Precisa cobertura antibiótica.

  • Miniplacas. No hay mejor método para proveer fijación estable en los 3 planos del espacio para fracturas malares inestables que las miniplacas30. Es más adecuado utilizar el termino semirígidas ya que estabilizan de un modo pasivo, esto es, sin darlas compresión como hacen las placas rígidas. La introducción del titanio es lo que ha permitido aumentar la maleabilidad. Existen de múltiples formas. Pueden usarse en fracturas antiguas y sus complicaciones son las de cualquier método que precise reducción abierta. En la zona periorbitaria se recomienda el uso de placas lo más finas posibles, microplacas, para evitar complicaciones y que se noten debido a la delgadez de los tejidos de esta área. Suelen tener un espesor de 1.0 mm. a diferencia de las miniplacas que miden 1.5-2.0 mm. Estas microplacas se pueden utilizar en esta zona (apof. frontocigomática, reborde infraorbitario, arco zigomático) gracias a que las fuerzas musculares que actúan aquí son mucho menores que en otras zonas como por ejemplo la mandíbula, por lo que no necesitan una estabilización tan firme31. Algunos autores recomiendan evitarlas en el arco zigomático, reborde infraorbitario, suelo de órbita y pared anterior de seno maxilar porque pueden alterar la restauración tridimensional, facilitan reabsorción ósea y favorecen reacciones inflamatorias que provocan fibrosis favoreciendo el ectropion y el edema crónico del párpado inferior32. La introducción de las miniplacas reabsorbibles es interesante sobretodo desde el punto de vista de las fracturas en niños al no interferir con el crecimiento de los huesos ya que su reabsorción es completa en el periodo de un año.

  Injertos e implantes

La reconstrucción volumétrica de la anatomía orbitaria es esencial tanto desde el punto de vista estético como de la función ocular. La reconstrucción mediante injertos o implantes previene la luxación del globo ocular y la formación de fibrosis de este con las estructuras vecinas 33,34,35.

  • Injertos autólogos. Se ha usado cartílago36 (costal, pabellón auricular), fascia lata37, hueso iliaco, costilla, pared antral y calota38. Se recomienda más el uso de injertos membranosos porque se ha visto que presentan menos reabsorción y riesgo de infección (cresta ilíaca, costilla). Sin embargo el injerto de calota, a pesar de su bajo contenido en hueso esponjoso, se utiliza mucho por poderse utilizar el mismo campo quirúrgico y dejar menos secuelas que los anteriores. Las principales desventajas de los aloinjertos son que alargan el tiempo de la cirugía, la morbilidad de la zona donante y el potencial riesgo de reabsorción.

  • Injertos homólogos y heterólogos. Entre los homoinjertos están el hueso y duramadre liofilizado, cartílago y fascia lata irradiados. Entre los xenoinjertos están el hueso bovino y la duramadre porcina liofilizada. El riesgo de transmisión de graves enfermedades infecciosas como el SIDA o el Creutzfeldt-Jakobs ha hecho que se dejen de utilizar.

  • Implantes aloplásticos. Pueden ser reabsorbibles (polidioxano39, hidroxiapatita40, ac. poliglicólico41,polimero de ácido poli(L-lactido)42…) o irreabsorbibles (teflon43, titanio44, vitalio45, silastic46…). Disminuyen el tiempo de cirugía y eximen de las secuelas en la zona donante. Su principal problema es la infección que provoca una reacción inflamatoria crónica pudiendo llegarse a la extrusión del implante.

  Tendencias generales en el tratamiento de las fracturas malares

Lo que se pretende con el tratamiento es la reparación tridimensional de la morfología facial previa para evitar secuelas tanto desde el punto de vista funcional como estético.

  • Fracturas aisladas de arco zigomático. Pueden ser reducidas efectivamente mediante reducción cerrada bien por la vía de Gillies o con el gancho elevador. En caso de que no se reduzca algunos autores optan por el abordaje coronal47,48 y la síntesis con placas de bajo perfil. Sin embargo otros autores consideran innecesario este tratamiento ya que los músculos temporal y masetero con sus fascias dan al arco estabilidad suficiente y además si queda algún fragmento incongruente su importancia tanto funcional como estética es mínima.

  • Fracturas del reborde orbitario y suelo de la orbita. El reborde infraorbitario es reconocido como el determinante menos importante para el éxito de la reducción. El suelo orbitario está envuelto en algún grado en todas las fracturas del complejo cigomaticomalar, frecuentemente con disrupción mínima o fracturado en dos segmentos a nivel del canal infraorbitario. Una adecuada reducción del malar suele conllevar una adecuada reducción del suelo y reborde infraorbitario siempre que no haya conminución 49. Desgraciadamente, la exploración quirúrgica de la órbita es responsable de la mayoría de complicaciones asociadas con el manejo de estas fracturas, sobretodo por las vías que hay que utilizar para acceder a ellas. Kevin A. y colaboradores en 1997 postularon una serie de situaciones basadas en la exploración física y en el diagnóstico de imagen (TAC) que precisan de exploración quirúrgica pudiéndose evitar en el resto50,51:

    • Diplopia persistente de más de 7 días.

    • Enoftalmos clínica y/o estéticamente significativa.

    • Evidencia radiográfica de conminución o desplazamiento importante del reborde infraorbitario.

    • Evidencia radiográfica de desplazamiento del suelo orbitario o conminución >50% con herniación de tejidos blandos en el seno maxilar.

    • Fractura combinada de suelo y pared medial con desplazamiento de tejidos blandos demostrado radiográficamente.

    • Evidencia radiográfica de fractura o conminución del cuerpo del cigoma en si mismo, no sólo de sus arbotantes.

    • Evidencia física o radiográfica de exoftalmos o desplazamiento del contenido orbitario (blow-out).

    El abordaje más recomendado para esta zona es el transconjuntival que permite una adecuada exposición con raras complicaciones posteriores. En el caso del suelo se deben de restituir los tejidos orbitarios colapsados y cubrir los defectos mayores de 5 mm. con dura liofilizada, PDS... Si los defectos son grandes se puede utilizar cartílago liofilizado o injertos de calota. Algunas veces se utilizan tornillos para fijar los injertos, pero la mayoría de las veces es suficiente con el soporte óseo que proporcionan las paredes orbitarias. En el caso del reborde infraorbitario se deben reposicionar el mayor número de fragmentos posible, existiendo dos tendencias; algunos autores contraindican totalmente el uso de miniplacas en esta zona, a no ser que haya perdida de sustancia ósea prefiriendo la estabilización por medio de alambres o suturas reabsorvibles mientras otros utilizan microplacas.

  • Fracturas completas del malar (“en tetrapode”) sin conminución y con escaso desplazamiento (Fig. 3). Muchos autores defienden medidas conservadoras en caso de que no haya desplazamiento con dieta blanda, protección malar y seguimiento estrecho durante al menos 6 semanas para vigilar posibles desplazamientos. La reducción cerrada se pude intentar como primera opción en aquellas fracturas relativamente estables y con escasa afectación del suelo orbitario52. Se suele utilizar el gancho elevador. También se pueden utilizar fijadores externos.

Fig. 3. Imagen de TAC 3D en la que se aprecia una fractura en “tetrápode” sin conminución y con escaso desplazamiento.


En caso de que la reducción sea inestable o cuando haya encarcelación del contenido orbitario se realizará reducción abierta. Se deben realizar los abordajes que necesitemos para ver la sutura frontomalar, el reborde infraorbitario y la unión maxilomalar aunque no se precise osteosíntesis en todas ellas. En la mayoría de fracturas con una miniplaca es suficiente colocándola según algunos autores en la sutura frontomalar y según otros en la unión maxilomalar. Manson prefiere esta última zona utilizando sólo un abordaje intraoral al considerarla la más importante para vigilar la reducción, es más este autor no justifica el tratamiento cerrado al considerar mucho más estable la osteosintesis53. Otros autores defienden la utilización de al menos 2 miniplacas 54.

  • Fracturas multifragmentarias. Son indicación absoluta de reducción abierta y osteosíntesis precisando amplios abordajes sobretodo en el contexto de fracturas panfaciales. Hay que exponer sutura frontocigomática, ala mayor de esfenoides, reborde infraorbitario, suelo de la órbita y unión maxilomalar para conseguir una reducción tridimensional exitosa. Las dos zonas más importantes a sintetizar son la unión maxilomalar y la sutura frontomalar; a veces una miniplaca es suficiente si bien otra en la unión maxilomalar puede estar indicada para dar adecuada proyección malar. El reborde infraorbitario suele seguir la alineación de las otras estructuras como hemos visto a no ser que exista gran conminución. La zona más importante para vigilar la reducción es el ala mayor del esfenoides. La inspección y reparación de suelo de orbita y reborde infraorbitario es en estos pacientes mandatoria. Los fragmentos que ocupan el seno maxilar deben ser elevados y reposicionados a fin de disminuir el riesgo postoperatorio de sinusitis y fístulas antrales. Métodos como el taponamiento antral están obsoletos. Se suelen reposicionar mediante suturas reabsorvibles ya que las miniplacas en esta zona parece que promueven la reabsorción ósea y la sinusitis crónica. Si los defectos son grandes pueden precisarse injertos de calota o de cartílago liofilizado.

  Fracturas orbitomalares en niños

Debido a la falta de desarrollo del seno maxilar y a la falta de fusión de la sutura frontomalar, estas fracturas son raras en niños55. Se observan en los niños de mayor edad y precisan de una fuerza muy importante para que se produzcan, adoptando en estos casos la forma de fractura-luxación. Suelen afectar a la región de la sutura frontomalar provocando una disyunción craneofacial unilateral, siendo el Lefort III completo muy raro en niños. Una fractura que es más frecuente en niños que en adultos es la aislada del techo debido a la mayor proporción craneofacial y a la menor neumatización del seno frontal.

La radiografía en niños es de difícil interpretación al no dibujarse las líneas de fractura con suficiente claridad. La ausencia de seno maxilar y la mayor concavidad del suelo de la órbita nos pueden llevar a sospechar una falsa fractura56.

Deben de tratarse en los 5-7 primeros días ya que la consolidación es muy rápida; además la reparación secundaria con injertos en los niños es prácticamente imposible57. Algunos autores prefieren utilizar alambre a miniplacas alegando que estas interfieren con el crecimiento óseo58. El desarrollo de las miniplacas absorbibles tendrá grandes ventajas en los niños, al proveerlos de una fijación más estable y sin interferir en el crecimiento al reabsorberse en 1 año como máximo.

 

 

  COMPLICACIONES

  • Hemorragia del seno maxilar. Generalmente drena produciendo una epistaxis unilateral autolimitada. En caso de retención puede ser necesario su drenaje para prevenir otras complicaciones como son la sinusitis crónica o las fístulas antrales. Estas complicaciones también pueden aparecer en relación con el tratamiento al utilizar el taponamiento antral o tras una inadecuada reconstrucción del área.

  • Cicatrices inesteticas en relación con los abordajes cutáneos, sobretodo con el subciliar. Pueden producir acortamiento del párpado inferior con exposición escleral, ectropion, entropion, alopecia…

  • Diplopia persistente.

  • Enoftalmos. Importante la reconstrucción tridimensional de los defectos de la órbita.

  • Anestesia o hipoestesia persistente en el territorio del n. infraorbitario.

  • Lesión de la glándula lacrimal. No está indicada su extirpación sino su reubicación lejos del foco de fractura.

  • Descenso de tejidos blandos con perdida del relieve malar. La suspensión perióstica en la cirugía lo evita.

  • Síndrome de la fisura orbitaria superior. Lesión de los pares craneales III, IV y /o VI que producen oftalmoplejía, parálisis de párpado superior, pupila midriática… Si se afecta el par V habrá alteraciones sensitivas en el territorio de su rama oftálmica. Esta indicado el tratamiento conservador.

  • Síndrome del apex. Igual que el anterior pero además se afecta el nervio óptico.

  • Ceguera. Las perdidas de visión bruscas, completas e inmediatas tras el traumatismo, suelen tener mal pronóstico, al contrario de las que empiezan gradualmente. Debe realizarse un TAC de urgencia en busca de hematoma retrobulbar o esquirlas óseas que estén lesionando el nervio. En caso de que sea positivo se debe intervenir de urgencia, sino se puede intentar el tratamiento conservador con altas dosis de corticoides.

 

 

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