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TEMA 18. ULCERAS POR PRESION

Orlando García Duque.
Residente 3 año. Hospital General de Gran Canaria “ Dr Negrin”
Isabel González González. Médico adjunto. Hospital Nacional de Parapléjicos.
Javier Fernández-Palacios. Médico adjunto. Hospital General de Gran Canaria “ Dr Negrin”.

 



 
INTRODUCCIÓN

En la época actual, caracterizada por una rápida sucesión de los progresos médicos y por el empleo de cada vez más sofisticados medios técnicos, continúan presente en los hospitales las úlceras por presión.

Podemos definir las úlceras por presión (UPP) como toda pérdida tisular, producida por isquemia, y derivada de una presión ejercida y mantenida sobre una prominencia ósea.

Aunque se utilizan, de forma intercambiable, diversos términos para describir esta pérdida tisular, como úlcera por el lecho o úlcera por decúbito, el término más adecuado es el de úlcera por presión, ya que refleja el concepto actual sobre su etiología: una presión excesiva y mantenida sobre la piel por encima del límite tolerable de la misma.

La patología ulcerosa puede presentarse tanto como principal causa nosológica o como una complicación dentro del contexto de otra patología de base. Así podemos decir que puede aparecer en:

  • Enfermos geriátricos, con grave deterioro de su estado general y con escasa movilidad que les condena a permanecer durante mucho tiempo en la misma posición.

  • Pacientes con trastornos del aparato locomotor, con enfermedades invalidantes crónicas o con trastornos agudos que precisan extensas férulas o tracciones.

  • Enfermos comatosos ingresados en unidades de cuidados intensivos.

  • Pacientes neurológicos con afectación motora, sensitiva o psíquicas.

  • Lesionados medulares, los cuales tienen unas características especiales que les diferencian de los enfermos neurológicos por su importancia y frecuencia de aparición de esta patología.

Estos grupos de pacientes de riesgos tienen en común que carecen de los mecanismos fisiológicos de defensa, ya que presentan una hipoestesia-anestesia, acompañada o no de transtornos tróficos en la piel, como piel delgada y una pérdida de grasa subcutánea; además puede existir una falta de tono muscular o espasticidad, o presentar un éstasis venoso-linfático. Todas estas alteraciones contribuirán en mayor o menor medida a incrementar el efecto nocivo de la presión.

Cuando aparece una UPP en estos enfermos puede ser índice de que existe un agravamiento de su enfermedad primitiva y sobretodo se acompañará de una mala evolución y una curación más difícil, de ahí la importancia extrema que representa la prevención de la formación de las úlceras por presión en todos estos grupos de riesgos.

 

 

  ETIOLOGIA-PATOGENIA

Para llegar a comprender el problema de la patogenia de una UPP hay que considerar que en su producción intervienen dos factores relacionados. Por una parte, existe un factor extrínseco, que únicamente es la presión que se realiza sobre un tejido concreto y que representa el motivo primordial y sine qua non para desarrollar la patología ulcerosa. Por otra parte, podemos distinguir un factor intrínseco, individual, que es la respuesta biológica de cada organismo a la presión.

 Factor extrínseco

Una presión ejercida y mantenida sobre una prominencia ósea es la causa principal para la aparición de una UPP. Esta presión sobre los tejidos actúa como un hecho físico puro en la interrupción de la circulación tisular, ocasionando una isquemia localizada que será el origen de la aparición de una necrosis tisular.

Aunque se han descrito en la literatura diferentes estudios valorando la presión sanguínea en los capilares y en distintos puntos del cuerpo (Landis, 1930; Greenway y Piazza, 1965; Groth,1942]; Kosiak,1959), podemos decir que la aplicación sobre cualquier zona del cuerpo de una presión de 50-60 mm Hg/cm2 produce una isquemia localizada. Dicha presión es difícil superar en el desarrollo de una actividad normal, sin embargo, si en los tegumentos blandos subyace un plano óseo, con suma facilidad se rebasará esta presión crítica ya que la presión se transmite desde la superficie hasta el hueso subyacente, con la compresión de todos los tejidos interpuestos, sufriendo en primer lugar las consecuencias de la presión aquellos tejidos situados próximos al hueso. Esta presión mayor en las zonas próximas al hueso disminuye gradualmente hacia la periferia, por lo que la mayor necrosis de los tejidos se produce en las zonas más profundas, próximas al hueso y no en la superficie cutánea. Este hecho es importante tenerlo en cuenta ya que cuando se presentan alteraciones en la superficie cutánea es indicativo de la existencia de una mayor necrosis en profundidad.

Kosiak (1959) demostró en un estudio experimental realizado en perros que la presión intensa de breve duración injuriaba a los tejidos de igual forma que una presión baja pero de larga duración, ocasionando en ambos casos una isquemia tisular que provoca modificaciones irreversibles, que en última instancia causan necrosis y ulceración.

 Factor intrínseco

Son las respuestas biológicas en las diferentes patologías las que reducen el gradiente de presión necesario para interrumpir la vitalidad de los tejidos.

En los estados de shock se produce un estasis sanguíneo en las áreas esplácnicas y una isquemia en la piel y en los músculos. La circulación hística superficial se ve muy reducida por la disminución del gasto cardiaco, por la reducción de la presión venosa periférica y por el descenso de la presión arterial.

En la arterioesclerosis, los cambios que se producen en la pared vascular tienen consecuencias también en la nutrición de los tejidos superficiales, ocasionando deficiencias en la irrigación de muchas zonas corporales.

Determinadas situaciones como por ejemplo la fiebre, ocasionan una serie de alteraciones metabólicas, incrementando hasta el 50% el metabolismo normal de los tejidos y elevando así el requerimiento de nutrientes y oxígeno, por lo que los tejidos se hacen más vulnerables a la presión.

Situaciones de déficits nutricionales como la hipoproteinemia o la anemia, colocan al enfermo en una situación de indefensión frente al factor extrínseco principal que es la presión. En todas las situaciones en que se establecen pérdidas importantes en el medio interno, se produce un disbalance nitrogenado, con una disminución de las proteínas séricas, anemia y déficits vitamínicos, que conducen a una reducción de la masa corporal total, estimulándose el proceso destructivo que puede llevar a la instauración de un círculo vicioso.

La lesión de la médula espinal merece una especial atención dentro del capítulo de las UPP, ya que las alteraciones secundarias a la lesión medular que van a predisponer a la aparición de ulceraciones, se mantienen a lo largo del tiempo, de ahí que la mayoría de estos pacientes presenten a lo largo de su vida alguna UPP, así como un alto riesgo de recidivas. En esto se diferencian de los pacientes encamados por procesos agudos como por ejemplo los incluidos en las unidades de cuidados intensivos, en los cuales las causas coadyuvantes para la aparición de ulceraciones desaparecerán cuando finalice el encamamiento.

Durante la fase de shock medular se produce una desaparición de los reflejos vasomotores, acompañándose de una reducción de la respuesta a los efectos isquemizantes de la presión, favoreciendo así la aparición de ulceraciones. A este factor se suma el estasis venoso ocasionado por la parálisis, que acentúa el efecto de la presión al aumentar su tiempo de actuación sobre una zona concreta.

La anestesia de una zona corporal hace que el individuo no tenga la posibilidad de conocer la progresiva actuación de la presión con la correspondiente alarma sensitiva, haciéndolo más vulnerable a la aparición de lesiones. En los individuos sanos la presión recibida en una determinada zona ocasiona una alarma sensitiva, recibida inconscientemente y que provoca, también de forma inconsciente, una serie de cambios continuos de postura y actitud.

A todos estos factores se suma un conjunto de alteraciones tróficas que incrementan la vulnerabilidad de los tejidos a la presión, que si se acompañan de fuerzas de cizallamiento o deslizamiento, contribuirán a la ulceración de la piel por aplicación directa de fuerzas mecánicas a la epidermis.

La espasticidad con la que cursan algunas de las enfermedades neurológicas puede determinar una situación postural que permita que la presión actúe con especial intensidad sobre las articulaciones deformadas.

Después de enumerar toda esta serie de factores predisponentes, es fácil imaginar las innumerables posibilidades de que se cierren diferentes círculos viciosos para dar origen a una UPP, pero en cualquier caso, es imprescindible la presencia del factor extrínseco que es la presión. En muchas ocasiones, es tan sólo la presión el exclusivo protagonista de la producción del cuadro clínico.

 

 

  EPIDEMIOLOGIA

La incidencia real de las lesiones por presión es muy difícil conocerla con exactitud, ya que existe un gran número de úlceras que son tratadas en el domicilio del enfermo, sin que queden recogidas en ningún registro; además, muchas de las ulceraciones que aparecen en los enfermos crónicos hospitalizados o en asilos, no se les concede ninguna importancia y por tanto no son recogidas como una enfermedad, por lo que es muy difícil realizar una estadística médica fiable.

La distribución por edad es muy variable dependiendo del centro donde se realice el estudio. Por ejemplo, en los hospitales de enfermos crónicos, la mayor incidencia se presenta en la población > de 65 años; sin embargo, se estudiamos los lesionados medulares del Hospital Nacional de Parapléjicos, observamos que la edad más propicia para padecer este tipo de lesiones es antes de los 30 años. De los 30 a los 50 años, como resultado de una vida más ordenada y consciente, se reduce significativamente la incidencia para volver a aumentar a partir de los 50 años hasta llegar a una incidencia del 60% en los pacientes mayores de 70 años.

Con respecto a la localización, es importante conocer las “zonas peligrosas” o los sitios predilectos para la formación de ulceraciones, con el fin de poner las medidas necesarias para su profilaxis (Fig. 1).

Ninguna zona del cuerpo es inmune al desarrollo de úlceras, sin embargo, la cintura pélvica es la que arroja el mayor porcentaje de localización, concretamente la zona sacra, isquiática y trocanterea, representando más del 70%. También aquí es difícil establecer la incidencia en cada una de las localizaciones, ya que dependerán de la población estudiada. Por ejemplo, en los pacientes ambulatorios, es frecuente observar úlceras en el maleolo interno del pie o en el talón, que por ser de escasa extensión y profundidad pueden ser tratadas en su domicilio; sin embargo, en pacientes encamados en unidades de cuidados intensivos, una de las localizaciones más frecuentes son la región sacra y los talones, ya que permanecen durante mucho tiempo en posición decúbito supino; en los lesionados medulares, postrados en sillas de ruedas, la región anatómica más susceptible de presentar ulceraciones es la región isquiática, ya que debe soportar durante más tiempo el efecto de la presión por el peso del cuerpo.

 

 

  EVOLUCION CLINICA

El aspecto clínico que presentan las úlceras por presión va variando a lo largo de su evolución. Así pues podemos diferenciar una fase aguda, al comienzo de su formación, en la que la UPP se presenta como una mancha parda o violácea, persistente, sobre una prominencia ósea. Este enrojecimiento persistente puede pasar por estadios de inflamación y comenzar a presentar el inicio de una necrosis tisular, que habitualmente es interpretada, de forma equivocada, como un absceso agudo, que en general suele ser incidido para drenar un pus inexistente, dejando expuesto una grasa necrótica de color amarillo-grisáceo, susceptible de una infección posterior. Cuando se presenta este “pseudoabsceso” debe ser interpretado como la fase inicial de una UPP y, por lo tanto, es importante adoptar una actitud conservadora, eliminando la presión y evitando el drenaje del mismo.

Si la presión no se alivia, la mancha violácea comenzará a oscurecerse hasta llegar a formar una placa negra, dura y adherida, que, a medida que vaya evolucionando, comenzará a presentar un halo de enrojecimiento periférico que indica el inicio de un proceso inflamatorio que permitirá eliminar este tejido necrótico, hasta conseguir que esta placa negra quede suelta y, por último, se desprenda.

La pérdida de sustancia resultante suele tener en su fondo una prominencia ósea o un tejido fascial visible. En los límites de la oquedad existen zonas desvitalizadas que son eliminadas progresivamente de forma espontánea y que dejan como resultante una prolongación lateral de la pérdida de sustancia, que en la úlcera evolucionada se denomina saco ulceroso.

Cuando los procesos reparadores espontáneos llegan a su máxima expresión. Aparece una zona granulada algo más pequeña que la primitiva placa de necrosis, una zona cicatricial que la rodea (determinada por el crecimiento del epitelio en los márgenes de piel no afectada), y en una zona de la ulceración, una entrada al saco ulceroso que igualmente estará cubierto por tejido de granulación.

Los productos de la invasión bacteriana y de la destrucción de tejidos conforman una descarga purulenta y maloliente, destructiva para el nuevo epitelio. Esta descarga continua de material proteolizado se traduce clínicamente en un déficit de proteínas, anemia, fluctuación de la temperatura y malestar general.

En algunas ocasiones, el proceso supurativo puede recorrer gran distancia entre planos fasciales y establecer trayectos fistulosos, con la penetración en determinadas cavidades articulares por destrucción de la cápsula articular, dando origen a una artritis séptica, con destrucción de la articulación, que se traducirá clínicamente en fiebre alta acompañada de un cuadro clínico de sepsis.

 

 

  CLASIFICACION

Aunque se han descrito diferentes clasificaciones de las úlceras por presión, basadas fundamentalmente en la profundidad y el grado de destrucción de las estructuras profundas, en el Hospital Nacional de Parapléjicos se emplea una clasificación basada en la evolución clínica de la úlcera, que permite, por un lado, establecer una serie de criterios básicos del tipo de tratamiento a realizar en cada una de las fases (profilaxis, tratamiento conservador y tratamiento quirúrgico), y, por otro lado, desterrar la tendencia a considerar las úlceras por presión sólo en términos de su cronicidad, siendo sin embargo, un proceso evolutivo.

Podemos diferenciar 4 fases clínicas de las UPP:

 Fase de Eritema (fig 2)

Caracterizada por un enrojecimiento persistente sobre una prominencia ósea. Este eritema indica que se ha llegado al límite de tolerancia de la piel a la presión, por eso, esta fase constituye el punto de alarma inicial para la formación de una ulceración, y representa la única fase reversible de la misma.

Durante esta fase, si se elimina la presión persistente, conseguiremos evitar la aparición de una necrosis tisular profunda que constituiría el punto de partida de una UPP. Por eso, durante esta fase, los esfuerzos terapeúticos deben ir encaminados a la prevención.

Fig. 2. Fase de eritema

 Fase de Escara

Si continúa la presión, se producirá una necrosis tisular de la parte de tejido comprendida entre la piel y el hueso subyacente, que se traducirá en la aparición de una placa oscura, de aspecto seco, que se mantiene así durante varios días y que, progresivamente, va experimentando un reblandecimiento progresivo por los bordes, comenzando a macerarse para finalizar formando gruesos esfacelos húmedos que progresivamente se eliminan, ya sea de forma espontánea o por sucesivas escarectomías quirúrgicas.

Durante esta fase los exudados de superficie pueden ser negativos (16%), no demostrando contaminación o pueden aparecer gérmenes grampositivos.

En esta fase, el tratamiento a realizar será conservador, encaminado a la eliminación de la escara.

 Fase de Detersion (fig. 3)

Durante la fase de detersión o de limpieza, la úlcera se presenta como una oquedad profunda, con la aparición de esfacelos necróticos y restos de fibrina en el fondo y con un tejido recubierto de un exudado purulento y maloliente como consecuencia de los productos de invasión bacteriana y la destrucción de tejidos desvitalizados. En muchas ocasiones, el aspecto externo de la úlcera puede llevar a engaños, ya que se presenta con un orificio externo pequeño que deja en el interior una importante cavidad o saco ulceroso.

Microscópicamente se presenta un infiltrado celular de neutrófilos y linfocitos en los tejidos afectados con un incremento de la fagocitosis, que permitirán la limpieza microscópica de todos los tejidos desvitalizados.

En los exudados de superficie podemos apreciar la existencia de gérmenes gramnegativos, cuyo número de colonias aumentan durante toda la fase de detersión.

A partir de las células epiteliales vasculares de la zona, comenzará a producirse el crecimiento de un tejido de granulación que se presenta como una serie de mamelones rojos que tapizan toda la zona superficial de la ulceración.

En esta fase el tratamiento conservador irá encaminado a favorecer la limpieza local de la úlcera y la eliminación del tejido necrótico formado.

Fig. 3. Fase de detersion

 Fase de Contraccion (fig. 4)

Una vez formado el tejido de granulación, comienza la reparación espontánea con la proliferación del epitelio marginal de la úlcera. Los bordes de la UPP presentan una progresiva contracción, reduciendo paulatinamente el tamaño de la lesión.

Esta fase se caracteriza por la reaparición de gérmenes grampositivos y la reducción significativa del exudado purulento, que representan un signo del inicio de los fenómenos de reparación espontánea, condición necesaria para poder emprender los procedimientos quirúrgicos necesarios para el cierre de la úlcera, con las máximas garantías de éxito.

Fig. 4. Fase de contracción.

 

 

  PROFILAXIS

 Educación sanitaria

Una correcta explicación a los pacientes y familiares sobre cómo se forman las UPP y la importancia extrema de evitar la presión sobre las zonas de riesgo constituye el pilar básico para la prevención y el tratamiento de las úlceras por presión.

La elaboración de una serie de protocolos de profilaxis de las UPP dirigidos tanto al personal sanitario como a aquellas personas que, por diversos motivos se ven obligadas a permanecer acostadas o en una silla de ruedas durante un tiempo prolongado, ha reducido de forma significativa la incidencia de aparición de las UPP tanto en nuestro medio hospitalario como en nuestra área sanitaria.

Es muy importante resaltar, concienciando a la población general, que las UPP constituyen una complicación muy seria para aquellos pacientes que deben permanecer encamados o en silla de ruedas durante un periodo de tiempo prolongado, pudiendo afirmar que si estas personas no ponen un especial cuidado en evitar la aparición de ulceraciones, aparecerá, con toda seguridad, una UPP en algún momento de su vida, agravando el pronóstico de su enfermedad primitiva.
Además, hay que tener en cuenta que la curación de una úlcera ya instaurada representa un proceso lento que implica un reposo en cama prolongado retrasando considerablemente la rehabilitación y reintegración del paciente.

Otro de los motivos claves para hacer hincapié en la prevención es la elevada incidencia de complicaciones de infección y sepsis secundarias a la falta de cuidados o al mal tratamiento de las UPP, necesitando ingresos hospitalarios prolongados y tratamientos quirúrgicos, que incrementarán de forma significativa el gasto sanitario.

 Medidas preventivas

Las UPP se producen en las zonas en las que una persona acostada o sentada apoya su piel sobre el colchón o asiento, sobretodo en aquellas zonas en las que existe un saliente óseo que incrementa más la presión al quedar comprimida la piel entre dos superficies duras. Por lo tanto, podemos afirmar que la causa directa de la aparición de una ulceración es exclusivamente la presión mantenida durante un determinado periodo de tiempo, diferente según la tolerancia a la presión de cada individuo.

Si la causa directa es la presión, la forma de evitar la aparición de las UPP se debe basar en no mantener apoyo continuo sobre la piel, es decir, EVITAR LA PRESION.

Las medidas a tomar para prevenir la aparición de las UPP serán las siguientes:

  • Limpieza de la piel y aseo diario con jabones neutros, y aplicar cremas hidratantes en aquellas zonas de mayor sequedad cutánea

  • El colchón debe ser cómodo y las sábanas limpias, con el fin de que la piel no esté en contacto con secreciones como sudor, orina, etc.

  • Utilizar cojines especiales que repartan homogéneamente las presiones y que no sean demasiado duros. Existen en el mercado varios modelos de cojines “antiescaras”, que reparten uniformemente las presiones a condición de que se lleven relativamente desinflados. Un cojín duro incrementará la presión en la zona de apoyo pudiendo ser el origen de la aparición de enrojecimientos y ulceraciones. Todos los artefactos industriales existentes hasta la actualidad, ya sean cojines o camas, pueden resultar más o menos eficaces, pero, por sí solos, no llegan a eliminar la condición principal en la profilaxis, que es el cuidado constante y esmerado del enfermo para evitar su apoyo continuado.

  • Cuando sea posible, se adoptará la posición de decúbito prono mientras permanezca en la cama, protegiendo las rodillas y el dedo gordo del pie. Esta posición es la que permite liberar de presiones la cintura pélvica, área anatómica con mayor incidencia de ulceraciones.

  • En las personas que deban permanecer en silla de ruedas, es importante enseñarles a “sentarse bien”, con una posición correcta que evite el apoyo de la región sacrococcígea y evitar arrastrarse hasta el asiento.

  • La realización de cambios posturales cada 2-3 horas debe ser estricta. Si coexiste alguna causa que favorezca la ulceración, como por ejemplo fiebre, se vigilará continuamente al enfermo hasta que quede establecido el tiempo mínimo preciso para que no aparezca sufrimiento tegumentario, ya que este tiempo límite es individual para cada enfermo.

  • Protección con almohadas de las zonas peligrosas: talones y sacro en posición decúbito supino; caderas cuando estén acostados de lado; e isquión cuando estén sentados.

  • Realizar pulsiones periódicas, elevándose con ayuda de los brazos, o cuando los brazos no estén útiles, tendrán que separar el cuerpo del cojín inclinándolo hacia un lado y otro.

  • Vigilar el estado de la piel después de estar un tiempo en la misma posición, constituye una de las medidas más importantes dentro de la profilaxis. Para ello se realizará una inspección regular de las zonas de apoyo con un espejo, vigilando que no aparezca un enrojecimiento persistente que nos indicaría que hemos llegado al límite de tolerancia de la piel a la presión.

  • Una dieta correcta incluyendo un buen aporte proteico, así como de vitaminas y minerales será un apoyo importante para favorecer la cicatrización de los tejidos dañados.

“LA PREVENCIÓN SÓLO ES POSIBLE EN LA FASE DE ERITEMA. SI SE RETIRA LA PRESIÓN EN ESTA FASE, CONSEGUIREMOS EVITAR LA APARICIÓN DE UNA ÚLCERA”.

 

 

  TRATAMIENTO CONSERVADOR

Cuando en la superficie cutánea comienza a formarse una escara seca y negra, la destrucción tisular en las áreas próximas al hueso se ha instaurado. A partir de este momento, la ulceración seguirá evolucionando y pasará por las diferentes fases clínicas evolutivas, precisando el inicio de un tratamiento conservador lo más precoz posible.

Dentro del tratamiento conservador podemos distinguir diferentes aspectos tanto locales como generales, encaminados a asegurar una herida quirúrgicamente limpia o, en ulceras de pequeño tamaño, a conseguir el cierre espontáneo de las mismas.

Cuando la úlcera no es demasiado grande, el tejido de granulación formado comienza a rellenar el fondo del defecto, acompañado de un crecimiento epidérmico desde los bordes de la herida hasta conseguir el cierre por segunda intención. Sin embargo, cuando la úlcera es de gran tamaño, o está localizada en una zona sometida a importantes presiones o traumas mínimos, este recubrimiento cicatricial que se forma no proporciona una cubierta epitelial de calidad suficiente, por lo que en estos casos la indicación de tratamiento quirúrgico constituye la primera elección.

 Medidas locales

Van encaminadas a conseguir una escrupulosa higiene diaria manteniendo limpia y seca la herida. Durante la fase de escara y de detersión se deben ir eliminando todos los esfacelos necróticos que se van formando, ya sean piel, grasa, músculo o aquellos fragmentos libres de hueso necrótico que se acumulan en el fondo de la herida. Este desbridamiento quirúrgico debe realizarse diariamente mediante pinzas y bisturí estériles, cumpliendo todas las medidas de asepsia necesarias, y salvo desbridamientos muy amplios, puede realizarse en la propia cama del paciente. Aunque existen en el mercado diferentes agentes desbridantes enzimáticos, ninguno de ellos se ha mostrado más efectivo que el desbridamiento quirúrgico, pudiendo además causar complicaciones infecciosas añadidas si no se retira completamente la crema con cada cura.

Acompañando a este desbridamiento de esfacelos necróticos, se realizará un lavado de la herida a presión, por arrastre, y cumpliendo todas las medidas de asepsia necesarias.

 Medidas generales

Junto a todas estas medidas locales, el tratamiento conservador incluye una serie de medidas generales que van a favorecer la cicatrización de la herida y la preparación del paciente para un posterior tratamiento quirúrgico, en los casos en los que sea necesario.

Como primera medida básica cabe destacar la necesidad de evitar la presión, manteniendo reposo y realizando cambios posturales periódicos, con el fin de evitar que se amplíen las áreas de isquemia tisular, y por tanto de necrosis. Por mucha cura local o tratamiento quirúrgico que se realice, si no eliminamos la presión, nunca se conseguirá el cierre satisfactorio de una UPP.
Se deben realizar cultivos seriados del material drenado por la úlcera, con la identificación de los microorganismos y su sensibilidad a diferentes antibióticos. Estos cultivos permitirán conocer cómo va cambiando la flora contaminante de la herida, valorando así el momento más propicio para realizar el tratamiento quirúrgico cuando sea necesario. La administración local de pomadas o cremas antibióticas se ha mostrado ineficaz en la mayoría de los estudios, sobretodo en las úlceras crónicas, ya que el importante tejido cicatricial formado acompañado de vasos trombosados, impide el acceso del agente terapeútico a la herida.

Como medidas coadyuvantes cabe destacar el asegurar un correcto aporte proteico y corregir la anemia cuando sea necesario, con el fin de favorecer el proceso de cicatrización.

 

 

 TRATAMIENTO QUIRÚRGICO DE LAS ÚLCERAS POR PRESIÓN

 Cuidados preoperatorios

La intervención quirúrgica debe ir precedida de una serie de actuaciones, tanto generales como locales, destinadas a eliminar las causas que provocaron la úlcera por presión (UPP) y acudir a quirófano en las mejores condiciones posibles. Estas medidas implican una actuación multidisciplinaria en la que estarán implicados distintas especialidades médicas, así como, el personal de enfermería y quién se ocupe del cuidado domiciliario del paciente. Es importante optimizar todo este entramado previamente a la cirugía.

  • Optimización nutricional: La malnutrición es un factor asociado en muchas ocasiones a UPP. Se ha demostrado que para mantener un potencial normal de curación los niveles de albúmina en suero deben mantenerse por encima de 2gr/dl. Se deben corregir los déficit nutricionales mediante una alimentación hipercalórica e hiperproteica, en ausencia de otros factores de estrés, se administrarán de 25 a 35 cal/kg de colorías no proteicas, y de 1.5 a 3 gr/kg de proteínas. También es importante la aportación de determinadas vitaminas ( A, C ) y oligoelementos ( zinc, hierro y calcio ) que intervienen en el proceso de la curación. Si el paciente es incapaz de mantener, por si solo, una ingesta adecuada se deben tomar medidas suplementarias como la alimentación por sonda gástrica, ya sea continua o sólo por la noche.

    En otras ocasiones nos encontramos con pacientes obesos que dificultan la curación por una mayor presión y mayor fragilidad vascular, en estos casos se debe perseguir una disminución de peso.

  • Antibióticoterapia y profilaxis infecciosa: La presencia de procesos infecciosos concomitantes a la UPP es frecuente. Las fuentes más frecuentes son la urinaria, suelen ser paciente con sondas vesicales lo que favorece esta infección, y la pulmonar, en las pacientes con lesión medular son frecuentes las neumonías que se asocian a una disminución de la función diafragmática y el acúmulo de secreciones, estaría indicado instaurar programas de fisioterapia respiratoria y tratamiento con broncodilatadores. A partir de estas fuentes sépticas son frecuentes los episodios de bacteriemia y la sobreinfección de los tejidos isquémicos que rodean la UPP, con lo que se amplía la lesión. Antes de la cirugía debemos buscar y, en caso necesario, tratar estos procesos.
    Todas las UPP están, sistemáticamente, contaminadas por bacterias. La flora hallada es mixta encontrándonos gérmenes aerobios, sobre todo procedentes de la piel, hallamos estafilococos en el 71% de los cultivos positivos, pero también del tracto digestivo y urinario, Enterococos 60%, E. coli 29%, Pseudomonas 20%. La presencia de estafilococos es significativamente mayor en úlceras que evolucionan a la curación, mientras que las pseudomonas o enterococos abundan en las úlceras perniciosas. También se hallan gérmenes anaerobios en la mitad de las UPP cuando la muestra se toma para gérmenes anaerobios y del fondo de la úlcera.

    En caso de sepsis achacable a la UPP, será necesario tomar cultivos tanto de sangre y orina como del lecho ulceroso. El tratamiento consiste en el desbridamiento quirúrgico de la UPP previa reposición de fluídos y comienzo de antibióticoterapia empírica que se basa en los gérmenes más frecuentemente hallados. Actualmente se recomienda el uso de una cefalosporina de 2ª generación, tipo cefazolina. El tratamiento se reevaluará en función de la respuesta clínica y del antibiograma y debe mantenerse al menos 5 días. Localmente, debe procederse al lavado frecuente de la herida usando soluciones diluidas de povidona iodada que se sustituirá por suero fisiológico cuando la herida este limpia.
    Por otro lado, también se recomienda el uso de antibióticos como profilaxis quirúrgica cuando se vaya a realizar la cobertura de la pérdida de sustancia. La primera dosis se administrará 30 minutos antes de la intervención y el tratamiento se mantendrá durante 5 a 7 días. El antibiótico se eligirá en función del cultivo de la herida que se solicitará sistemáticamente 3 días antes de la intervención y, aunque el cultivo para anaerobios sea negativo, siempre se añadirá metronidazol durante las primeras 24 horas.

  • Profilaxis antitrombótica: Los pacientes con lesión medular tienen un alto riesgo de trombosis venosa profunda y tromboembolismo pulmonar, este riesgo se eleva cuando son sometidos a una intervención quirúrgica. Debemos asegurarnos de tomar las medidas necesarias para disminuir ese riesgo, como pueden ser el vendaje compresivo de las extremidades inferiores, el uso de heparina de bajo peso molecular, etc.

  • Descarga de la presión: Evitar las fuerzas de rozamiento y la presión sobre la UPP es fundamental para la curación y también para el óptimo resultado postquirúrgico. Se ha demostrado que el alivio de la presión durante 5 minutos cada 2 horas elimina los efectos negativos de la presión. En la actualidad existen además una serie de dispositivos de almohadillado, camas de agua o de aire etc. que disminuyen la presión que debe soportar un punto concreto aumentando la superficie de contacto. Es fundamental prever preoperatoriamente las posiciones de descompresión disponibles y los cambios posturales a efectuar, el paciente deberá acostumbrarse, preoperatoriamente, a estas posiciones, aumentando progresivamente el tiempo de permanencia en las mismas.

  • Tratamiento de la espasticidad: La espasticidad se debe a la pérdida de las vías de inhibición supraespinal sobre el arco reflejo miotático, cuanto más alto sea el nivel de la lesión mayor frecuencia tendrá la espasticidad. Si no se trata la espasticidad antes de la corrección quirúrgica de la UPP, la recurrencia es segura. El tratamiento de elección es médico, se suele usar la asociación de diazepam (10 mg/8 horas) con baclofeno, que comenzará con 10 mg/6 horas e iremos incrementándolo hasta los 25 mg/ 6 horas. También es posible el manejo quirúrgico mediante bloqueos nerviosos periféricos, estimuladores epidurales y rizotomías, que nunca se realizará en los primeros 18 meses después de la lesión medular, por la posibilidad de mejoría clínica.

  • Tratamiento de las contracturas: Las contracturas aparecen en pacientes con denervación de larga evolución y se debe a la rigidez muscular y de la cápsula articular. La aparición de contracturas en las caderas o las rodillas condicionan posturas anómalas que dificultan los cuidados de enfermería y favorecen la aparición de UPP en los trocánteres, las rodillas y los tobillos. Cuando la terapia física y los miorrelajantes no son suficientes se debe recurrir a tenotomías de la musculatura flexora, que se realizará antes del tratamiento de la UPP.

  • Tratamiento de la incontinencia: La incontinencia fecal es una de los factores estadísticamente relacionados con las UPP, antes de la intervención, se debe proceder a una adecuada preparación intestinal, mediante dieta sin residuos, enemas de limpieza y, si fuese necesario, extracción manual de cualquier resto fecal, además debe reducirse el peristaltismo intestinal normal mediante el uso de opiáceos. La incontinencia urinaria también debe controlarse con dispositivos de sondado urinario, en varones, es preferible la sonda tipo colector pero si no es posible se empleará una tipo Foley. En general se deben extremar las medidas de higiene de la zona.

  • Búsqueda de otros factores de riesgo: Se deben investigar otros factores de riesgo que hayan podido favorecer la aparición de la UPP o bien limitar el resultado de la cirugía. La diabetes se relaciona frecuentemente con la UPP, se debe mejorar el control de las glucemias previo a la intervención. Se buscará la presencia de anemia, debe mantenerse la hemoglobina por encima de 10 mg/dl mediante ferroterapia y en caso necesario transfusiones, etc.

  • Evaluación psicosocial: El factor fundamental en el resultado quirúrgico es la colaboración del paciente, no es casual que la mayoría de las UPP aparezcan durante estados depresivos del paciente. Debe buscarse activamente trastornos del ánimo y proporcionar ayuda adecuada. Por otro lado también es fundamental que el paciente, y su entorno, aprenda a conocer las causas de las UPP y la manera de prevenirlas, en ocasiones es necesario prever desde el principio un periodo postoperatorio en un centro de readaptación especializado.

  • Preparación local: Solamente las UPP limpias y desbridadas por completo pueden ser operadas. Es pues indispensable obtener, por medio de cuidados locales apropiados, un desbridamiento preoperatorio completo. Antes de programar la intervención nos tenemos que encontrar con una herida que ha empezado a curar espontáneamente, con tejido de granulación rojizo que comienza a rellenar los espacios profundos, sin restos de necrosis y nula o mínima contaminación local.

 Técnicas quirúrgica:

  • Indicación de cirugía: En primer lugar debe decidirse la conveniencia o no del tratamiento quirúrgico. Existen una serie de casos donde no existe duda de la necesidad de cirugía, sin embargo, en la mayoría de las situaciones la indicación será relativa.

    • Indicaciones absolutas:

      • Hemorragia arterial importante. Puede aparecer en UPP profundas que afecten a grandes vasos. Es poco frecuente ya que estos vasos suelen encontrarse trombozados.

      • Sepsis sin otro foco evidente. Se instaurará una terapia antibiótica sistémica empírica y se procederá al desbridamiento de la úlcera, dejando la cobertura para un segundo tiempo.

      • Osteomielitis con secuestros óseos. El tratamiento quirúrgico es el único capaz de obtener la curación en estos casos.

      • Comunicación de la UPP con la articulación de la cadera. Produce una artritis séptica que con frecuencia evoluciona a sepsis. En esta situación es necesario el desbridamiento de los tejidos necróticos, la extirpación de la cabeza del fémur y la instauración de un sistema de lavado continuo. Posteriormente la cavidad debe rellenarse utilizando colgajos musculares grandes como el de vasto lateral.

      • Fístulas uretrales o rectales. Son raras y aparecen sobretodo tras isquiectomías demasiado agresivas. En su tratamiento se debe contar con la colaboración de urólogos y cirujanos generales.

      • Malignización de las úlceras. La transformación maligna en las úlceras crónicas tiene una latencia media de 20 años. El tipo más frecuente es el carcinoma de células escamosas y su pronóstico es malo. Requiere la extirpación de la UPP dejando amplios márgenes libres de lesión.

    • Indicaciones relativas.

      • Cuando la UPP no afecta al hueso esta suele curar con el alivio de la presión y medidas conservadoras, sin embargo, el periodo de tiempo necesario es muy largo oscilando entre 6 y 12 meses. El tratamiento quirúrgico en estas circunstancias pretende reducir el tiempo necesario para alcanzar la curación.

      • Lesionados medulares y politraumatizados, suelen presentar buen estado general y una esperanza de vida grande por lo que la cirugía está especialmente indicada.

      • Úlceras consecuencia de deformidades esqueléticas, ya que seguirán recidivando hasta que se solucione la causa desencadenante.

      • UPP en los ancianos. Su indicación es muy problemática ya que los mismos factores que condicionan su aparición son responsables del mal resultado quirúrgico. La cirugía se indicará solo en pacientes seleccionados que permitan la descompresión de la zona quirúrgica.

      • Dolor crónico secundario a la UPP.

      • Úlceras recurrentes.

      • Fracaso del tratamiento conservador.

  • Principios básicos: El tratamiento quirúrgico de las UPP sigue tres pasos básicos. En primer lugar debe procederse a la extirpación, de forma económica pero total, de la bolsa fibrosa de la UPP, para conseguir esto, sigue siendo de utilidad la técnica del “pseudotumor de Guttmann” en la que la bolsa fibrosa se determina claramente empaquetándola con compresas o gasas impregnadas en colorante, azul de metileno. Los bordes de la herida se cortan a 2 cm del margen de la úlcera y ,tras despegarlos, se suturan uno contra el otro cerrando la cavidad. Entonces se realiza la extirpación “en bloque” de la lesión con un margen mínimo de tejido sano de 2 cm, como si se tratara de un tumor, en caso de ver el colorante durante la extirpación sabemos que estamos muy cerca de la úlcera y debemos aumentar el margen. La pieza de extirpación se debe enviar al laboratorio de anatomía patológica para descartar la degeneración maligna de la úlcera. También se puede mandar a cultivar para adoptar la antibióticoterapia postquirúrgica adecuada. En segundo lugar, en caso de osteítis o exposición ósea, se procederá a la excisión de las prominencias afectadas, cada vez más conservadora, especialmente en el caso del isquion por los cambios en los puntos de presión que pueden originar úlceras perineales y fístulas uretrales. Por último debemos buscar el modo de conseguir la mejor cobertura cutánea teniendo en cuenta, no solo, la cirugía actual, sino también, la posibilidad de nuevas intervenciones, dado el alto índice de recidivas de estos pacientes.

    Fig. 5. Técnica del pseudotumor de Guttmann. Colgajo cutáneo romboidal.


    Entre las posibilidades de cobertura cutánea podemos citar:

    • El cierre directo, sólo puede usarse en pequeñas úlceras superficiales. Los resultados son malos ya que crea tensión en los bordes y además las cicatrices se sitúan en las zonas de apoyo. Por ello las dehiscencias son frecuentes.

    • Los injertos cutáneos, pueden usarse en úlceras superficiales pero proporcionan una cobertura inestable, siendo un procedimiento con baja tasa de éxito, aproximadamente un 30%. Sus indicaciones se limitarían a pacientes ambulantes y como cobertura temporal en pacientes con mal estado general, que contraindique otras intervenciones, hasta conseguir la estabilización del paciente.

    • Los colgajos cutáneos, pueden usarse dependiendo de la localización, tamaño, profundidad y cirugías previas, sin embargo no consiguen rellenar los espacios muertos subcutáneos por lo que la tasa de recidivas es alta y sólo se usan ante la imposibilidad de emplear técnicas más efectivas y reparaciones secundarias.

    • Los colgajos fasciocutáneos, proporcionan una cobertura duradera, menor índice de recidivas, y producen mínimas secuelas funcionales, pero sólo logran rellenar parcialmente las úlceras de mayor tamaño.

    • Los colgajos musculares y musculocutáneos, proporcionan una cobertura excelente con un relleno adecuado de la cavidad y actividad demostrada en el tratamiento de heridas infectadas, pero dejan mayores secuelas funcionales, en pacientes ambulantes, y pueden ser atróficos en ancianos y lesionados medulares.

    • Los colgajos libres también se han utilizado cuando se carece de medios de reconstrucción local, sin embargo sus indicaciones actuales son muy limitadas.

En función de la localización de la UPP se describen diferentes posibilidades quirúrgicas:

  • Úlceras de la cintura pélvica (75%):

    • Tratamiento de las úlceras sacras: Son las más frecuentes, exponen rápidamente el hueso pero no suelen afectar al ano protegido en el pliegue interglúteo.

      • Colgajos cutáneos: Son varios los utilizados como los de rotación, que deben ser de gran tamaño e incluir todo el espesor cutáneo hasta el músculo, los colgajo romboidales, los colgajos bipediculados, etc.

      • Colgajos fasciocutáneos: El más característico es el colgajo fasciocutáneo lumbar que se traza sobre la piel lumbar superior a la UPP. Es un colgajo rectangular transversal que puede medir hasta 12 x 12 cm. Esta vascularizado por las arterias perforantes fasciocutáneas lumbares y puede levantarse en forma bilateral para cubrir UPP > 10 cm.

      • Colgajos musculares: Consisten en la transferencia de la parte carnosa del músculo glúteo mayor para cubrir la pérdida de sustancia asociándolo inmediatamente a un injerto cutáneo. El colgajo muscular de glúteo mayor comienza con una incisión curva que iría desde la espina ilíaca posterosuperior hasta el pliegue glúteo, unos 2 cm medial al trocánter mayor. Se despega entonces la piel por encima del nivel muscular en todo el espesor de la úlcera disecando un túnel subcutáneo hasta el nivel trocantéreo. Desinsertamos el músculo cerca de su inserción trocantérea, profundizamos hasta el plano del glúteo mediano, normalmente bien individualizado por un plano fascioadiposo, y proseguimos levantando el músculo hasta llegar a sus pedículos vasculares. El glúteo mayor es un músculo tipo III de Mathes y Nahai con 2 pedículos principales , superior e inferior, que pueden nutrir cada uno aisladamente a todo el músculo. Puede ser necesario ligar el pedículo superior para mejorar la rotación del colgajo hacia la pérdida de sustancia, uno vez fijado ha este nivel se procede a injertar. Para cubrir UPP de mayor tamaño(>15 cm) se puede realizar el colgajo bilateralmente, en este caso no es necesaria la desinserción del trocánter de la porción distal. El colgajo muscular de glúteo mayor también se puede utilizar levantándolo en “hoja de libro” de manera que la parte del músculo que injertaremos será la profunda. El inconveniente principal de este procedimiento es el plazo de 4 a 6 semanas que debe esperarse, antes de la puesta en carga, para conseguir la epidermización estable del injerto.

      • Colgajos musculocutáneos:

        a) Colgajo de avance V-Y: Consiste en avanzar la piel de la región glútea lateral a la úlcera usando el músculo glúteo mayor como soporte vascular. Se trazará un colgajo triangular cuya anchura será algo mayor que la de la UPP, posteriormente se secciona el glúteo mayor con el mismo patrón y se diseca hasta el nivel de sus pedículos. A continuación se despegan los bordes y se hace avanzar la isla cutánea hasta suturarla a los bordes de la UPP. En úlceras de mayor tamaño, que sobrepasen la línea media en 5 cm, puede usarse el colgajo bilateralmente. Este tipo de colgajo es, probablemente, el más utilizado en la práctica clínica, posiblemente, por ser el que tiene un postoperatorio más simple con una buena cicatrización superficial en 15-21 días. Sin embargo presenta importantes inconvenientes:

        • Persiste una importante cavidad debajo de los colgajos que no es rellenada por el músculo que solo actúa como “portavasos”.

        • Se forman cicatrices sobre un área de carga y que impiden cualquier colgajo cutáneo.

        • Se reduce considerablemente el número de opciones disponibles en recidivas ulteriores. El colgajo puede reavanzarse pero no se puede ampliar la isla cutánea.

        La variante de Heywood y Quaba aprovecha mejor el tejido de las puntas de las V intercalándolas entre sí y dejando una cicatriz no lineal más apta para soportar el peso. Últimamente se ha diseñado un colgajo que solo utiliza una porción tangencial del glúteo mayor como portador de vasos – a modo de colgajo nutrido por perforante - Su ventaja fundamental es mantener la mayor parte de la función del músculo, para subir escaleras o mantenerse con una sola pierna, en pacientes ambulatorios.

        Fig. 6. Ulcera sacra. Colgajo miocutáneo de avance “V-Y” de m. Gluteo mayor.

        b) Colgajos musculocutáneos de glúteo mayor en isla distal: Se utiliza en UPP pequeñas (5-6 cm) sobretodo situadas un poco bajas. El colgajo se basa en la cabeza inferior del glúteo mayor pediculado sobre la arteria glútea inferior. La isla de piel se diseña redondeada en la zona inferolateral glútea aprovechando el exceso natural. Tras levantar el vientre muscular hasta el pedículo, se pasa a través de un túnel subcutáneo hasta la UPP. La principal ventaja de este colgajo es la de no crear cicatrices que crucen horizontalmente la región glútea pudiendo reutilizar su incisión en un colgajo de rotación con pedículo superior. Sin embargo su utilización práctica es muy limitada.

        c) Colgajos musculocutáneos de rotación: Se diseña un colgajo de rotación grande que parte de los bordes de la UPP e incluye al músculo, se levanta sobre el plano fascioadiposo del glúteo mediano hasta el plano de los pedículos, se liga el superior y se rota el colgajo. El exceso de piel distal puede eliminarse o utilizarse para cubrir defecto contralateral, tras desepidermizarlo. Este colgajo permite una cobertura de buena calidad y puede ser rerotado en caso de recidiva. Su principal inconveniente es la frecuente formación de seromas que requiere de sucesivos drenajes. Puede usarse un colgajo de rotación bilateral para úlceras de gran tamaño, en este caso uno se basará en el pedículo superior y el otro en el inferior.

    • Tratamiento de las úlceras por presión isquiáticas: Aparecen fundamentalmente en pacientes sedentes. Suelen ser úlceras profundas con mínima pérdida cutánea y se consideran las UPP más problemáticas tanto por su gran tendencia a la recidiva, según las series del 50 al 75 %, como por la posibilidad de originar otras UPP sacras y trocantéreas durante el periodo de descarga isquiática.

      • Colgajos cutáneos y fasciocutáneos: Se utilizan dos colgajos de rotación, el glúteo que se traza partiendo de los bordes de la UPP siguiendo el pliegue glúteo para elevarse unos 3 cm medial al trocánter, y el colgajo de Conway. Es un colgajo deslizante que se describió en la cara posterior del muslo como colgajo randomizado con una relación longitud/anchura de 1,5 a 1. Puede ser cutáneo o fasciocutáneo, con lo que se mejora la seguridad pero disminuye su elasticidad. Para evitar tensión en el cierre la zona donante se cubrirá con un injerto. Está indicado en defectos isquiáticos y trocantéreos, sus desventajas principales son su poca resistencia a la infección y la falta de relleno de defectos profundos por ello, estos colgajos solo se usan en reconstrucciones secundarias o asociados a colgajos musculares que proporcionan el relleno.

      • Colgajos musculares:

        a) Colgajo muscular isquiotibial: Se trata de utilizar los músculos de la cara posterior del muslo, semitendinoso y bíceps crural, para cubrir la cavidad de la UPP isquiática. Son músculos tipo II de Mathes y Nahai, su vascularización deriva de tres perforantes de la arteria femoral profunda y puede mantenerse todo el músculo solo con el pedículo proximal. La incisión cutánea, en caso de no existir cicatriz previa, se realiza levantando un gran colgajo crural y, si sí existen, sobre la línea media posterior, en ambos casos descenderá hasta 5 cm por encima del pliegue popliteo. A este nivel se identifican los tendones de la inserción distal, en el lado interno el semitendinoso, más superficial y menos carnoso a este nivel que el semimembranoso, y a nivel externo el bíceps crural. Levantamos los músculos, por encima del plano del nervio ciático, hasta llegar al pedículo superior, entonces plegaremos los músculos para hacerlos llegar hasta la pérdida de sustancia, a través de tunelización subcutánea o incisión, La cobertura cutánea la puede proporcionar el colgajo crural de la incisión si se puede levantar o un injerto.

        b) Colgajo muscular de la porción inferior del glúteo mayor: Se utiliza la porción inferior del músculo, con una anchura aproximadamente un 50% superior a la de la pérdida de sustancia, y se diseca hasta el pedículo inferior. El cierre cutáneo se realiza con un colgajo cutáneo glúteo. Este es un colgajo simple y efectivo, sin embargo no debe emplearse como primera opción puesto que el glúteo mayor es el único músculo capaz de cubrir defectos sacros y coccigeos para los que debe reservarse.

      • Colgajos miocutáneos:

        a) Colgajo miocutánea isquiotibial en V-Y (Hamstring): En este caso la incisión se diseña formando una isla cutánea de la misma anchura que el defecto y 10 cm de largo, ampliándola posteriormente por la línea media posterior. Se levantará el colgajo como se ha mencionado anteriormente, y se avanzará verticalmente hacia el defecto, también puede girarse 90 grados con lo que se introduce la isla cutánea en la nalga. Existen modificaciones que parecen mejorar la seguridad de la transposición cutánea favoreciendo la utilización de este colgajo en reintervenciones, se basan en mantener un puente cutáneomuscular medial sin levantar, de manera que no se incide la “V” totalmente sino solo en la medida necesaria para permitirnos alcanzar sin tensión la pérdida de sustancia. Esta modificación puede levantarse también como colgajo cutáneo para cubrir defectos isquiáticos y trocantéreos.

        Fig. 7. Ulcera isquiática. Colgajo miocutáneo de avance “V-Y” de músculos isquiotibiales (Hamstring)

        b) Colgajo miocutáneo de glúteo mayor con isla cutánea lateral baja: Puede emplearse pero su utilización clínica es escasa ya que no aporta ninguna ventaja, frente al colgajo muscular inferior del glúteo mayor asociado a colgajo cutáneo, y es algo más complejo.

        c) Colgajo miocutáneo de gracilis: El músculo gracilis se origina en el pubis y se inserta en la tibia a nivel de la pata de ganso conformando el contorno interno del muslo. Es un músculo tipo II de Mathes y Nahai con un pedículo pricipal procedente de la arteria femoral profunda, que se introduce en el músculo a unos 8 ó 10 cm de la espina del pubis, y otros pedículos accesorios que deben sacrificarse. La inervación motora y sensitiva procede de la rama anterior del nervio obturador (L1-L4). La porción cutánea debe trazarse sobre el músculo con una anchura de 5 a 6 cm y en la mitad proximal del músculo, también puede levantarse en península con istmo proximal. Sus principales indicaciones son las úlceras isquiáticas recurrentes, ya que su territorio anatómico no se ve afectado por los otros colgajos y en la reconstrucción de UPP perineales. Entre las ventajas de este colgajo destaca la capacidad de proporcionar sensibilidad, si la lesión medular es caudal a L3-L4, y la nula limitación funcional que deja, como principales desventajas son la posibilidad de atrofia muscular en parapléjicos y la mala vascularización cutánea distal, si fuera necesario toda su longitud para alcanzar el defecto se prefiere usarlo como colgajo muscular asociado a colgajos cutáneos o injertos.

        Fig. 8. Ulcera isquiática. Colgajo miocutáneo de m. Gracilis.

        d) Colgajo de músculo tensor de la fascia lata: Puede usarse en las úlceras isquiáticas, pero a estas UPP solo llega la parte distal de este músculo que es demasiado delgada como para aportar suficiente relleno. Por ello, solo estará indicado en estas úlceras para aportar sensibilidad en pacientes con lesión por debajo de L3-L4, lo que disminuyen las recidivas y mejora el control intestinal, y para cubrir UPP isquiática muy próxima a una trocantérea, de manera que puedan ser cubiertas por el mismo colgajo.

    • Tratamiento de las úlceras por presión trocantéreas: Existen dos tipos fundamentales las laterales y las posteriores, que se complican frecuentemente con artritis séptica de cadera.

      • Colgajos cutáneos:

        a) Colgajo inguinal: Es un colgajo cutáneo axial vascularizado por ramas da la arteria circunfleja ilíaca superficial que perfora la fascia cerca del músculo sartorio 2 cm por debajo del ligamento inguinal. La piel vascularizada de esta manera se sitúa por debajo del ligamento inguinal y abarca un área de 12x18 cm. El colgajo puede trasladarse a la pérdida de sustancia a través de una incisión cutánea o bien se puede desepidermizar su parte proximal llevándolo al defecto por medio de un túnel subcutáneo que no debe ejercer ninguna presión. Esta técnica “en isla”, más elegante, tiene la desventaja de aumentar el riesgo de estasis venoso. Las ventajas principales de este colgajo son, la utilización de tejidos de una zona de exceso natural y que no está implicado en el territorio anatómico del resto de los colgajos usados para estas UPP. Está contraindicado en úlceras muy profundas y en pacientes muy obesos.

      • Colgajos musculares y musculocutáneos:

        a) Colgajo del músculo tensor de fascia lata: Constituye el colgajo de elección para el cierre de UPP trocantéreas. El tensor de fascia lata se inserta en la espina ilíaca anterosuperior y en la tibia, presenta una porción superior carnosa y otra inferior aponeurótica o tracto iliotibial. Es un musco tipo I de Mathes y Nahai su pedículo lo constituye la arteria circunfleja lateral, rama de la femoral profunda que surge a 10 cm de la espina ilíaca anterosuperior. El borde anterior del colgajo se levanta fácilmente de distal a proximal hasta llegar a la zona del pedículo, entonces se rota hacia la UPP. También es posible diseñar el colgajo como una isla cutánea haciéndolo pasar por un túnel cutáneo pero esto aumenta el compromiso vascular. La zona donante se cierra por despegamiento de los bordes y cierre directo o mediante injerto. Existe la posibilidad de levantar el tensor de fascia lata incluyendo tan sólo la porción de fascia que engloba el pedículo – colgajo de perforante - .

        Fig. 9. Ulcera trocantérea. Colgajo m. Tensor de fascia lata.

        b) Colgajo muscular o miocutáneo de vasto lateral: El vasto lateral es un músculo muy voluminoso, incluso en parapléjicos, situado en la zona anterolateral del muslo, desde el trocánter menor al tubérculo tibial anterior, por medio del tendón rotuliano. Es un músculo tipo II de Mathes y Nahai cuyo pedículo principal llega al músculo en su tercio proximal procedente de la arteria circunfleja lateral. La incisión cutánea se realiza, igual que para el tensor de fascia lata, en la línea que une la espina ilíaca anterosuperior y la cara lateral de la tibia. Tras incidir la aponeurosis separamos ventralmente el tensor de la fascia lata lo que pone en evidencia al músculo vasto lateral y el recto anterior, que se individualizan fácilmente en el tercio medio, posteriormente se secciona la inserción distal del vasto lateral y se eleva el músculo hasta su pedículo principal, entonces se incide o tuneliza la piel entre la incisión y la pérdida de sustancia y se transfiere el colgajo que tras fijarse será injertado. El colgajo también puede levantarse como colgajo miocutáneo diseñando la isla cutánea sobre el músculo, en su tercio inferior pudiendo llegar como máximo hasta 5 cm por encima de la rodilla. Es un colgajo voluminoso y está especialmente indicado para cubrir el defecto resultante de la desarticulación del fémur.

        c) Colgajo muscular o miocutáneo de recto anterior del muslo: Es otro de los posibles colgajos para cubrir estas úlceras. Es un músculo tipo I de Mathes y Nahai con pedículo a nivel proximal. La disección del colgajo es sencilla, se levanta de distal a proximal y se puede levantar incluyendo una isla cutánea sobre el tercio distal del músculo, como mínimo 2 cm por encima de la rótula. Como inconveniente destacar la pérdida de fuerza para la extensión de la rodilla, en pacientes ambulantes.

    • Otras úlceras por presión de la región pélvica:

      • Úlceras por presión perineales:

        a) Posteriores: Suelen ser de pequeño tamaño y pocas complicaciones, en su reparación se utilizan sobretodo colgajos cutáneos pero en casos mayores también se utilizan colgajos miocutáneos fundamentalmente el escrotal, que proporciona una cobertura de calidad a úlceras de pequeño tamaño, y el de músculo gracilis.

        b) Anteriores: Son úlceras graves que se suelen complicar con osteítis púbicas y fístulas uretrales. Se suelen producir en pacientes con osteosíntesis lumbares con anteversión de la pelvis. Para cubrir estos defectos se utilizan los colgajos del gracilis, del tensor de fascia lata y el colgajo inguinal. Si no hubiera posibilidad de utilizar estos colgajos
        se emplearía el de recto anterior del abdomen con pedículo distal.

      • Úlceras por presión masivas: En algunos pacientes con múltiples úlceras que han sido sometidos a numerosas intervenciones previas, de modo que se han quedado sin posibilidades locales de cobertura adecuada, puede ser necesario considerar la realización del colgajo total de muslo tras amputación, con lo que se puede obtener una cobertura de partes blandas adecuadas. Previamente deberíamos tratar la osteomielitis pélvica y las fístulas uretrales si estuvieran presentes.

  • Otras úlceras por presión (no pélvicas):

    • Úlceras por presión del talón (9%): Es el tipo más frecuente de UPP fuera de la región pélvica Suelen aparecer en pacientes de edad avanzada, con pobreza vascular, por lo que solo pasan a considerarse quirúrgicas cuando existe osteítis confirmada del calcáneo o ante el fracaso del tratamiento médico adecuado, el tratamiento debe ser muy conservador, no existe indicación de desbridamiento hasta que no se constituya el surco de eliminación, la escisión precoz puede llevar a necrosis de los bordes e incluso exposición del calcáneo.

      • Colgajos cutáneos: Suelen ser colgajos de rotación de pedículo medial y son útiles en pequeñas úlceras del talón sin necesidad de alterar la sensibilidad de los dedos. Un colgajo clásico es el basado en la arteria calcánea lateral que proporciona una cobertura de calidad bien vascularizada y sensitiva para los defectos posteriores del talón, su principal inconveniente es la deformidad del contorno del pie dejado por la zona donante que debe ser injertada, este inconveniente se supera con la variante con cierre en V-Y que permite el cierre directo de la zona donante.

      • Colgajos fasciocutáneos:

        a) El colgajo plantar medial: Proporciona una excelente cobertura de la parte inferior del talón pasando tejido de una zona de no carga a una de carga. Su principal desventaja es la complejidad de su elaboración.

        b) Colgajo nuerocutáneo sural de base distal: Esta basado en los vasos que acompañan al nervio sural, éste perfora la fascia profunda a mitad de la pantorrilla. Este eje vascular tiene numerosas anastomosis con ramas de la arteria peronea, la más distal a 3 traveses de dedo proximalmente al maleolo, lugar que se considera “punto pivote” del colgajo. La isla cutánea no puede situarse más proximal que la unión de las dos cabezas del gastrocnemius. Tras levantar el colgajo, incluyendo la fascia, se rota distalmente para cubrir defectos en el talón. Esta es la técnica de elección actualmente para cubrir defectos de gran tamaño en el talón.

        c) Colgajos de piernas cruzadas: Actualmente sus indicaciones son excepcionales en las UPP, fundamentalmente se usan en pacientes cooperantes en los que han fracasado otros métodos locales de reconstrucción y cuando el defecto no se pueda rellenar con medios locales y no se halla decidido la amputación. Estos colgajos son clásicamente fasciocutáneos, aunque el de elección actualmente es el fasciomiocutáneo de la cara medial de la pierna que es más fiable al incluir las perforantes miocutaneas de la parte proximal del gastrocnemius medial.

      • Colgajos miocutáneos plantares: Están indicados en UPP pequeñas. Incluyen la piel plantar sobre los músculos abductor hallux y flexor corto. Su principal inconveniente es la limitación de relleno que posibilitan.

    • Úlceras por presión occipitales: Afectan principalmente a pacientes jóvenes postrados en cama por lesión neurológica aguda con limitación de la conciencia.

      • Cicatrización asistida: Se utiliza en pequeñas úlceras por presión que no llegan a afectar al periostio, se consigue la curación a menudo dejando como secuela una alopecia cicatricial que se puede corregir secundariamente.

      • Injertos cutáneos: En caso de pérdida del periostio es posible la utilización de injertos cutáneos sobre el tejido de granulación obtenido tras la perforación de la tabla externa del diploe.

      • Colgajos cutáneos:

        a) colgajos de rotación: Es el método de elección en UPP occipitales menores de 10 cm. Es una técnica sencilla que consiste en levantar un colgajo de rotación grande, por encima del plano perióstico. Si la úlcera es grande se pueden trazar dos colgajos de rotación opuestos en “S” para lograr el cierre.

        b) Colgajos de Orticochea: Es el método de elección para UPP occipitales y frontales de más de 10 cm. Consiste en la elevación de dos colgajos rectangulares transversales por encima de la UPP que se desplazan para cubrir la pérdida de sustancia. Otro colgajo de forma trapezoidea se avanzará sobre el lado que mantenga mayor déficit y por último uno o dos colgajos triangulares permitirán cerrar el resto del defecto.

    • Úlceras por presión en el raquis: Son, en su mayoría, UPP en pacientes sometidos a radioterapia por metástasis óseas, muchos de ellos con osteosíntesis vertebral, y suelen afectar a dos o tres niveles, por ello requieren una cobertura amplia y de calidad.

      • Colgajos cutáneos y fasciocutáneos: Similares a los utilizados en el resto de regiones corporales. Si se incorpora la fascia toracolumbar mejora la fiabilidad pero se hace prácticamente inextensible requiriendo en ocasiones injertar la zona donante.

      • Colgajos musculares:

        a) Colgajo del músculo trapecio inferior con pedículo superior: Es el de elección en UPP sobre las vértebras cervicales. Es un músculo tipo II de Mathes y Nahai, su pedículo principal es la arteria trapecia que se introduce en el músculo a 8 cm de la línea media distal y lateral al ángulo superior de la escápula. La porción cutánea se diseña, en península o en isla, verticalmente sobre el pedículo, a la pérdida de sustancia.

        b) Colgajo muscular de dorsal ancho con pedículo medial: Es el de elección para las UPP torácicas y lumbares. El dorsal ancho es un músculo tipo V de Mathes y Nahai lo que permite su persistencia, nutrido por perforantes torácicas y lumbares, después de cortar su pedículo principal. Tras seccionar el tendón axilar del dorsal ancho y su pedículo principal levantamos el músculo en “hoja de libro” en dirección medial hasta poder cubrir la pérdida de sustancia, una vez fijado el músculo en sus bordes se injerta.

        Fig. 10. Ulcera espinal con expisición de material de osteosíntesis. Colgajo dorsal ancho basado en pedículo secundario.

 Cuidados postoperatorios

Las medidas a tomar después de la intervención son, en gran parte, la continuación de las tomadas para preparar al paciente para la cirugía, deben mantenerse los cuidados nutricionales, psicológicos, la antibióticoterapia y las medidas médicas generales.

  • Posicionamiento del paciente: Como comentamos en las medidas preoperatorias, debe evitarse la presión sobre el lecho quirúrgico. Para ello es importante la preparación prequirúrgica de las posiciones de descarga a utilizar y la frecuencia de los cambios posturales, normalmente cada 2 horas. El decúbito prono es la mejor posición ya que evita las fuerzas de fricción y presión sobre el lecho quirúrgico y, además, permite un acceso adecuado a la misma. Sin embargo, puede no ser tolerable en pacientes cuadripléjicos y ancianos por el aumento de la dificultad ventilatoria. Otras posiciones de descarga que deben utilizarse son los decúbitos laterales oblicuos a 30 grados.

  • Monitorización postoperatoria: Es más estricta que la del postoperatorio habitual. En primer lugar debe controlarse la función ventilatoria que puede verse comprometida por el decúbito prono, la parálisis muscular propia del paciente y el uso, frecuente, de relajante musculares para prevenir los espasmos. Por otro lado los pacientes con trauma medular presentan una especial sensibilidad a la variación de la volemia, y a los cambios ortostáticos por lo que se les movilizará con extrema precaución, debiendo controlarse las pérdidas perioperatorias de sangre y otros fluidos y reponerlas, cuidadosamente, si fuera preciso.

    Por otro lado, se debe valorar, frecuentemente, la vitalidad del colgajo durante las primeras 24 horas. La complicación que más frecuentemente puede presentar el colgajo es el estasis venoso, podemos solventar el problema y salvar el colgajo si liberamos de presión el pedículo. Una de las causas más frecuente de compresión del pedículo es el desarrollo de un hematoma en el lecho quirúrgico, complicación postquirúrgica más frecuente. Para intentar evitar su aparición es necesario realizar una hemostasia minuciosa, se debe evitar que queden espacios muertos y es preciso colocar abundantes drenajes. Debe buscarse activamente la formación de hematomas y drenarlos cuando se presenten.

  • Apósitos: Se usaran apósitos absorbentes no oclusivos para mantener la herida limpia y seca, evitando la maceración. El apósito debe permitir la fácil inspección del colgajo.

  • Drenajes y suturas: Las intervenciones necesarias para cubrir las UPP, normalmente, originan grandes superficies cruentas que exudan en abundancia, por ello es necesario el uso de numerosos drenajes, tanto en el lecho de la UPP como de la zona donante del colgajo. En general se prefieren los drenajes no aspirativos tipo “teja” que se aboca a una bolsa de colostomía. Deben dejarse largo tiempo, al menos 10 días.

    En cuanto a los puntos de sutura, deben mantenerse por largo periodo de tiempo, al menos 18 días y los dejaremos aún mas en caso de hipoproteinemia.

  • Transferencia: El paciente deberá permanecer encamado postoperatoriamente durante un largo periodo, aproximadamente 21 días. Durante las primeras 2 ó 3 semanas no se permitirá ninguna presión sobre el lecho quirúrgico. Si la evolución ha sido satisfactoria, a partir de ese momento se comenzará a poner en carga la zona intervenida. Se deberá incrementar progresivamente los periodos de carga comenzando por cortos intervalos de 15 minutos que iremos incrementando para alcanzar las 2 horas a las 6 semanas de la cirugía. Como parte de este proceso de movilización postquirúrgica se enseñará al paciente como aliviar, por si mismo, la presión mediante movimientos cada 10 ó 15 minutos que posibilitan la plena perfusión de las zonas de máxima presión. – pulsiones -

     

  BIBLIOGRAFIA

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